No ocurre con frecuencia y solo dos aspectos inciden, esto es, cuando se está en el ocaso del poder público, y cuando la naturaleza misma lo reclama, en esta última hipótesis se encontró en su momento Hugo Rafael Chávez Frías, quien el cinco de marzo de 2013, falleció dejando una República Venezolana dividida y en notoria crisis, pero sobre todo peleado hasta consigo mismo, empero con un último aliento pretendió en todo momento la trasmisión del poder terrenal, mismo que logró para con su incondicional Nicolás Maduro Moros.
Esta película es una constante en nuestro país y por supuesto en nuestro estado donde no existe hasta ahora gobernador saciado de poder. La causa no es la continuidad de proyectos, es la preservación de un coto de poder que garantice el cuidado de sus interés díganse políticos o económicos.
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Los cánones de nuestra insípida democracia marcan que la decisión en la elección de un gobernante es del pueblo y que gobernador no deja gobernador, sin embargo, en la escena política pública, las caras que emergen de los grupos que pugnan por el poder siguen siendo las mismas, es decir de aquellos que no saben hacer otra cosa si no vivir del presupuesto.
Cuando se vive en la embriaguez del poder, desde luego sin el escrúpulo necesario, se pisotea, se ordena y el súbito cumple, más aun si el cumplir le representa mantenerse en el poder ya no se diga sin dignidad porque es habitual que ésta se desconozca.
En la cúspide de la pirámide del poder los políticos con las características a que me he referido olvidan su condición humana, es decir, que son tan mortales como los más de doscientos presos políticos que se encuentran en las cárceles poblanas y como aquellos a los que logran acallar con el sometimiento de su poder. No he podido interpretar de otra forma las declaraciones del senador Manuel Bartlett Díaz, en torno a los presos políticos en la entidad, si no como un acto propio de su actuar ya decrepito.
En efecto el político nacido en 1936, hijo de un juez de Distrito, que por razón de su cargo al asumir la responsabilidad del otrora juzgado segundo federal en esta entidad, trajo pequeño a estas tierras poblanas al ex gobernador, artífice no solo de la caída de un sistema si no básicamente fue este el personaje que inició la persecución política de la organización social denominada 28 de octubre, es decir se trata de un hombre clave en el encarcelamiento de Rubén Sarabia, conocido como “Simitrio”.
Con lo anterior me retrotraigo en líneas y expreso que resulta hipócrita la defensa Bartlett Díaz, respecto de los presos de conciencia en las cárceles poblanas, pues tampoco se trata de considerar que sus manifestaciones obedecen a que el camaleónico político vea el ocaso de su carrera y con ello el arrepentimiento, no, se trata de que en las supuestas filas de izquierda donde ahora milita requiere emitir este tipo de manifestaciones y si por estas expresiones he de recibir demanda que me anoten en la lista.
La realidad es clara quienes siguen encarcelando gente inocente y prefabricando delitos muy alejados se encuentran de conocer en aras del poder que ahora detentan su condición humana, esa que reitero se presenta en el lecho de muerte y en la caída libre del poder, ese poder que nuestro gobernador en turno pretende preservar como ciertamente lo hicieron sus antecesores y obvio ante una expectativa fallida ha llegado el momento de perdonar cuentas publicas, de tejer alianzas y buscar viejas amistades empresariales. Para un pueblo que todo lo permite y olvida nada es imposible para un político mexicano.
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