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OPINIÓN

Elecciones 2016 en Puebla: encuestas y comunicación

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Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Autor de diversos libros. Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior

Lunes, Abril 25, 2016

Las encuestadoras, sin excepción, dan ventaja al candidato de la alianza “Sigamos Adelante”. Desde el arranque de la campaña, los ejercicios demoscópicos son coincidentes al poner adelante a Gali Fayad.

En la segunda semana, haciéndoles caso, se afirma dicha tendencia. La distancia entre el primer y segundo lugar  varía, conforme al sello encuestador, va de los 15, hasta un mesurado seis por ciento de distancia. Este último resultado, en realidad cercano a la figura de empate técnico.

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Ambos extremos son altamente cuestionables y muestran, ni más ni menos que las  encuestadoras vuelven por sus fueros en la elección para la mini gubernatura de Puebla. No asombra. Desde la primera alternancia en el gobierno estatal, han llegado a cotizarse alto como instrumentos poderosos de campaña.

Con todo y las restricciones de la legislación poblana, los sondeos electorales mantienen una función de utilidad para el oficialismo. Producen nota a ocho columnas y alrededor, propaganda apabullante presentada como opinión que, a fuerza de repetir datos demoscópicos, minimiza sistemáticamente a los opositores para influir interesadamente en el elector.

El papel estratégico de las casas encuestadoras y su cara cotización, deriva de la condición de cientificidad que tienen los estudios demoscópicos y de las debilidades de la democracia respecto al control de medios.

En su acepción general y ordinaria, la encuesta es una fotografía que traduce en números, opiniones, conductas, afinidades, gustos, pasiones de los individuos, y cuyos resultados aspiran a ser representativos de un grupo mayor de personas. Su poder como auxiliar explicativo de la conducta humana, expandió su utilidad a casi todas las esferas de la sociedad, especialmente a los reinos del consumo y de la política. En el mercado, los estudios de opinión se consolidaron como fuente fidedigna de información. Los estudios de opinión marcan tendencias en la producción, permitiendo ganar ventajas y crear nicho de consumidores. En política, son indispensables para tomar decisiones; la gestión gubernamental y las campañas electorales cuentan con diversos insumos de información, pero son los estudios de opinión, los menos imprecisos. Ocupan un lugar privilegiado por ser fuente de información cuantitativa fiable para el análisis de las decisiones y elemento de contrastación de  resultados.

En nuestro país, de técnica para la investigación social y económica,  la encuesta se convirtió en un cotizado instrumento por su capacidad para incidir en resultados electorales. No porque en sí misma sea definitoria, sino por los usos mediáticos de las mismas.

Si bien en cualquier parte del mundo las encuestas influyen en el votante, en nuestro país los déficits respecto a diversidad de medios empató perfectamente con el abuso propagandístico cargado hacia el partido en el poder.

Los sondeos de opinión devinieron en linchamientos y denostación pública de actores y partidos. Los datos se volvieron interesados, manipulables a gusto del patrocinador y en más de una ocasión, la ética de los encuestadores decantó en moneda de cambio corriente.

Estudios demoscópicos “honorables” y control de medios permitió (permite) que actos, dichos, frases, errores, escándalos de candidatos o partidos opositores se conviertan en plataformas de linchamiento mediático y virtual. Para los propagandistas, la caída de la intención del voto o derrota electoral se explicación en dichos eventos, porque “así lo indican las encuestas”, y no por el manejo sesgado de los resultados demoscópicos. La  difusión sesgada, inclemente, sin tregua, de dichos datos, provoca un daño terrible al adversario, a su base electoral y sobre todo al equipo de campaña, no porque los opositores no puedan responder, sino porque su derecho a réplica es infinitamente menor con respecto a la difusión masiva de resultados demoscópicos adversos. Su defensa en los medios, su estrategia  “anti encuesta a modo” queda en una condición marginal.

En igual sentido, ejemplos de “equivocaciones” en resultados de elecciones sobran, en Puebla y en cualquier parte del país. Contados son los casos de empresas demoscópicas que continúan comprometidas con sus convicciones de credibilidad con la opinión pública. La seriedad de los estudios de opinión, el rigor metodológico, se encuentra fundado en las convicciones éticas que tengan. En una palabra, los ciudadanos nos atenemos a su honestidad intelectual. 

Los usos políticos de las encuestas no son extraños a la democracia, incluso los ejercicios demoscópicos son obligados. En democracias consolidadas es práctica recurrente. El mal uso y la información sesgada encuentran freno en la diversidad de fuentes de información y el libre acceso a las mismas. No lo es en el estado de Puebla, con serios déficits con respecto al acceso libre a foros y medios de comunicación y el límite que significa el delgado abanico de prensa que escapa a las dinámicas.

La plataforma de los sondeos de opinión en democracias consolidadas se encuentra instada en sociedades que obligan a sus candidatos a debatir, a intercambiar puntos de vista, a disentir abiertamente, sin tapujos, confrontado ideas, enjuiciando, afirmando con claridad posturas e instalándose en posiciones políticas opuestas. Las restricciones a la libertad de crítica en nada coadyuvan con la democracia, por el contrario, hacen que la censura y autocensura -prácticas por excelencia de la antidemocracia, tomen cartas de naturalización y normalización en procesos de instauración democrática. Nada más alejado de la misma.

Por eso llaman la atención los resultados de los estudios de opinión. Resultados optimistas favorables al candidato puntero, 15 puntos porcentuales o más,  indicarían que el ex presidente municipal es todo un fenómeno electoral y que por lo tanto su liderazgo es fuerte al interior del equipo de campaña. Habrá que ver.

Resultados demoscópicos menos optimistas para el puntero, distancias menores al 8 por ciento, aparte de ser más creíbles, visualizaría fallos estratégicos en la elite gobernante que pondría en entredicho su capacidad para mantener el poder en el 2018.

gnares301@hotmail.com

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