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Neoliberalismo y cultura del descarte | Oscar Barrera Sánchez

Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Neoliberalismo y cultura del descarte

Oscar Barrera Sánchez

Doctor en Ciencias Sociales y Políticas por la UIA. Comunicador y filósofo por la UNAM y teólogo por la UCLG.

Viernes, Febrero 19, 2016

Los mensajes e impactos que tengan los mensajes del jefe espiritual del Estado Vaticano, Papa Francisco, tardarán en reflejar su nulidad o marca, no sólo en la Iglesia Católica en México, sino en la vida social y política del país. Aunque quedó pendiente la enunciación fehaciente de temas específicos y relevantes como la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, los casos de pederastia en la institución religiosa y los feminicidios en varios estados del país, sobre todo en Ecatepec, lugar de la visita papal, también hubieron muchos signos y palabras que confrontaron no sólo al gobierno mexicano, sino la propia lógica capitalista y moderna en la que se estructura el orden de las sociedades occidentales.

Increíblemente, dos posturas continúan siendo las hegemónicas en el discurso mediático: los que están en contra porque el Papa no mencionó directamente los casos de Ayotzinapa, pederastia y feminicidios, y la de empresarios, medios de comunicación y gobiernos que hicieron de la visita una parafernalia y de los mensajes papales simples palabras.

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Sin embargo, no había que decir textualmente lo específico y lo único de los casos (tan dolorosos estos, como los que no se hicieron debatibles en redes sociales como los 20 años de los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, Chiapas; los 10 años del homicidio industrial de mineros en Pasta de Conchos de San Juan de Sabinas, Coahuila; el asesinato de niños de la guardería ABC, en Sonora; la represión en diferentes ciudades del país, como la Ciudad de México, Puebla, Cuernavaca; las leyes que criminalizan la protesta social, como en Quintana Roo; el asesinato de periodistas en Veracruz y Oaxaca; el homicidio de sacerdotes en Michoacán, Guerrero y todo el país; la violación de los derechos laborales; las problemáticas de condiciones inhumanas de los jornaleros migrantes; los miles de desaparecidos y presos políticos; entre otros), cuando se nombraba lo general, lo diverso y lo múltiple del origen de los problemas debatibles y no debatibles en la opinión pública. Cada caso es importante, pero no es competencia papal resolverlos, sino del Estado.

Sin embargo, los pronunciamientos papales fueron mucho más profundos de lo que se cree. Ellos se inscriben en la tradición latinoamericana que identifica problemas estructurales y no sólo coyunturales (sin menospreciar cada una de las urgencias de justicia en el país). Instar a un nuevo posicionamiento ético, ante la urgencia del salvajismo del pensamiento moderno (de derecha y de izquierda, académico, institucional y de Estado) que por más de cuatro siglos y, bajo el amparo de la Razón, ha convertido al ser humano en una máquina, a la sociedad en un cuerpo positivizado y funcional y, a un Estado leviatanizado, soberano. Asido a esta modernidad, el capitalismo inhumano que convierte la vida en un valor de cambio, en una mercancía, obliga a las personas a rentar sus cuerpos y vender su dignidad por un mendrugo. El capitalismo salvaje, neoliberal, le roba todo al ser humano, le arranca hasta el último reducto de entrañas al trabajador, a la ama de casa, al estudiante, y los convierte en mendigos, en pordioseros de la dignidad humana y de los derechos.

Ante esto, pocos líderes extranjeros, religioso o no, político o no, se han pronunciado de manera tan contundente como lo hizo Francisco en sus discursos. Asimismo, ningún líder o jefe de Estado ha venido a México a resolver los problemas que le corresponde al gobierno mexicano. ¿Por qué, entonces, pedirle a uno, a Francisco, que lo haga? Él, sin embargo, apostó por la crítica al demonio del capital y del poder y favoreció una crítica de la Razón, como cultura de muerte y de descarte, y se posicionó en favor de una razón cordial, como moral social. Durante todos sus discursos, apostó a lo que Leonardo Boff denomina la mayor conquista de la persona: la razón cordial. “En ella, se encuentra la sensibilidad profunda para con los otros, los valores éticos y la espiritualidad. […] La razón por sí sola no explica nuestros problemas fundamentales, porque ella solo ve, analiza y calcula”.

Mientras Televisa y el gobierno de Enrique Peña Nieto hacían un espectáculo masivo, y los opositores al jerarca católico usaban las redes sociales para ir a las particularidades, Francisco pronunció palabras tan fuertes, mensajes tan duros, pero desde la razón cordial, misma que denuncia, pero comprende la fibra más sensible y sentida del ser vulnerado que habita detrás de la denuncia misma.

Francisco fue a Palacio Nacional, no a hablar de la historia cristiana y el acercamiento de los Estados. Fue a mencionar que México es una de las naciones más injustas en la distribución de sus bienes y riquezas; de enriquecimiento ilícito y de tráfico de influencias, lo cual beneficia a unos y descarta a otros. ¿Qué otro jefe de Estado o líder religioso ha venido a México a hacerlo?

