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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Publicidad gubernamental: instrumento de control

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Raúl Espejel Pérez

Ha colaborado como articulista en la revista Jueves de Excélsior, El Universal de México, El Universal Gráfico, El Universal de Puebla, El Día, Nueva Era de Puebla y la revista Momento de Puebla (versión impresa y digital).

Martes, Septiembre 29, 2015

La libertad de prensa hoy en día ha alcanzado su más alto grado de expresión en la historia de México. Sin embargo, todavía no es un derecho que se ejerza con plena autonomía, sin limitaciones de ninguna índole y sin riesgo de ser objeto de coerciones. En la medida que la prensa se ha desarrollado a lo largo y ancho del territorio, la clase gobernante creó y utilizó los mecanismos idóneos para mantenerla bajo su control y dominio.

Dos de ellos consistieron en la distribución de papel a través de la PIPSA y la censura de los contenidos periodísticos.

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Con la finalidad de controlar a la prensa, ahora se recurre al otorgamiento discrecional y selectivo de la publicidad gubernamental. Esta estrategia resulta una eficaz medida de presión financiera para mantener a los medios informativos bajo el dominio del gobierno.

Distribución monopólica de papel

Entre el 21 de agosto de 1935, fecha en que el presidente Lázaro Cárdenas fundó la Productora e Importadora de Papel, S. A. (PIPSA), con el propósito de regular la importación, el precio y la distribución de papel para los medios informativos impresos y el 16 de octubre de 1990, día en que se liberó la comercialización de ese insumo, siendo presidente Carlos Salinas, esa empresa actuó como su único importador y distribuidor.  

Al convertirse PIPSA en el monopolio distribuidor del papel que utilizan las empresas periodísticas, la existencia y estabilidad de éstas, pasaron a depender del tipo de relación que cada una de ellas tuviera con el gobierno federal.

Los medios informativos impresos que en sus contenidos no cuestionaban ni criticaban el desempeño de las autoridades gubernamentales y en particular, el del Presidente de la República, no tenían problema para obtener la cantidad de papel que demandaban. Pero tratándose de periódicos incómodos para el gobierno, por su línea crítica e independiente, enfrentaban obstáculos y dificultades para obtener la materia que les permitiera llegar puntualmente a manos de sus lectores.

De esta manera, el gobierno federal atentó contra la libertad de prensa durante poco más de medio siglo.

Censura de la prensa

La función sustantiva de la prensa nacional es la de dar a conocer a sus lectores lo que acontece cotidianamente en el mundo y, de manera específica, lo que sucede en México.

Esta importante actividad de difusión informativa estuvo controlada por el gobierno, a través de la censura que llevaba a cabo mediante un sistema de vigilancia, de tipo policiaco, que operaba en las instalaciones de los medios informativos y le permitía eliminar o matizar los contenidos periodísticos que consideraba contrarios a su interés, al conocerlos antes de su publicación.

La otra forma de censura no se dirigía hacia los medios informativos, sino se efectuaba a manera de represalia contra los periodistas que transgredían los límites de tolerancia establecidos por las autoridades gubernamentales y consistían en ejercer presiones para que fueran expulsados de los medios informativos donde laboraban.

Siendo director del semanario Hoy, el periodista José Pagés Llergo, publicó en 1952 una fotografía donde se encontraba la hija del presidente Miguel Alemán Valdez, Beatriz Alemán Velasco, acompañada de su esposo Carlos Girón, en un cabaret de la ciudad de París, Francia, presenciando un espectáculo de bailarinas. Esto provocó la ira de Miguel Alemán y violentando la libertad de prensa, promovió la inmediata salida de Pagés Llergo de la dirección de la revista Hoy. Cuatro o cinco meses después, Pagés se reincorporó al periodismo al fundar la revista ¡Siempre!

