Si colocáramos dentro de una licuadora: la bonhomía, poblanidad y mesura del doctor Toxqui; el cuidado en las formas, disciplina y ortodoxia de Jiménez Morales; la sencillez y carisma de Melquiades; y la visión y cultura política de Bartlett, quizá resultaría un gobernante con las características que los poblanos quieren.
Son sueños guajiros, ya lo sé. Pero es que con la lámpara de Diógenes se sigue buscando la figura ideal para gobernar Puebla. La gente los revisa con lupa y los juicios son muy severos. A todos les encuentran más oscuros que claros.
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No vamos a encontrar al candidato perfecto, está claro, pero siquiera una aproximación. No es mucho pedir. Revisan vida y trayectorias de Blanca, Gali, Doger y Jiménez Merino…y, no hay mucha tela. Y es triste que los partidos tengan que postular candidatos por la vía del descarte. Es decir, no al de más cualidades, sino al de menos defectos.
Y esto es decepcionante. Porque, por un lado exhibe la pobreza de los partidos. Por otro, queda a la vista el ínfimo aprendizaje de los hombres públicos tras su paso por el poder.
Los partidos, casi casi el único camino para llegar al poder, ofrecen más de lo mismo. Caras vistas, pasados cuestionables y enclenque oferta. Como si un estado con un riquísimo capital humano tuviera que uncir su futuro a cinco o seis personas. No más. No hay más. ¿No hay más?
Y ahí está el atorón. El panorama, observado desde un plano superior y externo, a veces pareciera un cajón, un espacio cerrado y sellado. Un coto donde la contienda es la búsqueda del poder por el poder. En serio, así parece.
Los protagonistas y sus patrocinadores parecen estar en un plano muy distinto al que una y otra vez muestran las estadísticas. Estas nos dicen que hay un hartazgo hacia los partidos y que partidos y representantes electos están en el último sitio de la popularidad y la confianza. Ahí, junto con la policía.
¿En verdad esto no les dice nada? ¿No les enseña nada?
Queda un pequeñísimo resquicio: el beneficio de la duda. Que algunos de ellos, con hechos más que con palabras, demuestren ser algo más de lo que le gente dice que son. Habrá que ver, que esperar un poco. Pero la gente no se hace muchas ilusiones. Y las ilusiones alimentan la esperanza, pero no el estómago…
MOREIRA, UN CHAPO EN ESPAÑA.- Su fortuna multimillonaria obtenida al amparo del PRI y del poder, hacen de Humberto Moreira una especie de Chapo de la política. Dejó a Coahuila con una deuda injustificable de más de 35 mil millones, es buscado en Estados Unidos por blanqueo de dinero; llega a España como un Creso y también es acusado y pescado por “lavado de dinero, malversación de caudales públicos, cohecho, organización criminal y otros delitos”, y en México, hasta antes del viernes último, siempre gozó de la protección del poder.
Hombre cercanísimo de Peña Nieto en campaña, salió escandalosamente del PRI y encontró una coraza de protección de la federación; gracias a ese blindaje, hoy se convierte en otro emblema de la corrupción del poder en el país. Por lo mismo es un durísimo bofetón a los bellos discursos anticorrupción que casi cada semana nos receta el presidente.
Y tiene que ser, ¡ooootra vez!, desde el extranjero de donde le corrijan la plana a la federación. Cuando no es Washington es Madrid. Qué vergüenza. Una evidencia más del doble discurso.
Corrupción e impunidad, los sellos de la casa…