El revés a la candidatura de Ana Teresa Aranda es un golpe significativo al intento de los independientes por romper la partidocracia en el estado de Puebla, aunque la batalla legal ocupará varios días más al Instituto Electoral del Estado y a la ex panista.
Por lo pronto, los cuatro candidatos han ido delineando el estilo de sus eventos de campaña, desde los mítines hasta los recorridos a pie dependiendo de su capacidad económica y la operación política en sus partidos y coaliciones.
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Sin que represente ningún tipo de medición metodológica, al menos en el ánimo del auditorio pulso cierta incredulidad a la oferta de campaña; hasta el momento nada que genere emoción de participar en las urnas el próximo 5 de junio.
En esta primera semana de campañas ha faltado empatía para conectar con el ciudadano que ya está desgastado de escuchar el mismo discurso en diferentes personajes y tiempos; el combate a la pobreza, mayores empleos, mejor seguridad y tope a la corrupción. Simplemente no creen en las buenas intenciones de los candidatos.
Quizá conforme avancen los días se active el interés por este proceso electoral, aunque en la lógica ciudadana no hay manera de que el político entienda sus necesidades porque hay una distancia abismal entre ambos. Los ejemplos sobran pero en esencia, el estatus de político implica una vida diferente, casi siempre privilegiada.
Cientos de familia viven al día, sus hijos padecen la deficiencia del transporte público y la posibilidad de que sean asaltados. Un padre ó madre de familia enfrentan serios problemas para llegar al final de la quincena y los gastos cada vez son más estresantes. En suma, el político no experimenta preocupaciones económicas.
Y como México hay fortunas francamente ofensivas, una gran parte de la población duda que "una vida de esfuerzo y trabajo honesto" arroje tan buenos dividendos ocupando únicamente cargos públicos.
Las declaraciones patrimoniales no garantizan que un político tenga en bienes las cifras publicadas, y en caso de que así fuera, casi siempre hablan de millones de pesos; lo cual también rompe la posibilidad de establecer conexión con quienes con esfuerzo van pagando su casa de interés social o peor aún, ni siquiera tienen un empleo formal que les permita cotizar en el Infonavit.
El hijo enfermo recibe atención médica en un consultorio de farmacia y el abuelo sin seguridad social pasará sus últimos días trabajando y con padecimientos incosteables. Tantos escenarios cotidianos que los candidatos conocerán en 60 días de campaña y prometerán cambiar una vez que arriben al poder.
En fin, los spots están a todo lo que dan aunque tampoco quiere decir que los mensajes sean tan convincentes y atrevidos, en esa evaluación cada quien tendrá una opinión. A mí me parecen acartonados y hasta "forzados", a veces pienso que los únicos beneficiados de las campañas son los creativos de las agencias publicitarias que sin importar el resultado venden "espejitos" a los candidatos.
Vamos a darle tiempo de maduración a este proceso electoral; nos cuesta un ojo de la cara y al menos que valga la pena. Por cierto, el tema coyuntural de Roxana Luna tras la balacera de Agua Santa no pasó a mayores, lo celebro porque Puebla no necesita mezclar violencia con elecciones.
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