Francamente detestable. Demencial. El ataque gubernamental contra Simitrio parece no tener freno. Hoy amanecimos con la noticia de que ha sido trasladado del dormitorio A, al Z, de los reos peligrosos. El pasado miércoles tocó a Xihuel, otro hijo de sus hijos, ser detenido y llevado a la cárcel de Cholula. La acusación: narcomenudeo. En efecto, esta detención es parte de aquellas averiguaciones que la Procuraduría General de Justicia integró a partir de supuestas llamadas anónimas. ¿Y qué opinión le merece a los poblanos que el operativo policiaco para aprehender a Xihuel Sarabia haya sido dentro de una iglesia?, ¿qué dice al respecto la Iglesia? Si un recinto religioso no generó escrúpulo alguno ni inhibió la acción de la Policía Ministerial para entrar a consumar la detención, lo menos que puede decirse es que este gobierno no se detiene ante nada. No parece haber, ni siquiera, límite moral para sus actos ilegales de violencia institucional. Otra vez diciembre. Un padre, dos hijos y un vocero son el botín gubernamental. La amenaza contra otros familiares, sigue.
En pocos días se cumplirá un año del injusto encarcelamiento de Simitrio. Su salud, como ha venido denunciando su esposa Rita Amador, sigue en paulatina desmejora sin que el gobierno preste oído a los múltiples llamados para que, humanitariamente, se le brinde la atención médica que requiere con urgencia para salvar su vida. Como el perro de las dos tortas, ni lo atiende ni deja que su familia lo ayude. Su autoritarismo ha logrado, en poco tiempo, convertir toda cuestión de fomento, respeto y protección de derechos humanos en simple basura discursiva. En aras de domeñar políticamente a la UPVA 28 de Octubre no ha escatimado recursos ni acciones de baja estofa. Tomar rehenes -primero la libertad, luego la salud y ahora, ya, dos hijos- con ese objetivo, es la acción que compendia la miseria moral del régimen. Enviarlo al dormitorio de reos peligrosos sin consideración alguna para su delicado estado de salud no tiene nombre. A los perpetradores intelectuales y materiales de estas acciones preguntaré ¿cómo está su conciencia dando este trato a un hombre preso, gravemente enfermo, materialmente indefenso?, ¿pueden dormir?, ¿conviven tranquilamente con su familia?, ¿se pueden acercar a Simitrio, o su recién descubierta peligrosidad les asusta?, ¿no les importa destruir la vida de un hombre ni a su familia? Hay valores que no se aprecian, quizá, porque no se tienen.
Más artículos del autor
El diagnóstico médico es alarmante: menos de cincuenta mil plaquetas en sangre es un signo contrario a la vida. El riesgo de muerte deriva de la desatención médica propiciada intencionalmente por las instancias gubernamentales dependientes del ejecutivo: Secretarías de Gobierno, Seguridad Pública, Salud; y el Cereso. Doblegar la voluntad de Simitrio acudiendo a tan viles formas es sumamente difícil para no hablar de imposible. Sus convicciones políticas están bien arraigadas. Pretenderlo de esta manera, es vergonzoso y degradante para la institucionalidad del estado.
La Procuraduría General de Justicia, vocera del ejecutivo, ha dicho cantidad de dislates sobre la condición de preso político de Simitrio, que van desde la negativa simple de que lo sea, hasta el ofrecimiento público, no exento de engaño, del examen de los expedientes abiertos en su contra; para luego guardar taimado silencio frente a la propuesta de los ambulantes para un debate público del caso. La Secretaría General de Gobierno, por su carencia de argumentos legales y políticos, ha optado por cerrar las puertas del diálogo con los representantes de la 28, ya no digamos para examinar su liberación –que han formalmente puesto en manos de los jueces federales- sino ni siquiera para tratar lo relativo a su atención médica. No es ninguna exageración decir que la detención de sus hijos y su traslado al dormitorio Z, tienen por finalidad causarle aflicción y estresante angustia que le generen una baja en el estado de ánimo, como mecanismo natural para bajarle defensas que agudicen el deterioro de su salud. Una refinada modalidad de la tortura está ante nuestros ojos.
Este desmesurado ataque que abarca a los Sarabia, a Fernando Alonso y a la 28 de Octubre como organización social, ha llegado a un punto de relación política tan ríspido, que muestra, ya, la causa condicionante de este uso excesivo de fuerza en su contra: los ambulantes de esta organización y sus líderes no serán tratados como gobernados comunes y corrientes si no es a condición de aceptar su sometimiento político al gobierno en turno y es, en ello, donde le va la vida a Simitrio, tomada inmoralmente como moneda de cambio. Frente al oído sordo gubernamental, cualquier palabra pierde su sentido de comunicación. Colocados los ambulantes en esta encrucijada política de resistir la opresión, viendo como se le escapa la vida a su líder; no queda más camino que llamar a la sociedad poblana, a que se manifieste en todas las formas posibles para destrabar este conflicto que tiende a la polarización social. Pongamos alto a la degradación política y al abatimiento moral de las instituciones ¡Salvemos la vida a Simitrio!