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Revocación de mandato y contaminación ambiental | Raúl Espejel Pérez

Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Revocación de mandato y contaminación ambiental

Raúl Espejel Pérez

Ha colaborado como articulista en la revista Jueves de Excélsior, El Universal de México, El Universal Gráfico, El Universal de Puebla, El Día, Nueva Era de Puebla y la revista Momento de Puebla (versión impresa y digital).

Jueves, Abril 14, 2016

La ineptitud y torpeza con que actúa el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera Espinosa, en el caso de la contaminación ambiental, que hizo crisis ─según el gobierno capitalino y la Comisión la Megalopolitana─ el 14 de marzo en el Valle de México, evidenció la necesidad de que en la Ciudad de México se establezca la figura jurídica de revocación de mandato para remover de su cargo público a gobernantes y legisladores que sean incapaces de desempeñar su trabajo, dentro de los parámetros de eficiencia y honradez que requiere la sociedad.     

Hasta ahora, ni la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, ni las constituciones de los 31 estados libres y soberanos del país, otorgan a los ciudadanos esa importante facultad.

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Sin embargo, como en breve tiempo se instalará la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, que habrá de analizar y, en su caso, adecuar y aprobar el proyecto de la Constitución Política de la Ciudad de México, coyunturalmente, se presenta la oportunidad de incluir en ella, el derecho de los ciudadanos a destituir a malos gobernantes y legisladores a través del procedimiento de revocación de mandato.

Esta medida, permitirá, a los ciudadanos que habitan la capital del país, sustituir a los servidores públicos ─designados mediante el voto popular─ que no hacen su trabajo o lo hacen mal, sin que haya necesidad de recurrir a las consabidas manifestaciones públicas de protesta.

Hoy la Ciudad de México sufre las consecuencias de tener un mal gobierno.

La ley citadina en materia atmosférica, establece en el artículo 8º que corresponde al jefe de gobierno, en este caso Miguel Ángel Mancera Espinosa, “Formular, conducir y evaluar la política ambiental en el Distrito Federal”.

Mancera no ha cumplido esta obligación. Su inobservancia y desacato a lo que le mandata la referida ley ambiental local, ha contribuido a elevar incontroladamente los índices de contaminación ambiental en la Ciudad de México, con las 11 deficiencias u omisiones que a continuación se mencionan:

  • No sustituir, con unidades nuevas, los vehículos altamente contaminantes propiedad del gobierno del local. Entre ellos, autobuses de la Red de Transporte de Pasajeros, camiones y camionetas de carga, patrullas, ambulancias  y camiones recolectores de basura
  • No obligar a los concesionarios del transporte público de pasajeros a  renovar constantemente su parque vehicular, permitiendo la circulación de autobuses, microbuses y camionetas que son altamente contaminantes por haber llegado al final de su vida útil.
  • Tolerar cotidiana e irresponsablemente el cierre de vialidades por manifestaciones callejeras e instalación de plantones que ocasionan congestionamientos vehiculares expansivos que generan emisiones de mayores cantidades de partículas contaminantes. Entre los meses de abril y agosto del año pasado, Miguel Ángel Mancera permitió, durante 3 meses y medio, el cierre ilegal de un tramo de la avenida de Bucareli (a unos metros de la secretaría de Gobernación) que llevó a cabo el grupo Antorcha Campesina. Del 28 de marzo al 13 de abril de 2016, Mancera  admitió otro cierre en el mismo sitio de Bucareli.
  • Mantener sin reparación, durante más de 2 años, los más de 100 mil baches que existen en casi todas las vialidades de la Ciudad de México. Baches que al entorpecer la circulación de vehículos provocan la  emanación  de partículas contaminantes en cantidades extraordinarias.
  • Desincronización de semáforos que ocasiona  más y mayores emisiones de partículas contaminantes por lento avance vehicular.
  • Por no combatir la corrupción que prevalece en los centros de verificación, donde mediante el pago de un soborno ─llamado brinco─ expiden  hologramas que permiten circular libre e ilegalmente a vehículos altamente contaminantes.
  • Tala de árboles por construcción de obras públicas.
  • Mantener sin control las emisiones de partículas contaminantes que emanan de la planta de asfalto propiedad del gobierno de la Ciudad de México.
  • Manejo y concentración, a cielo abierto, de 8 mil a 10 mil toneladas de basura diariamente en 13 estaciones de transferencia de residuos sólidos propiedad del gobierno capitalino.
  •  Reducciones de velocidad impuestas por el nuevo reglamento de tránsito en vialidades donde es factible desarrollar, sin riesgo alguno, velocidades superiores a las establecidas arbitrariamente. 
  •  Uso inapropiado de la Plaza de la Constitución (zócalo) y de la avenida Paseo de la Reforma, por parte del jefe de gobierno Miguel Mancera para realizar eventos acarrea-votos que producen congestionamientos viales que generan más y mayores emisiones de partículas contaminantes.
  • Todas estas anomalías causan contaminación ambiental que podría evitarse si al frente de la  Ciudad de México estuviera un gobierno eficaz y responsable, diferente, diametralmente, al que mal encabeza Miguel Ángel Mancera.

