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OPINIÓN

El desafío a la Comunidad Atlántica…

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Juan de Dios Andrade

Politólogo. Analista político y asesor. Especializado en historia y política mexicana, geopolítica y geoestrategia, Historia de las ideas políticas, teoría política y análisis de escenarios. Autor de la columna Confines Políticos

Jueves, Marzo 24, 2016

Las escenas no podían ser más dramáticas. Luego de los ataques terroristas del martes en Bruselas: una foto de dos mujeres conmocionadas ante lo ocurrido, que cuestiona el sentido de la vida y la seguridad existencial de los europeos; el primer ministro belga, Charles Michel, declarando que era “un día negro para Bélgica” y, sin duda, de los momentos más tristes y difíciles desde la Segunda Guerra Mundial. Se lo había advertido Zbigniew Brzezinski al entonces Papa Juan Pablo II: entre los principales retos del siglo XXI estarían los desafíos éticos de la biotecnología y las nuevas caras del terrorismo. Fue un diálogo entre polacos que se entendían muy bien, aunque no estuviesen de acuerdo en todo…

Atacaron el aeropuerto internacional de Zaventem y el metro cercano al Parlamento Europeo, a días de la captura de terroristas por lo de París, entre ellos Salah Abdeslam. Fue un mensaje al gobierno belga, a la UE y a la OTAN, atribuido al Estado Islámico. El foco de tensión es el barrio de Molenbeek…

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No podía ser de otro modo. Al consolidarse la era global, se puso en duda el futuro de los militares, dando por supuesto que los avances tecnológicos relativos a la guerra y a la seguridad internacional no iban a necesitar demasiado personal de campo. De hecho estrategias castrenses comenzaron a usarse en el mundo financiero. Bill Clinton firmó las últimas órdenes para desmantelar la red de espías, pero en 2001 los norteamericanos se despertaron con una amarga noticia: no todo era cuestión de tecnología. Los estertores de la Modernidad fueron acompañados por dos guerras mundiales, donde ejércitos pelearon contra sus similares. Pero ahora no se trata de confrontaciones ‘entre batallones’, sino de un adversario volátil, escurridizo y sin rostro ni posición fija. De poco sirve una nutrida nómina militar porque los terroristas atacan con éxito a base de cuatro o cinco efectivos. Los servicios de inteligencia a la ‘antigüita’ en combinación con el uso eficaz y eficiente de la tecnología, son muy necesarios…

Ilustra mucho ver, de un lado, a Inglaterra, Francia, Rusia y Estados Unidos bombardear sin descanso determinados blancos; mientras del otro, un pequeño grupo logra asestar golpes mortales en Bruselas, operando con gastos mínimos. No sirve de mucho consuelo el que no hayan logrado todos sus objetivos. Es un conflicto distinto a los anteriores…

“El infierno en la Tierra…”

La Modernidad contó con utopistas que se dieron a la tarea de construir el ‘paraíso en la Tierra’ y Karl Popper nos advirtió que cuando alguien intenta un proyecto de tal naturaleza, “el resultado inevitable es el infierno”. Sin embargo, la intención era la felicidad de todos, aunque derivase en lo contrario. Pero en la globalización existe una vertiente emparentada con los sectores revolucionarios de la Modernidad, que a la vez los supera de raíz. Si antes el propósito era el ‘paraíso’, los revolucionarios de la globalización se proponen realizar ‘el infierno en la Tierra’. Las utopías del pensamiento moderno son un juego de niños comparados con lo actual. El paraíso del amor y la felicidad es desplazado por el odio y la crueldad…

Entre finales de los 60 y principios de los 70 del siglo pasado, el terrorismo se planteó llevar el terror al ‘corazón de Occidente’. Alemania se convirtió en el principal punto por su debilidad institucional. En 1972, el grupo Septiembre Negro atacó a la delegación israelí durante las Olimpíadas en Múnich. Le siguió una de las confrontaciones más feroces entre sociedades secretas. Unas en torno al Mosad y otras alrededor de los ‘fedayines’. Fue una espiral de violencia y muerte, mientras la banda Baader-Meinhof fustigaba desde Alemania Federal. Lo que había empezado como un desacuerdo en el Islam ante las ideas de la Ilustración, se fue convirtiendo en una oleada de grupos terroristas, algunos de los cuales no tenían relación con el Islam…

“En el corazón del ateísmo…”

