Joseph de Acosta, magno cronista de “Las Indias”, refiere, conjuntamente a sus andanzas por el Perú y por México los exuberantes relatos esgrimidos por Alvar Núñuez Cabeza de Vaca en relación, tanto a sus andanzas por la región de “La Florida” y la América del Norte como por lo que hace a las que emprendiera por las tierras guaraníes del Paraguay , periplo éste último en el que “taumaturgo” de la Florida se habría erigido en el formidable geógrafo descubridor de las “Cataratas del Iguazú”.
El principio generalmente aceptado, de que la obra del padre Francisco Xavier Clavijero, siguiendo el derrotero que le habría sido marcado con antelación por don Mariano Fernández de Echeverría y Veytia , habría inaugurado el nacionalismo mexicano al ser el decano de la historia antigua del país a raíz de que un vestigio de la importancia de la “Piedra del Sol” habría sido descubierto en las postrimerías del siglo XVIII ; tendría que ser cuestionado a cabalidad, dado el hecho de que Joseph de Acosta, en la “Historia Natural y Moral de la Indias”, hace constante referencia a la labor de recopilación de historia antigua de México llevada a cabo desde el Siglo XVI por Juan Tovar .
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Las anotaciones sobre la geografía física y vida silvestre de las Américas, hacen de la obra de Acosta un precedente obligado de “El Origen de las Especies”, sin que vaya en su menoscabo, el hecho de que las explicaciones que esgrimiera en relación a los fenómenos naturales partieran de lo asentado en las “Sagradas Escritutas”, después de todo, otro tanto habría que decir en relación al estudioso de teología anglicana que habría sido el propio Charles Darwin; por lo demás, la cita que de su obra hiciera John Locke en su “Ensayo del Gobierno Civil”, lo erige, por su parte, en uno de los principales promotores del pensamiento político moderno.
Acosta hace referencia en varias ocasiones a la célebre crónica de Alonso de Arcila sobre la conquista de Chile, conocida con el nombre de la “Araucana” y que resulta por demás significativa, dado el hecho de que es uno de los títulos arrojados a las llamas por el sacerdote del pueblo, la sobrina, el ama y el barbero que, tras el retorno de su primer viaje, desean curar de la locura al hidalgo manchego que, ya en su agonía , sabríamos a cabalidad que revestiría en nombre de Alonso Quijano; el “Amadís de Gaula” sería otro de los títulos a los que los amigos de don “Quijote” culparían de sus consabidos desvaríos.
El próximo 23 de abril estaremos conmemorando el aniversario luctuoso número 400 de don Miguel de Cervantes Saavedra, cuyos restos mortales, cabe recordar, habrían sido descubiertos recientemente por los investigadores forenses abocados a su búsqueda en cuestión, entre los muros del Convento de las monjas Trinitarias de Madrid.
Joseph de Acosta, cristiano nuevo de ascendencia judía, hombre abocado a cultivar el estudio de la gramática y las lenguas, disciplina e la que habría tenido discípulos de la tala de Juan Yepes, el célebre poeta místico conocido con el nombre hagiográfico de “San Juan de la Cruz”; habría sido también, asimismo, el gran cultor del mundo americano, cultivos que en nada habrían sido ajenos a la incansable curiosidad universal de don Miguel de Cervantes Saavedra.
La pertenecía a un mismo ámbito idiomático, así como los alcances universales de la obra cervantina, no son, ni con mucho, los únicos, aun cuando si sean acaso los más importantes, de los motivos que en nuestro país y en nuestro continente nos unes a la figura de Miguel de Cervantes; otro tanto habría que esgrimir respecto de las formidables crónicas de América de entre las cuales destaca la de Acosta y cuyo interés, por parte de Miguel de Cervantes, habría sido clave para alcanzar su dimensión universal.