También a darnos cuenta de que un futuro esperanzador se forja en un presente de hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común, este “bien común” que en este siglo XXI no goza de buen mercado. La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo. (Palacio Nacional, Ciudad de México).

Habló de las violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos por parte del Estado, por omisión y aquiescencia; de la criminalización y la exclusión de las y los jóvenes, de los asesinatos y las desapariciones forzadas. ¿Qué otro jefe de Estado o líder religioso ha venido a México a hacerlo?

En ese amanecer Dios despertó y despierta la esperanza de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados, de todos aquellos que sienten que no tienen un lugar digno en estas tierras. En ese amanecer, Dios se acercó y se acerca al corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos (Homilía en la Basílica de Guadalupe).

Habló de la exclusión y la distinción, pero no sólo económica o de clase social, sino de la forma de interiorizar la diferencia como discriminación como homo economicus, academicus, sociales, entre otros. Los males los enunció como tres: la riqueza de los ricos; la vanidad de quien usufrutua con el dolor, pero logra allegarse agua a sus molinos, ya sean de izquierda o de derecha; de la discriminación agradecida, por no ser como los demás, como lo hacen muchos famosos, intelectuales, líderes sociales, académicos y demás poseedores de la verdad, del discurso válido, hegemónico y del imperio de la Razón. ¿Qué otro jefe de Estado o líder religioso ha venido a México a hacerlo?

Quiero invitarlos nuevamente hoy a estar en primera línea, a primerear en todas las iniciativas que ayuden a hacer de esta bendita tierra mexicana una tierra de oportunidad. Donde no haya necesidad de emigrar para soñar; donde no haya necesidad de ser explotado para trabajar; donde no haya necesidad de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de unos pocos (Angelus dominical en Ecatepec).

1. La riqueza, adueñándonos de bienes que han sido dados para todos y utilizándolos tan sólo para mí o “para los míos”. Es tener el «pan» a base del sudor del otro, o hasta de su propia vida. Esa riqueza que es el pan con sabor a dolor, amargura, a sufrimiento. En una familia o en una sociedad corrupta es el pan que se le da de comer a los propios hijos.

2. La vanidad, esa búsqueda de prestigio en base a la descalificación continua y constante de los que “no son como uno”. La búsqueda exacerbada de esos cinco minutos de fama que no perdona la “fama” de los demás, “haciendo leña del árbol caído”, deja paso a la tercera tentación.

3. El orgullo, o sea, ponerse en un plano de superioridad del tipo que fuese, sintiendo que no se comparte la “común vida de los mortales”, y que reza todos los días: “Gracias Señor porque no me has hecho como ellos”. (Homilía en Ecatepec).

Fue copartícipe de la autonomía y la valoración de los pueblos indígenas, donde ser indio es sinónimo de una pobreza histórica y sistemática. Un perdón ante una deuda histórica, que todos mencionan, pero nadie asume. Una búsqueda de esa doble libertad de la que habla Boff, no sólo la de las ataduras sociales y morales, sino la que da vida, desde la diversidad y la multiplicidad; la que hermana desde lo diferente y no busca homogeneizar con la lógica, la ciencia y la razón. ¿Qué otro jefe de Estado o líder religioso ha venido a México a hacerlo?

Los jóvenes de hoy, expuestos a una cultura que intenta suprimir todas las riquezas y características culturales en pos de un mundo homogéneo, necesitan que no se pierda la sabiduría de sus ancianos.

El mundo de hoy, preso del pragmatismo, necesita reaprender el valor de la gratuidad. (San Cristóbal de las Casas, Chiapas).

Habló, también, de la pobreza económica como límite de los derechos y las libertades, pero también de la pobreza de espíritu, por no buscar en la socialización, en el contacto con el otro, el con-vivir y con-moverse con él, dejando-se a la soledad y el desamparo de uno mismo y de todos. ¿Qué otro jefe de Estado o líder religioso ha venido a México a hacerlo?

La precariedad no sólo amenaza el estómago (y eso es ya decir mucho, ¿eh?), sino que puede amenazar el alma, nos puede desmotivar, sacar fuerza y tentar con caminos o alternativas de aparente solución, pero que al final no solucionan nada y vos fuiste valiente, Beatriz. Gracias. Existe una precariedad que puede ser muy peligrosa, y que se nos puede ir colando sin darnos cuenta, es la precariedad que nace de la soledad y el aislamiento. Y el aislamiento siempre es un mal consejero. (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas).

También la pasividad y la resignación como armas del demonio fueron tema de su discurso. Ante la resignación, la acción. Pero esta acción con una revolución de amor (como lo es cualquier revolución) que busque transformar a los sujetos y a la propia revolución en su marcha. No una revolución de escritorio y panfletaria. Una revolución que dignifique a las personas en su vida y no dejando al abandono a los demás y los derechos de todos: niños y niñas, jóvenes, pobres, presos, mujeres, ancianos. ¿Qué otro jefe de Estado o líder religioso ha venido a México a hacerlo?