El presidente Gustavo Díaz Ordaz también combatió la libertad de prensa. Primero utilizó a la PIPSA como ariete para obstaculizar la publicación de la revista Política. Después arremetió contra el director del Diario de México porque un trabajador de esa empresa editora se equivocó al colocar bajo una fotografía del entonces Presidente de la República, el pie de grabado correspondiente a la fotografía de un chimpancé que un país africano donó al zoológico del Bosque de Chapultepec.  

Años después, el presidente Luis Echeverría Álvarez –en 1976–, también demostró su alergia a la crítica de los medios informativos, al promover la salida del periodista Julio Scherer García de la dirección general del periódico Excélsior. Cuatro meses después de ser expulsado de ese importante medio informativo, Scherer correspondió al ataque Echeverría con la aparición de la revista Proceso.

Se puede decir que la ininterrumpida y útil presencia en México de las revistas ¡Siempre! y Proceso, constituye la respuesta reprobatoria del periodismo crítico e independiente a los ilegales e ilegítimos propósitos gubernamentales de violentar la libertad de prensa.

Esa forma de censurar e incidir en la orientación de las noticias periodísticas está en desuso. Sin embargo, permanece vigente otra. Más sutil que la anterior, pero más nociva, porque a corto o largo plazo atenta contra la estabilidad financiera de las empresas periodísticas. El perverso manejo de la difusión pagada de actividades gubernamentales.

Otorgamiento de publicidad  gubernamental

Aprovechando que la situación financiera de la mayoría de medios informativos no es lo suficientemente sana, porque sus tirajes son bajos, la venta de publicidad constituye su principal fuente de ingresos.

El gobierno, en sus tres niveles ─federal, estatal y municipal─ aprovechan esta coyuntura económica para tratar de subordinar a sus intereses políticos a los medios informativos. Otorgándoles, discrecional y selectivamente, la publicidad gubernamental, mediante la estrategia de castigar a los periódicos que desempeñan su actividad editorial e informativa en función de una línea crítica e independiente y de premiar a los que ejercen un periodismo light o hasta de adulación o complicidad.

A los primeros, a manera de represalia, se les niega o disminuye el acceso a la publicidad gubernamental. A los segundos, se estimula su docilidad, comprándoles los mayores espacios publicitarios.

En alguna ocasión, siendo Presidente de la República, José López Portillo, justificando esta conducta represiva contra la prensa escrita no alineada con el gobierno, pronunció su célebre frase que se hizo famosa por su elevada dosis de cinismo: “No pago para que me peguen”.  

Esto revela que la libertad de prensa depende, de la buena o mala voluntad que tenga la clase gobernante hacia los medios informativos. ¡Así, de simple!

La Presidencia de la República es el área de la Administración Pública Federal  que tiene el mayor gasto en publicidad. En el primer año de gobierno de Vicente Fox se erogaron 3 mil 495 millones 230 mil pesos en la compra de espacios periodísticos para publicitar acciones de gobierno. En el mismo lapso de la administración de Felipe Calderón, ese gasto se elevó a 5 mil 261 millones 510 mil pesos y con Enrique Peña, en el período homólogo, se gastaron 4 mil 195 millones de pesos.

El gasto diario en publicidad de Fox en los primeros 365 días de  su gobierno, fue de 9 millones 575 mil 973 pesos. Calderón gastó 14 millones 415 mil 96 pesos diariamente durante su primer año de su mandato y Peña, 11 millones 493 mil 369 pesos.

En lo concerniente al estado de Puebla, Rafael Moreno Valle Rosas gastó en publicidad durante su primer año de gobierno 180 millones 442 mil pesos. Con un promedio, en cifras cerradas, de 495 mil pesos diariamente.

Mientras estas cantidades de dinero, invertidas razonablemente en escuelas, hospitales y obras hidráulicas, servirían para mejorar la calidad de vida de miles de mexicanos, los gobiernos de Peña Nieto y Moreno Valle, las distribuyen selectivamente entre los medios informativos con la finalidad de premiar a los que condescienden con ellos y castigar a quienes ejercen un periodismo crítico e independiente. Las presidencias municipales, entre éstas, la de Puebla, no están exentas de esta inmoral práctica coercitiva.

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