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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La palabra y la ética

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Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Lunes, Mayo 16, 2016

No es requisito ser magnífico orador para tener éxito en política. Pero, a la inversa, qué mal les va a quienes carecen de  esta habilidad. El debate reciente de los candidatos al gobierno deja múltiples lecciones al respecto. Ana Teresa Aranda, como se esperaba, dio sobradas muestras de su manejo de la dialéctica. En el polo opuesto, don Abraham Quiroz, de Morena, despertó hasta compasión.

Tony Gali  estuvo acorralado y a la defensiva, se mostró plano y reactivo, básicamente. Blanca Alcalá por fin mostró parcialmente un  perfil bélico. Pero no rebasó la línea de la osadía. Desaprovecha su gran  agilidad mental porque hace a un lado los contenidos. Y se va de frente como con prisa, siendo que la retórica reclama fundamentalmente actuación. Una buena dosis histriónica no le haría nada mal.

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No sobre actuación. Eso es un bumerán.

Muchos priistas quisieron ver que Blanca se desempeñara con la altura que alcanzó Ana Tere. No se dio el caso.

Roxana Luna es presa de nerviosismo fruto de su escasa experiencia. La lectura mata el lucimiento de un orador en la tribuna cuando de debatir se trata.

Con este panorama, Ana Tere hizo lo que marcan los cánones. Se llevó la escena de principio a fin. Es una mujer curtida en estas lides y además, con mucho qué ganar y nada  qué perder. Es innegable que la experiencia da tablas. Ha pasado por esos escenarios y tiene los nervios bien templados. Mostró soltura y hasta galanura.

 Pero no sólo eso se exige a un orador en semejante atmósfera. Esto es, un parlanchín sin conocimiento, sustento y autoridad moral, en un teatro así termina a jitomatazos. No es el caso de la señora. Se respeta y se ha dado a respetar. Una prueba es que con la ley en la mano y a bayoneta calada se ganó su sitio como candidata independiente.

Pero además, se mantiene incólume en el pantano de dimes y diretes, propaganda negra y guerra sucia. Un colega aventuró el juicio de que, con dos debates más,  bien difundidos, otro gallo le cantaría a Ana Tere. Sería una sorpresa para todos.

La autoridad moral es algo  que no se consigue con arreglos por debajo de la mesa.

Y esto, es la armadura que sostiene a cualquier figura pública.

Las sombras del pasado, antiguo o reciente, invariablemente aparecen. Y la gente las ve, las advierte, las huele. Y el personaje se derrumba. Solito.

Buen verbo sin soporte ético, es basura.

Respecto del señor Quiroz, lo dicho. Es un catedrático muy respetable, con un capital académico ejemplar e incuestionable, pero la política es otra cosa muy  distinta. La comunicación y la experiencia no se improvisan. El aula o el laboratorio no facultan para arrostrar un mitin, una conferencia de prensa y mucho menos un debate. Pastelero a tus pasteles.

La izquierda en el país, dicho sea de paso, siempre ha adolecido de este problema. Con frecuencia se empeña en postular personajes de aspecto popular pero negados para la realidad que impone el México de hoy.

Y luego de esta revisión somera uno cae en cuenta de lo desolado, pobre y contradictorio que es el panorama de la lucha política, los liderazgos y las confrontaciones abiertas  de quienes aspiran a representar a la gente. Los cargos de elección popular reclaman, por naturaleza, dominio pleno de la comunicación social.

Y esto exige estudio, preparación, ejercicio. Experiencia.

No es este un campo para improvisados. No vayamos muy lejos, ahí está el caso de Peña Nieto. El presidente no se sabe comunicar, le tiene terror a los escenarios abiertos sin lectura. En todo su mandato son contadísimas las conferencias de prensa dentro y fuera del país y los discursos sin lectura. Está negado para la escena. El resultado está a la vista: la gente ni le cree ni lo apoya.

Obama es un ejemplo de lo  contrario. Es un comunicador habilísimo y además natural. José Mujica, del Uruguay, fue un presidente sui generis en materia de comunicación, un auténtico maestro en el difícil oficio de encantador de serpientes. Alan García es otro buen modelo.  Fox es el prototipo del parlanchín, “El Alto Vacío”, con toda justicia le apodan.

Echar un vistazo a España, Argentina, Colombia, Perú y Ecuador, por decir algo, nos muestra a la mayor parte de sus políticos conscientes del valor de la comunicación y la presencia pública en general. Se forjan en esta destreza y la conquista de liderazgos va a la par de sus habilidades comunicacionales.

Aquí suele darse con frecuencia un fenómeno lamentable: surgen líderes con auténtico arrastre social, pero negados para la retórica. No logran hilvanar en público ideas coherentes que conecten en línea directa con lo que la gente piensa o espera. Y  en sentido adverso, se han visto personajes duchos en la oratoria, pero sin el menor vínculo social.

Mal, muy mal estamos en este plano. Y lo grave es que quienes buscan posiciones de representación popular suelen ser repelentes al estudio, la preparación y la disciplina en este campo. Por eso tenemos lo que tenemos…

xgt49@yahoo.com.mx

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