Fiel a su estilo de sempiternos dedazos y democracia simulada, el PRI poblano parece envolverse en su letargo de un autoengaño plagado de villanías palaciegas, donde los nombres del ex gobernador Mario Marín, del actual subsecretario federal Juan Carlos Lastiri, del ex alcalde Enrique Doger y de la actual senadora Blanca Alcalá ocupan los espacios de columnas que apuestan a tener la certeza de saber quién, cuándo y dónde se dará a conocer el tan esperado destape para la gubernatura del 2016.
De los padrinazgos, amarres, pactos, vendettas tiene mucha experiencia el tricolor. Lo lamentable es que un partido que se mantuvo en el poder durante 70 años practica como deporte favorito el retroceso y la antidemocrática elección de su candidato.
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Está más que claro, que la actual dirigencia nacional liderada por “Don Beltrone” pretende dar batalla en Puebla. Sin embargo, el mercado electoral ha cambiado y no precisamente a favor del Partido Revolucionario Institucional que si bien piensa capitalizar los errores o desaciertos de la actual administración gubernamental, tendrá que renovar esos discursos tan obsoletos y desgastados que a nadie convencen.
Escuchar y leer las hipócritas declaraciones del actual delegado de Sedesol en Puebla Juan Manuel Vega Rayet diciendo que no responde a los intereses de Juan Carlos Lastiri, es un verdadero atentado a la inteligencia.
Lo mismo que darle peso y credibilidad a los berrinches del diputado federal Alejandro Armenta Mier cuestionando la unidad de su partido y acusando que todo se concreta a una foto, cuando él fue uno de los primeros en avalar las simulaciones.
En las mafias, “las familias” no cambian, heredan sus vicios y mañas para seguir manteniendo el poder.
El silencio de la senadora Blanca Alcalá respecto a su posible designación como la candidata a la gubernatura, ha sido una muy buena estrategia que está pronta a fenecer y deberá enriquecerse con nuevas líneas de acción coyuntural.
El PRI se sigue moviendo con la tozudez de los dinosaurios que no evolucionaron.
Están empeñados en cargar a cuestas la pesada historia de las fobias y filias que impiden una elección interna que favorezca el mejor perfil.
Hoy sin duda la senadora Alcalá es la que tiene la batuta para encarar una campaña que se atreva a cambiar los viejos estilos dictados por “los usos y costumbres” donde los liderazgos son muchos y la rentabilidad está en riesgo.
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