Frente a esta realidad nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio, la resignación. Una resignación que nos paraliza y nos impide no sólo caminar, sino también hacer camino; una resignación que no sólo nos atemoriza, sino que nos atrinchera en nuestras «sacristías» y aparentes seguridades; una resignación que no sólo nos impide anunciar, sino que nos impide alabar. Una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos impide arriesgar y transformar. (Morelia, Michoacán).

Es mentira que la única forma de vivir, de poder ser joven es dejando la vida en manos del narcotráfico o de todos aquellos que lo único que están haciendo es sembrar destrucción y muerte. Es de su mano que podemos decir que es mentira que la única forma que tienen de vivir los jóvenes aquí es en la pobreza y en la marginación; en la marginación de oportunidades, en la marginación de espacios, en la marginación de la capacitación y educación, en la marginación de la esperanza. (Morelia, Michoacán).

La misericordia divina nos recuerda que las cárceles son un síntoma de cómo estamos como sociedad, son un síntoma en muchos casos de silencios y omisiones que han provocado una cultura de descarte. Son un síntoma de una cultura que ha dejado de apostar por la vida; de una sociedad que ha ido abandonando a sus hijos. (Ciudad Juárez, Chihuahua).

Y, no podía dejar de lado el nombre del demonio: el capital. Pero el demonio no se mueve si no hay voluntad para hacerlo mover; si no hay quien lo mueva. Los mercaderes del templo, los esclavistas de nuestros tiempos, los dueños del capital, máquinas productoras de pobres, de desplazados, de migrantes, de descartados. ¿Qué otro jefe de Estado o líder religioso ha venido a México a hacerlo?

Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días, y nosotros hemos de hacer todo lo posible para que estas situaciones no se produzcan más. El flujo del capital no puede determinar el flujo y la vida de las personas.

¿Qué mundo queremos dejarles a nuestros hijos? Creo que en esto la gran mayoría podemos coincidir. Ese es precisamente nuestro horizonte, esa es nuestra meta y, por ello, hoy tenemos que unirnos y trabajar. Siempre es bueno pensar qué me gustaría dejarles a mis hijos; también es una buena medida para pensar en los hijos de los demás. ¿Qué quiere dejar México a sus hijos? ¿Quiere dejarles una memoria de explotación, de salarios insuficientes, de acoso laboral? ¿O quiere dejarles la cultura de la memoria de trabajo digno, del techo decoroso y de la tierra para trabajar? ¿En qué cultura queremos ver nacer a los que nos seguirán? ¿Qué atmósfera van a respirar? ¿Un aire viciado por la corrupción, la violencia, la inseguridad y desconfianza o, por el contrario, un aire capaz de generar alternativas, generar renovación y cambiamiento? (Ciudad Juárez, Chihuahua).

Aquí en Ciudad Juárez, como en otras zonas fronterizas, se concentran miles de migrantes de Centroamérica y otros países, sin olvidar tantos mexicanos que también buscan pasar “al otro lado”. Un paso, un camino cargado de terribles injusticias: Esclavizados, secuestrados, extorsionados, muchos hermanos nuestros son fruto del negocio del tráfico humano, de la trata de personas.

No podemos negar la crisis humanitaria que en los últimos años ha significado la migración de miles de personas, ya sea por tren, por carretera e incluso a pie, atravesando cientos de kilómetros por montañas, desiertos, caminos inhóspitos.

Esta tragedia humana que representa la migración forzada hoy en día es un fenómeno global. Esta crisis, que se puede medir en cifras, nosotros queremos medirla por nombres, por historias, por familias. Son hermanos y hermanas que salen expulsados por la pobreza y la violencia, por el narcotráfico y el crimen organizado. Frente a tantos vacíos legales, se tiende una red que atrapa y destruye siempre a los más pobres. No sólo sufren la pobreza sino que encima sufren estas formas de violencia. (Ciudad Juárez, Chihuahua).

No se puede esperar que los ricos y los gobernantes hagan caso, si quiera, a estas palabras. Tampoco muchos de nosotros, quienes ocupamos muletas académicas e ideológicas para avalar los pensamientos, los sentimientos y los actos. Pero pasará algún tiempo y quizá, estas denuncias comiencen a tener sentido entre los que siempre hemos sido desposeídos, marginados, olvidados, explotados, dominados, colonizados, discriminados. La respuesta no puede ser desde la Razón, misma que ha servido de arma de exclusión, sino desde la cordialidad, desde el amor.

Picaporte

Ahora, no subirá el precio de dólar. Ahora, el precio de los alimentos llega a las nubes; la deuda pública aumenta y, el gobierno mexicano continúa con los errores de Carstens y Videgaray. No faltará quien diga que los precios por los cielos, también los fijó Francisco.

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