Una disputa por un gobierno de muy corta duración, lo que hace de la campaña electoral un inútil ejercicio vacío de contenidos y que nos permite concluir que para el ciudadano común su participación le resultará ser de poco interés, salvo el deseo de manifestar su desacuerdo en contra de la gestión morenovallista... ¿o ganamos otra cosa los poblanos?
En medio de la pista de este espectáculo de circo, tenemos a una clase política cuya oferta electoral será, por un lado el grupo "neopanista", deseoso de imponer un maximato en Puebla, y por el otro a los "neopriistas" de caras jóvenes, todos procedentes de los vetustos grupos caciquiles que han gobernado al estado durante 80 años y que solo han usado los recursos públicos para su enriquecimiento personal.
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En un intento de oposición, se encuentra la figura de la candidatura independiente de Ana Tere Aranda, con olor más a capricho que a deseos de cambio, pero que, de lograr vencer los obstáculos impuestos, le pondrá a la contienda un dulce y delicioso sabor a venganza, lo que le permitirá ganar un buen número de votantes panistas que les serán restados al grupo de quienes aún apoyan al señor de los cerros... ¿le permitirán a Ana Tere la candidatura independiente?
Por la franquicia de AMLO, tendremos un candidato ampliamente conocido en su casa, y la única ventaja que tomará de su participación, será la de afinar su enigmática "estructura" y lograr que el voto de la izquierda poblana se ubique a su favor, dejando al PRD en calidad menor al membrete que ya es.
Con estos protagonistas en la circense función, y la duda de que se trate de una elección pactada, los ciudadanos sin partido nos enfrentamos a un serio dilema: ¿nos quedamos en casa, o salimos a anular el voto?
Otra vez la misma historia mientras no cambie el sistema electoral mexicano.