En agosto de 2015, el “expresidente legítimo de la república amorosa”, Andrés Manuel López Obrador, anunció el establecimiento de 8 “universidades” en lugares donde triunfó ─en las elecciones del 7 de junio de ese año─ el Partido Movimiento de Reconstrucción Nacional (Morena).
Sin tener todavía en su poder la autorización que la secretaría de Educación Pública expide ─previo cumplimiento de los requisitos de ley establecidos─ para que los planteles escolares funcionen legalmente, López Obrador las inauguró recientemente, advirtiendo que funcionarán con los recursos públicos que convertidos en prerrogativas oficiales se entregan a los grupos parlamentarios de Morena en la Cámara de Diputados y en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.
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Por supuesto que no se trata de “universidades” como asegura el eterno candidato presidencial, sino de escuelas de estudios superiores, en el mejor de los casos.
No estaría de más que Andrés Manuel, distraiga de su campaña electoral un minuto para escudriñar un diccionario y se entere que el término “universidad” se aplica a la “Institución formada por un conjunto de centros de enseñanza e investigación, donde se imparte la enseñanza superior”. No a sus escuelas que hasta ahora son apócrifas por carecer del reconocimiento que otorgan las autoridades educativas del país.
López Obrador decidió, de su motu proprio que sus escuelas de Administración y Contabilidad; Derecho; Ingeniería; Medicina Integral y Salud y la Normal, funcionen en las delegaciones Azcapotzalco, Cuauhtémoc, Tláhuac, Tlalpan y Xochimilco del Distrito Federal. Y las escuelas foráneas de Agronomía; Derecho y Normal Intercultural Bilingüe, operen, respectivamente, en Calkiní, Campeche; Comalcalco, Tabasco y Valladolid, Yucatán.
Estas escuelas no corresponden a un plan integral del sistema educativo nacional. Son producto de la improvisación y de las conocidas ocurrencias de López Obrador, que bastante costosas han sido para los habitantes de la capital del país. Más que finalidades puramente académicas, tienen marcados objetivos de carácter político-electoral y de confrontación con el Estado.
La manera como trabaja desde hace 15 años, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), creada también por López cuando fue jefe de gobierno del Distrito Federal, constituye el más ejemplo de lo que no debe ser una escuela y menos una universidad.
El desempeño de ese engendro lópezobradorista aporta elementos de juicio suficientes para pensar que las 8 escuelas creadas por él no tienen una finalidad académica, sino un propósito electoral, en beneficio de los intereses políticos particulares del propio López Obrador.
La Universidad de la Ciudad de México fue fundada el 26 de abril de 2001. Por disposición de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal, obtuvo la autonomía el 16 de diciembre de 2004. En el lapso de 14 años recibió de la hacienda pública 8 mil 981 millones 285 pesos para su funcionamiento. Habiéndose titulado, en ese lapso, únicamente 819 egresados.
Lo que significa que por cada uno de esos alumnos titulados en la universidad lópezobradorista, el erario erogó, con dinero público, 10 millones 966 mil 160 pesos. En ignominioso contraste con los 3 millones 525 mil 448 pesos que cuesta una persona que se titula en la Universidad de Harvard (según cifras publicadas por el periódico La Razón).
Después de 9 años de fundada la UACM, es decir, en 2010, la doctora María Esther Orozco fue designada rectora. Escasos 11 meses fueron suficientes para que se diera cuenta del desbarajuste en que se desenvolvían las actividades docentes de la universidad que estaba bajo su responsabilidad.
No se aplicaban exámenes de admisión. No se evaluaban los conocimientos de los alumnos. Bajo aprovechamiento en los estudios. Profesores de tiempo completo que trabajaban medio tiempo porque laboraban en otras escuelas.
Alumnos que en vez de estudiar participaban en marchas, plantones y en eventos lópezobradoristas, con la finalidad de debilitar a las instituciones de la federación y crear el caos público y para propiciar que AMLO convierta en realidad su enfermizo sueño de ser presidente de la república.
Lo insólito, lo inadmisible, lo absurdo, el colmo de la improductividad: en 10 años de preparar profesionistas apenas se graduaron 47 egresados. Es decir, un promedio de 4.7 alumnos por año.
