La campaña electoral en su primera mitad, perfila al candidato aliancista, Antonio Gali Fayad como el ganador del proceso electoral. Salvo un evento extraordinario, será el próximo gobernador del estado de Puebla. No es una desmesura, menos especulación. Hay argumentos analíticos. Veamos los más relevantes:
LOS TIEMPOS POLÍTICOS: mientras la elite gubernamental diseño una estrategia electoral de largo aliento, al siguiente día de ganar las elecciones estatales en el 2010, la oposición arrancó su campaña a finales del 2015. Tony Gali como candidato fue construido desde hace seis años. La oposición tiene escasos meses, nació a finales del 2015. No antes. La protección y arropamiento del hoy candidato ocurrió desde inició de la gestión gubernamental. Su tiempo abarcó ya cinco periodos electorales. La elección local del 2010, las votaciones federales del 2012, la suya como candidato a presidente municipal en el 2013, el traspiés del 2015 y el actual proceso para la gubernatura. Cinco elecciones, cinco batallas para un solo ejercito electoral. Todo el sexenio fue electoral. En el largo tiempo que significan cinco contiendas electorales, la elite gubernamental poblana fue capaz de readecuarse al regreso del PRI y a la condición opositora del PAN. El reacomodo con el poder federal y al interior del panismo nacional explica la atipicidad de los resultados electorales en los cinco años previos y la fortaleza de la candidatura a la mini gubernatura. No ocurrió lo mismo con la oposición, fue políticamente inexistente todo este tiempo. Es nonata, por ello débil. Salvo el PRI, los demás tienen tiempos de crecimiento, mientras la elite gobernante tiene tiempos de maduración, con mayor capacidad y recursos para extender sus alianzas económicas y políticas por 20 meses más.
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LOS CANDIDATOS: si el aliancista surgió como personaje público candidateable a la mini gubernatura desde hace cinco años, los contendientes opositores apenas ayer. La última reforma electoral, tendiente a reducir el tiempo de campaña, maximizó la condición del ex presidente municipal para proyectarse y redujo sustancialmente las posibilidades de incremento del nivel de conocimiento de la oposición. El conocimiento que la sociedad tiene del aliancista es mucho mayor que el conocimiento de los demás. La reducción del tiempo de campaña es benéfica para quienes son ya conocidos. Además, su misma condición de ex presidente de la capital poblana, condiciona su posicionamiento como interlocutor válido para fortalecer relaciones de intercambio político en todas las esferas de la sociedad y no solo con sus grupos de presión partidaria interna. Gali representa la continuidad y expansión del intercambio para todas aquellas organizaciones políticas, sociales, económicas. Representa la extensión, la certidumbre en la coligación de intereses. La oposición es incertidumbre.
LAS ESTRUCTURAS ELECTORALES: el grupo morenovallista, aprendió de la derrota en la capital el año pasado, reorganizó su estructura electoral y afinó empatías. El partido con mayores posibilidades para alternar el gobierno del estado, el Revolucionario Institucional, se disoció de su candidata. La campaña está mostrando que la disputa es entre la estructura electoral de la coalición gubernamental, que comprende, grupos afines de todos los partidos políticos, sindicatos, organizaciones económicas, políticas y sociales, personajes, asociaciones disímbolas, grupos de presión locales, todos articulado al sistema de incentivos gubernamentales, contra la estructura electoral de la candidata Blanca Alcalá Ruiz. Para nadie es un secreto que en la campaña se encuentran ausentes todas las demás fracciones y facciones del PRI. Los grupos de poder del priismo, aquellos que movilizan, que llenan auditorios y mítines, que son activos el día de la elección, tienen presencia escuálida, desganada, testimonial, automarginal. Es una participación de batalla perdida. Es poco probable que en adelante participen en serio, no hay tiempo. Menos lo harán el día de la elección, sea porque su interés es el 2018, sea porque no encuentran incentivos atractivos. El PRI del año pasado se encuentra ausente. Parece la campaña de una candidata ciudadana.
No es depreciable el 27% de voto duro del PRI y que capitaliza Blanca Alcalá, solo que no es suficiente para ganar. Los demás opositores, Roxana Luna, Abraham Quiroz y la candidata ciudadana, Ana Teresa Aranda, compiten en el decoro, para dejar constancia de inconformidades y críticas, reorganizar sus filas, incrementar simpatizantes, ganar experiencia electoral y ampliar horizontes, con amplias posibilidades, son ya figuras emergentes en la representación política del 2018. En tanto hoy dada la avalancha mediática, sus campañas son testimoniales.
LAS CAMPAÑAS: más allá de las ocurrencias, excesos y fobias, la campaña aliancista muestra orden en sus diversos frentes. La estructura organizacional eficaz en la gira del candidato, su participación en redes, aceptable. Intenso marketing político. Más intenso el trabajo de las redes humanas de contacto directo. Miles en todo el estado visitando casa por casa para ubicar votantes posibles. Justo en esta última acción se encuentra la ventaja. Mientras la oposición, incluido el PRI estatal, dejó totalmente de lado el trabajo de convencimiento cara a cara, que hacen sus dirigentes medios de barrio o colonia, el aliancismo se ha volcado a las calles para asegurar e incrementar su porcentaje de votación.
El diseño es integral, contempla imagen del candidato, propaganda en medios de comunicación, en redes, y sobre todo visita directa, lo cual supone una poderosa estructura movilizadora para el día de las elecciones. El diseño puso a la oposición a la defensiva: le ha impedido marcar temas de agenda; inhibe su participación en medios; disminuye, como estrategia propagandística, la mención de temas incomodos; sataniza, vulgariza y denigra actos de campaña de candidatos opositores. La respuesta opositora es débil, conforme pasa la campaña se nota más el desgaste del anti morenovallismo. No hay trabajo suficiente de réplica fundada y contundente. Tampoco vemos mención reiterada de temas sustanciales que son verdaderamente incomodos a la elite gubernamental.
Dicho de otra manera, si la oposición carece de recursos (humanos, económicos técnicos) o no los quiere invertir, como en el caso del PRI, ahí están las redes electrónicas. Los candidatos opositores han dejado de lado uno de los aspectos más significativos de la democracia, la oposición debe incrementarle al partido que está en el poder el costo de sus decisiones, el costo de sus victorias. Es el antídoto de gobiernos verticales, autoritarios, que las hay todo tiempo en regímenes democráticos. Sin embargo no han podido ni querido enfrentar la avalancha que significa el oficialismo.
Hay un cuarto elemento: la estrategia del continuismo es dispersión del voto, no la polarización. Mientras sus votantes son sumatorios, agregadores. El voto opositor se divide, es desagregador: voto duro del PRI, que no alcanza por sí solo, menos el porcentaje de los tres candidatos, menos el porcentaje de los votantes de Movimiento Ciudadano, que no compitió.
La campaña actual no polariza, dispersa. Sus efectos son negativos para cualquier candidato opositor, favorables para el candidato aliancista.
gnares301@hotmail.com