    Mancera y su secretaria del Medio Ambiente, Tanya Múller, como está demostrado ampliamente, no enfrentan el problema de manera técnicamente correcta y efectiva. Van de tropiezo en tropiezo y de ocurrencia en ocurrencia, sin que nadie los detenga. 

    Por eso urge establecer en la futura Constitución Política de la Ciudad de México la figura de la revocación de mandato, para sacarlos del gobierno capitalino lo antes posible. Para evitar que continúen cometiendo tonterías, como la creación de un Comité de Vigilancia de la Salud, destinado a combatir (¿?) la contaminación ambiental.

    ¡Ya basta de tanta estupidez y demagogia gubernamentales!

    La contaminación ambiental estaría efectivamente bajo control, si la Ciudad de México en vez de tener un charlatán como gobernante, tuviera un gobierno honesto, responsable y eficiente. Con la capacidad necesaria para enfrentar el problema de la contaminación de manera técnicamente adecuada y no con ocurrencias.

    Al examinar, en la dirección electrónica del gobierno de la Ciudad de México  el reporte mensual del monitoreo oficial que efectúa diariamente el gobierno capitalino para conocer la calidad del aire, correspondiente a marzo de 2016, se observa que la Comisión Ambiental de la Megalópolis decretó el 14 de ese mismo mes, la fase 1 de la contingencia ambiental, cuando únicamente, en esa ocasión, uno de los 24 factores monitoreados registró, ese día, 203 puntos Imeca. Esto se puede constatar en la gráfica cromática publicada en la dirección electrónica antes señalada y que más adelante se reproduce.

    De conformidad con el resultado que revela esta gráfica cromática, acerca de la medición de la calidad del aire, efectuada, como ya se dijo, el mes de marzo de 2016, se concluye que en el 73.29% de los factores contaminantes evaluados, el aire fue “bueno”. En el 17.68% “regular”. En el 7.61% “malo”. En el 1.29% “muy malo” y, apenas, en el 0.13% fue “extremadamente malo”.

    Ahora bien, esto quiere decir, simple y llanamente, que de los 744 factores de contaminación monitoreados en 31 días por el gobierno de Mancera, para conocer, día a día, la calidad del aire, se corroboró que en 568 factores el aire fue bueno; en 137 fue regular; en 59 malo y solamente 10 resultó muy malo y en 1 extremadamente malo.

    Derivado de ese resultado, que revela que la calidad del aire no era mala, si las cifras reportadas por el gobierno de la Ciudad de México son correctas, es necesario preguntar:  

    ¿Por qué motivo se decretó la fase 1 de la contingencia ambiental?   

    ¿Por qué desde entonces se mantiene vigente, al día de hoy, el doble programa Hoy no Circula?

    ¿Acaso la Comisión Ambiental de la Megalópolis maneja información diferente a la reportada por el gobierno de la ciudad de México?

    El gobierno de la capital del país y la comisión megalopolitana están obligados a contestar estas 3 preguntas.

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