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OPINIÓN

Niños obesos ¿Culpa de quién?

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Patricia Estrada

Directora de noticias y conductora del noticiero de La Tropical Caliente 102.1 FM

Ex reportera de Ultranoticias, Radio Oro, Radio Tribuna y Momento Diario. Aprendizaje permanente del año 2001 a la fecha; egresada en Ciencias de la Comunicación UPAEP.

Lunes, Diciembre 7, 2015

Las manos de un niño de casi 10 años con sobrepeso cargan un plato saturado de postres a las 9:30 de la mañana.

La familia disfruta de los hot cakes, panecillos, cereales y huevos al gusto que encuentran en el menú. Curiosamente uno de los padres -también con obesidad- advierte al menor que la harina es mala para su crecimiento. El niño recibe de mal modo el comentario pero decide comer la tartaleta, la gelatina y un pastel de fresa.

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La escena es casi la misma en varias mesas de un restaurante con vista al mar; los padres permiten a los niños servirse sin restricciones a sabiendas de que los más pequeños no tienen conciencia de su alimentación y que el desperdicio es pecaminoso.

Aunque en vacaciones es habitual comer más, lo cierto es que nuestro cuerpo refleja los excesos de azúcares y harinas. La obesidad nos ha superado, no se trata de lucir un cuerpo escultural sino de mantenerlo sano.

Debo confesar que no entendía el alcance del sobrepeso e indirectamente minimicé el problema comprando ropa más holgada; no reparé en vestir una talla más grande hasta que empecé a ver las fotos del "antes y el después".

La orientación de un buen nutriólogo fue indispensable. Recuerdo que mi querido Juan Romero dijo que solo necesitaba aprender a comer bien, corregir las porciones así como balancear y distribuir los alimentos durante el día; ese es el éxito de regresar al peso ideal en un tiempo relativamente corto.

Bajar de peso no implica morir de hambre con jugos o pastillas ni renunciar a los antojos para toda la vida, solo es autodisciplina. Las "dietas milagro" son factor de riesgo, ni de chiste intentarlas.

Aunque la mala alimentación está relacionada casi siempre a la falta de tiempo y economía, frente a una enfermedad no hay presupuesto que pueda costear medicinas ni familia que aguate mayores preocupaciones.

Por otra parte, la dinámica del hogar es diferente, las mamás tenían más tiempo para cocinar y la comida dejó de ser el momento más importante del día donde el tema de conversación eran las anécdotas de la escuela. Hoy, las circunstancias económicas y laborales han modificado ese tiempo valioso.

Sin embargo en muchas casas, el sándwich de jamón y el agua de limón que prepara mamá cada mañana sigue siendo un manifiesto de amor, aunque a veces sea una acción desvalorizada por la misma cotidianeidad escolar.

En fin, ahora que estamos próximos a celebrar Navidad y Fin de Año y las cenas son deleite del paladar disfrutemos lo que nos gusta sin excesos, y agradezcamos a la vida que somos bendecidos por esta oportunidad de hacerlo en familia.

Seguramente el gimnasio será el sitio más visitado durante enero por aquello de la "lonjita extra" pero una caminata de 20 minutos al día y una buena alimentación (sin necesidad de gastar) ayudará a mantenernos saludables el resto del 2016.

No formemos parte de la estadística (7 de cada 10 mexicanos tiene sobrepeso u obesidad) ni muchos menos permitamos que los menores sigan 'engordando' la lista de los enfermos con diabetes (actualmente uno de cada tres en México). La salud es un regalo valioso, "comer lo que sea" es un grave error que tarde o temprano cobrará factura de por vida.

Mi cuenta en Twitter @estradapaty

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