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OPINIÓN

Campañas: debate, discursos y los hechos

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Antonio Tenorio Adame

Licenciado en Economía por la UNAM, y docente en la BUAP. Fundador de la Academia de Historia y Crónica Parlamentaria y cofundador de la Asociación de Periodistas Democráticos junto con Renato Leduc. Ha sido diputado federal en diversas legislaturas, desde donde ha impulsado la apertura democrática. 

Viernes, Mayo 13, 2016

Faltan apenas dos semanas para terminar las campañas para Gobernador del Estado de Puebla.

El evento de mayor relieve ha sido el debate cuyo desenlace fue la aplastada derrota del candidato oficial, Toni Galy, y la involuntaria concurrencia de género al mostrarse las candidatas; Ana Teresa Aranda; Blanca Alcalá y Roxana Luna, todas con mayor capacidad crítica y apego a revelar la verdad ante los problemas.

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El desenlace está decidido al parecer como una alternativa, dual, bipartidista, PRI-PAN: entre lo peor y lo similar; teniendo como ejes principales: la corrupción y el despotismo. Persiste la sombra siniestra de Maximino Ávila Camacho.

El despotismo del Gobierno de Moreno Valle prolongado en Toni Galy, es de atropello a los derechos humanos, líderes sociales, encarcelados, así como el despojo a los municipios de su autonomía financiera, igual a la desintegración de juntas auxiliares. Uno de los actos de mayor despotismo fue la contratación de la deuda pública por aproximadamente 60 mil millones de pesos, redimida a 50 años con aval en las participaciones federales. ¿Tiene el gobernador facultades para enajenar el futuro de las generaciones poblanas?

Así uno de los factores de mayor despojo reside en la desigualdad e inequidad de los gastos de campañas, no son monitoreados ni controlados para prueba de anulación de resultados, en consecuencia se reproduce el esquema de dominio sin que exista posibilidad de alternancia entre continuidad y oposición.

Los poblanos no alcanzamos aún a forjar un sistema electoral representativo, democrático, certero electoralmente y participativo socialmente.

Pero se registran avances, los comicios carecen de violencia, no existen visos de conflicto postelectoral sin que se haya agotado el perverso método de compra del voto, donde se pierde la legitimidad y la legalidad.

Las campañas de la oposición se han realizado sin tropiezos. Algunos signos son alentadores pero falta aún cambiar métodos, abrir espacios de concurrencia y sobre todo incidir en el electorado con propuestas de interés que los ubique en la distinción de sus problemas y la capacidad disponible para resolverlos.

Se trata de que las campañas electorales sirvan para enseñar a conocer necesidades, plantearlas, exigir, indignarse y protestar.

Desde el Observatorio del Parque Juárez de Tehuacán, fui testigo presencial de los dos actos de campaña de los candidatos de la coalición “más de lo mismo”: Toni Galy y Blanca Alcalá, ambos actos carecieron de autenticidad y originalidad, son rituales de acarreados, contingentes clientelares, pésimas tocadas de mal gusto “grupero”, lo que le gustan al “pueblo”, matracas y porras. Discursos sin emoción, ofertas de obra sin compromiso.

También acudieron a la misma plaza, los candidatos de la izquierda, Roxana Luna del PRD, Abraham Quiroz de Morena, cuyos mítines repiten algunos de los vicios de la clase dominante PRI-PAN. Entre ellos sus decisiones son producto del centralismo angelopolitano. Ambas concentraciones menores por la desigual capacidad de gasto, también carecen de representatividad local, más aún la del PRD, las decisiones se toman en Puebla o en México.

Las manifestaciones de la oposición son alentadores en otros aspectos, Tere solo realizó un acto en local cerrado, dispone a favor el aliento de renovación que inspira las candidaturas ciudadanas, con limitaciones, pero es factor de innovación.

Los discursos de la oposición son críticos por naturaleza, llevan distintos enfoques; Roxana parte de la desigualdad como eje retórico; Abraham se ubica en la pobreza, se dice que es igual, relativamente porque la primera es causa, la segunda es consecuencia.

Como tribunos hay diferencias, Luna dispone de una capacidad de oratoria derivada del ejercicio parlamentario, Quiroz dispone de claridad sin emoción. Con la primera se alza la voz de defensa de derechos humanos, de los municipios y las juntas auxiliares. En el segundo, se destacan ofertas de beneficios sectoriales a jubilados, estudiantes, vulnerables, con riesgo de ser considerado una compra de voto anticipado.

Ninguno de los oponentes se atreve a plantear acciones concurrentes, como la defensa del voto.

Menos aún son capaces de expresar las necesidades y problemas del reducido grupo que los escucha. Los candidatos deberían escuchar las demandas de los asistentes, conocer las áreas de mayor inseguridad, los problemas de movilidad, tarifas de transporte, abusos en los servicios públicos, el abandono del cuidado de las calles, la falta de agua, entre muchos más. Ahí reside que las campañas de la izquierda cumplan lo que demandan: ser participativas.

Por eso dicen que derecha e izquierda son lo mismo. Yo no creo, ¿y tu lector?

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