“Una tiene que tener esperanzas para tener un hijo. ¡No digas 2 o 3! Con uno, la fe tiene que ir por delante. Pero a veces flaqueo, no de haber tenido a mi hijo, es lo mejor y lo más importante de mi vida, flaqueo de mi esperanza. Quizá soy débil porque ahora se usa que no se haga caso de lo que sucede allá afuera porque lo de hoy es ver lo positivo, decretar, enfocarse en lo que una desea e ir tras ello. Pero cuando una tiene la responsabilidad de un hijo, las cosas cambian. Siento miedo… Veo a mi hijo y quiero protegerlo de toda amenaza, pero sé que él tendrá que tener su propio criterio para hacerlo por sí mismo.
“¿Sabes? Es muy chistoso pero ahora que el mundo se mueve tan rápido, una se siente vieja más pronto. ¡No me lo tomes a mal! Pero a mis 30 años añoro el mundo en que viví cuando niña: jugábamos a la pelota en la calle, en los parques; íbamos a patinar, de día de campo, el espacio era amplio… jugábamos a las muñecas. Ahora veo a mis sobrinos y veo que su espacio es una pantalla de celular, de computadora o de tablet, ¡es virtual! No se mueven para jugar o lo hacen en la sala en un tapete de uno por uno. El famoso WII. Nosotros corríamos en los campos, en las pistas, en espacios abiertos. Teníamos confianza en quienes eran nuestros amigos, conocíamos a sus familias y a la inversa. Ahora no sabes con quién tratas, a pesar de conocer de tiempo a las personas, son extraños. ¡¿Dime si esas comparaciones y añoranzas no son de gente vieja?!
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“Cuando escucho a los jóvenes de 18 o 20 años tan optimistas de que el agua que les faltará, la traerán de otro planeta o lograrán sacarla de algún lugar, y no lo dudo que lo logren porque nunca pensamos ni en nuestros más salvajes sueños estar viviendo en este mundo que se ha transformado brutalmente con las tecnologías. Y en mi interior pienso que ojalá y así sea, porque mi hijo viene detrás de ellos, y si ellos no lo resuelven, la generación de mi hijo lo tendrá que hacer. Y yo no soy nadie para comunicarles mis miedos, mis dudas, mis temores, mis incertidumbres…
“Te preguntarás a qué viene todo esto. Tengo miedo que nuestro mundo, que cada vez es un lugar más hostil, nos retrotraiga de tal manera que lo único que nos quede es protegernos detrás de una pantalla para vivir. A pesar que me considero una persona positiva y optimista, no logro construir el puente entre ese mundo que está allá afuera y mis deseos de que la vida sea buena para mi hijo, y para nosotros como sus padres que queremos lo mejor para él. Nada puede ser lo que ya fue, pero espero que no terminemos como la película esa de hace mil años “Cuando el destino nos alcance” o “Soylent Green” donde el momento más feliz de la gente era el de su muerte, porque veía escenas de animales en libertad que los hacía sentir que así podía ser lo que seguía, ¡por fin!…”
Soylent Green película estadounidense de 1973, dirigida por Richard Fleischer, protagonizada por Charlton Heston-