En el punto medio de las campañas políticas rumbo a la gubernatura de Puebla, es lamentable lo que estamos observando en esta contienda electoral.
Aludes de lodo invadieron las casas de campaña de los candidatos puntales Antonio Gali del PAN y Blanca Alcalá del PRI.
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En una elección que de por sí era de pronóstico complicado, hoy se torna más turbia y con la ausencia de propuestas focalizadas a los intereses reales de la ciudadanía.
Las calumnias, escándalos y aseveraciones sin argumentos, siguen siendo los pilares de estas campañas, donde la difamación ha sentado sus reales, en discursos poco creíbles y enfocados al reducido círculo rojo poblano, muy distante de los ciudadanos de a pie que no terminan por conectar con los candidatos a la gubernatura.
En medio de estos aludes de lodo, hay quienes están rescatando lo que queda de esa atención e interés de ciertos segmentos sociales.
Las estrategias de los candidatos puntales siguen mostrando acciones erráticas, aunque del lado priísta los desaciertos van al alza, cuando exponen a su candidata a hacer pronunciamientos sin pruebas y con la condición de no ser cuestionada por los medios de comunicación.
Del otro lado, -en el PAN- mientras el área de vocería hace su trabajo y sale a emitir un posicionamiento, blinda la figura de su candidato para que siga haciendo lo que le corresponde, que es campaña.
Entre muchos claroscuros, donde se escuchan y se lanzan ataques de todo tipo, la ruta a la gubernatura de Puebla muestra muchos baches, que reflejan el poco interés de los ciudadanos.
Estamos entonces, ante una elección donde tal vez, la participación real de los ciudadanos sea mínima y opacada por esas grandes masas de “estructuras y tejidos” partidistas que en la realidad son quienes se enfrentarán en las urnas el próximo 5 de junio.
Del resto de los contendientes hay poco que decir. Ana Tere usa un discurso desgastado, y es que quizá conocemos tanto a “La Doña” que escucharla ya no despierta esa credibilidad de antaño.
Roxana del PRD parece que actúa su propia campaña, donde todo se reduce a un performance que no tiene nada qué ver con lo que los ciudadanos esperan de una izquierda poblana.
Y Abraham de Morena pues francamente no despierta el interés ni de sus correligionarios, pues tal parece que hace campaña con mucha flojera que hasta la gente le huye porque los aburre.
Estamos a la mitad del camino, y un buen deseo es que en el próximo debate de candidatos, no escuchemos chismes, calumnias y descalificadores. Esperemos muestren finalmente plataformas no sólo de propuestas, sino también de ejes de acción.
Sería lamentable vislumbrar esos escenarios bizarros donde cerremos una elección en Puebla con un proceso judicial o bien con un candidato o candidata en la cárcel.
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