La precaria cifra anterior, contrasta con los 21 mil 734 estudiantes que se titularon en 2014 en la Universidad Nacional Autónoma de México (según el Portal de Estadística Universitaria) y los 4 mil 539 egresados que se graduaron en la Universidad Autónoma Metropolitana en 2011.
Este desastre, obligó a la doctora Orozco a elaborar un diagnóstico que permitiera conocer al detalle la problemática que enfrentaba en esa fecha la UACM.
La rectora señaló en su diagnóstico que esa universidad no ha cumplido con su objetivo. Estableció la urgencia de reformarla. Denunció la falta de laboratorios y la existencia de estudiantes sin seguimiento académico.
Advirtió que no hay camino por donde andar y que se está a tiempo de refundar la universidad. Puntualizó que su diagnóstico no buscaba golpear ni destruir la universidad, sino de trabajar a favor de su reestructuración.
Alumnos y maestros, en vez entender la finalidad del diagnóstico de la rectora Orozco y asumir las tareas que les correspondían para sacar adelante a la UACM, respondieron efectuando una huelga y vilipendiándola. No se detuvieron hasta expulsarla de la rectoría.
Este puede ser, a grandes rasgos, el futuro de las 8 supuestas “universidades” creadas por Andrés Manuel López Obrador. ¡Ya conoce el camino que tiene que recorrer para lograr sus propósitos!
Mientras los planteles lópezbradoristas no cuenten con el Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios Superiores (RVOE) de la Secretaría de Educación Pública, los estudios que imparten, así como los títulos y certificados que llegaren a expedir, serán ilegales. De esta manera se estará engañando a los alumnos en ellos inscritos.
Esto quiere decir que quienes egresen de esas escuelas y se titulen sin estar legalizados sus estudios, no podrán contar con la cédula profesional que acredite sus respectivas licenciaturas. Por consiguiente no podrán ejercer su supuesta profesión.
De acuerdo con la normatividad de la materia, el RVOE constituye el acto de autoridad, en virtud del cual se determina incorporar al Sistema Educativo Nacional un plan y programa de estudios de un particular.
La convocatoria publicada para ingresar a los 8 planteles patrocinados por Morena no fue de carácter escolar. Tuvo una intención evidentemente política. Fue publicada el 2 de octubre de 2015 con el propósito de conmemorar el 47 Aniversario de la Matanza de Tlatelolco.
Fue excluyente, porque únicamente se invitó a solicitar inscripción a los potenciales alumnos que acreditaran documentalmente su residencia en cualquiera de los territorios delegacionales y municipales donde se establecieron las escuelas en cuestión.
No fue necesario presentar examen de conocimientos para ser acreedor a una inscripción. Las inscripciones se obtuvieron a través de un sistema de rifa pública. Procedimiento idéntico al impuesto por López Obrador para designar a los candidatos de Morena que participaron en las elecciones del 7 de junio de 2015. No fueron seleccionados los mejores prospectos, sino quienes tuvieran mejor suerte.
Ampliamente sabido, es que López Obrador es un individuo que lleva el germen de la ilegalidad en la sangre que circula en sus venas. Todo lo ilícito se le da con asombrosa facilidad.
En 1997 obtuvo ilegalmente la candidatura a jefe de gobierno del Distrito Federal al no cumplir el requisito de cinco años de residencia que establece la ley electoral local.
En 2001, estando al frente del gobierno del D. F., también incumpliendo lo que establecen el artículo tercero constitucional y la ley General de Educación, puso en servicio esa cosa que bautizó con el nombre de Universidad de la Ciudad de México.
Recientemente, con más de tres años de anticipación, también ilegalmente, promueve ─en medios electrónicos─ su tercera campaña electoral en busca, ininterrumpida, de la Presidencia de la República.
Promete que después de su toma de posesión, en 2018, su primer acto de gobierno consistirá en vender el lujoso avión presidencial que costó más de 7 mil millones de pesos.
¡Avión que ni siquiera “tiene Obama”, aun siendo el presidente del país más poderoso del mundo!
No transcurrirá mucho tiempo para conocer cómo funcionan las 8 “universidades” lópezobradoristas.