No se necesita ser jurista o como dicen coloquialmente algunos abogados “clítoris de la jurisprudencia”, para comprender la relación directa que existe entre la ética pública del gobernante y su correspondencia en la legalidad al ser responsables de actos u omisiones en que incurran por el desempeño de sus respectivas funciones.
El Artículo 25 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, establece en su primer párrafo que: “Corresponde al Estado la rectoría del desarrollo nacional para garantizar que éste sea integral y sustentable, que fortalezca la Soberanía de la Nación y su régimen democrático y que, mediante la competitividad, el fomento del crecimiento económico y el empleo y una más justa distribución del ingreso y la riqueza, permita el pleno ejercicio de la libertad y la dignidad de los individuos, grupos y clases sociales, cuya seguridad protege esta Constitución. La competitividad se entenderá como el conjunto de condiciones necesarias para generar un mayor crecimiento económico, promoviendo la inversión y la generación de empleo”.
Más artículos del autor
La Ley Suprema instituye también en su Título Cuarto, lo relativo a las Responsabilidades de los Servidores Públicos, Particulares Vinculados con Faltas Administrativas Graves o Hechos de Corrupción, y Patrimonial del Estado, particularmente en el párrafo tercero del Articulo 108, se establece que: “Los Gobernadores de los Estados, los Diputados a las Legislaturas Locales, los Magistrados de los Tribunales Superiores de Justicia Locales, en su caso, los miembros de los Consejos de las Judicaturas Locales, los integrantes de los ayuntamientos, así como los miembros de los organismos a los que las Constituciones Locales y el Estatuto de Gobierno del Distrito Federal les otorgue autonomía, serán responsables por violaciones a esta Constitución y a las leyes federales, así como por el manejo y aplicación indebidos de fondos y recursos federales.
En esta tesitura el Artículo 134 Constitucional, señala categóricamente: “Los recursos económicos de que dispongan la Federación, los estados, los municipios, el Distrito Federal y los órganos político-administrativos de sus demarcaciones territoriales, se administrarán con eficiencia, eficacia, economía, transparencia y honradez para satisfacer los objetivos a los que estén destinados.”
En un contexto de sucesión gubernamental en el Estado de Puebla, para el año 2016, las campañas aun no dan inicio pero el ambiente de activismo político es más que evidente, el triunfo o fracaso de la minigubernatura en Puebla será la catapulta o la horca para el 2018 del actual gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, en su aspiración presidencial. Para quienes dejaran el ejercicio del poder público y los que aspiran a gobernar, bien deberían tener presente tres máximas populares que dicen… “los carniceros de hoy, serán las reses del mañana”, “a chillido de marrano, cuchillo de carnicero”, “cuando fuiste martillo no tuviste clemencia, ahora que eres yunque, ten paciencia”.
No siempre los malos gobernantes son destituidos, inhabilitados o sancionados penalmente por sus actos u omisiones. Ante evidencias atentatorias a la legalidad, honradez, imparcialidad y eficiencia en sus funciones y resultados, simplemente recurren a despachos corporativos para “cuadrar” las inconsistencias, para que los diputados aprueben sus cuentas públicas y asunto arreglado.
Para crear la aureola de la ética pública, circulan cientos de manuales existentes sobre control de daños y reposicionamiento de discurso e imagen pública que drenan en los laberintos del poder político, algunas recomendaciones que se sugieren recurrentemente para revertir la percepción negativa del ciudadano hacia el gobernante y convertirlo en “cautivador de serpientes” son:
Estas sugerencias generalmente aparecen en documentos confidenciales y en materiales impresos y electrónicos para conferencias, cursos, talleres, seminarios, diplomados en liderazgo, toma de decisiones, motivación, etcétera. Con rigurosidad metodológica de medición en la comunicación política existen aportaciones más elaboradas para su consecución con eficientes resultados, pero con un gran inconveniente: el temperamento colérico y sus reacciones patológicas de los gobernantes no son buenas consejeras para hacer posible evaluaciones positivas de los ciudadanos a su gestión pública. ¿Será aplicable este factor o variable para algún gobernante poblano o sucesor ?
nish76@hotmail.com