En el tránsito del siglo XX al XXI, dejamos atrás el escenario de “llevar al terror al corazón de Occidente” y la razón es muy sencilla: la globalización implica el triunfo del ‘estilo de vida occidental”. Occidente se trasladó a todo el mundo. La lucha terrorista tendió a ser igualmente global: contra cristianos budistas, ateos, librepensadores, y musulmanes. La vida humana es asumida con carácter instrumental…

Querer el infierno en la Tierra y considerar a las personas como instrumentos puede tener varias causas, pero sobre todo una. Fiódor Dostoievski decía: “Si Dios no existe…todo está permitido; y si todo está permitido la vida es imposible” (‘Los hermanos Karamazov’). En el fondo, el terrorismo es ateo. El resto lo hace la segregación. Convertir el mundo en un infierno significa sumergirlo en el odio porque en eso consiste: un lugar donde no hay margen para el amor…

Hace poco supimos de la cruel masacre en un campo de refugiados donde quemaron vivos a muchos, incluyendo niños. También del asesinato de internos en un asilo y de cuatro religiosas de las Misioneras de la Caridad. Con anterioridad, el exterminio de comunidades enteras, secuestro y esclavitud sexual de niñas y adolescentes, así como de niños. Es difícil calcular la dimensión total del éxodo de refugiados y desplazados. Pero lo peor es la indiferencia occidental ante lo que ocurre en África y Oriente. Prestaron poca atención a buena parte de lo anterior y con lo ocurrido en Bruselas, vuelven a encenderse los ‘focos rojos’. Se tiene que entender que la vida humana es valiosa, donde sea que se encuentre y peligre…

“Eurasia: Geopolítica de dos ciudades…”

Tan es global la problemática terrorista que en Bruselas murieron franceses, belgas, marroquíes y latinoamericanos. El Estado Islámico afirma que lo que viene será peor, amenazando a todos los que se alíen en su contra. Anonymous respondió que atacará en redes, tanto a cuentas como a sus recursos. El terrorismo que afecta a Eurasia es de carácter global. San Agustín hablaba de que en cada ser humano había una lucha entre dos ciudades: la Ciudad de Dios y la Ciudad terrenal, cuya separación tiene lugar al morir. El terrorismo plantea una lucha con la intención de segar vidas y provocar la separación de las dos ciudades en el resto que sobreviva…

Si lo vemos en un mapa, es un desafío a la Comunidad Atlántica liderada por Estados Unidos, para provocar un desequilibrio que le impida regir las relaciones internacionales. A la teoría de las dos ciudades de San Agustín, eminentemente espiritual, el terrorismo antepone otra de carácter geopolítico: la confrontación entre la ‘Ciudad del Estado Islámico’ y la ‘Ciudad Atlántica’. Como ha pasado en algunos seguidores del Águila de Hipona, el riesgo estriba en identificar a una con el bien y a la otra con el mal, lo que nos arrojaría al maniqueísmo. El combate al terrorismo no debe ser ‘Occidente contra el islam’, sino incluir al último contra el primero. También lo debe entender Viktor Orbán, que desde Hungría acusa a la UE de haber traicionado a la identidad europea y se apresta a asumir su defensa desde ese punto de vista…

Lo que pretende el terrorismo islamista es conducir a un esquema maniqueo que le permita aglutinar a los grupos terroristas, sin importar sus credos y encabezar un ataque multipolar contra el atlantismo. Con intención o no, los bombardeos lanzados por Putin en semanas anteriores, agudizaron la situación y la oleada de refugiados rumbo a la UE, que se vio forzada a exigir el cese de los ataques rusos. Cada saldo sangriento del terrorismo apunta a que busca provocar consecuencias que humanamente no tengan solución y así arrastrar a los demás a la vorágine del odio y la violencia…

La UE está siendo particularmente débil a los embates terroristas y llama la atención que Brzezinski sostenga que la mentalidad que prevalece en ella sea la ‘desafección’, que es un tipo de indiferencia. La desafección europea hacia su identidad ético-espiritual explica su vulnerabilidad y la adhesión de muchos de sus jóvenes a las filas del Estado islámico. Cuando alguien te plantea resultados insolubles para que no tengas otra salida que el rencor, la solución está en un perdón que vaya más allá de lo humano por ser expresión del amor. Contra eso, los partidarios del odio no pueden hacer nada. No están preparados para ser perdonados porque no quieren serlo. He ahí la verdadera cura contra el terrorismo. En otro plano se determinará lo procedente en materia política, militar, justicia y ayuda humanitaria…

Hasta entonces…

Comentarios: confinespoliticos@yahoo.com

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