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OPINIÓN

La nefasta clase política mexicana

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Raúl Espejel Pérez

Ha colaborado como articulista en la revista Jueves de Excélsior, El Universal de México, El Universal Gráfico, El Universal de Puebla, El Día, Nueva Era de Puebla y la revista Momento de Puebla (versión impresa y digital).

Viernes, Septiembre 18, 2015

Leyendo una nota reciente del periódico Reforma, acerca del comportamiento soez de la diputada federal del PRI, Carmen Salinas, saltó a mi memoria el recuerdo, siempre presente, de la pésima imagen que se tiene en México de la clase política.

No es casualidad que la inmensa mayoría de mexicanos –si no es que la totalidad– tengamos el peor concepto de la clase política del país, por el reprobable comportamiento de los políticos que la componen.

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La historia registra numerosos casos de corrupción, tráfico de influencias, uso indebido de la función pública, enriquecimiento ilícito, uso indebido de información privilegiada, adjudicación de prebendas, apropiación de recursos financieros y materiales de orden público y de otros excesos más, cometidos por servidores públicos.

Todos los partidos políticos –grandes o pequeños– de derecha, centro e izquierda, han contribuido con su mala actuación a la degradación de la política mexicana. El objetivo central de la mayoría de ellos, no es promover la participación del pueblo en la vida democrática del país, ni siquiera acceder al poder público por la vía electoral, sino mantener su registro ante el INE para no perder la oportunidad de embolsarse las millonarias partidas de dinero público que les son asignadas por una ley dispendiosa.

El hecho que ahora una señora inculta, ignorante, lépera y vulgar, como es, de pies a cabeza, doña Carmen Salinas, sea diputada, es una vergüenza nacional. No es culpa de ella porque no fue quien buscó la candidatura. En nombre del PRI y en agravio de la sociedad, se la ofreció César Camacho, en ese entonces líder supremo de ese partido corrupto, patrimonialista y antidemocrático.

Esta señora ha expresado dos grandes propósitos legislativos: Impulsar una iniciativa de ley para que en las escuelas primarias y secundarias se impartan clases de actuación (con esto las Carmen Salinas se multiplicarían en el país en cantidades descomunales) y efectuar un homenaje a Tin-Tán para conmemorar el centenario de su natalicio.

La nociva clase política del país, no sólo está compuesta por legisladores de la estirpe de la señora Carmen Salinas, sino de gobernantes –federales, estatales y municipales– corruptos e ineficientes. De ministros, jueces, agentes del Ministerio Público y policías sobornables. También de secretarios de Estado y directores de organismos centralizados y descentralizados. Así como de partidos y dirigentes políticos cuyo supremo y único interés es succionar las finanzas públicas.

En respuesta a la publicación de una fotografía donde aparece Carmen Salinas durmiendo en su curul y a más de 120 mil personas, que mediante su nombre y firma, solicitan la destitución de la legisladora priista, ésta se expresó en términos soeces, impropios de una señora decente.

Este incidente puso al descubierto, una vez más, que Carmen Salinas no es idónea para ocupar decorosamente un lugar en la Cámara de Diputados. Su permanencia en ella, contribuye a reafirmar la pésima impresión que se tiene de la clase política mexicana.    

Ya es tiempo que los políticos empiecen a trabajar por la dignificación de esa importante actividad pública, que debería utilizarse para bien servir al país y a los mexicanos.

Casos como a los que a continuación se enumeran y pintan de cuerpo entero a muchos políticos, no deberían repetirse jamás:

En  2003, el diputado local y presidente de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y ex secretario particular de Andrés Manuel López Obrador, René Bejarano fue filmado recibiendo fajos de billetes de manos del empresario argentino Carlos Ahumada Kurtz. Dinero destinado a campañas electorales del PRD.

Otro ejemplo típico de la descomposición que corroe a la clase política mexicana es el de un individuo de nombre Rubén Escamilla Salinas, destacado miembro del PRD, que siendo delegado del gobierno del Distrito Federal, en la demarcación de Tláhuac, en 2012 presionó a una trabajadora para que le hiciera sexo oral a cambio de otorgarle la basificación laboral.  

En vez de removerlo del cargo, el PRD, PT y el Partido Movimiento Ciudadano lo postularon como candidato a diputado local. Resultando electo –para el período legislativo 2012-2015– por el voto irracional de los electores perredistas.

La sobresaliente ex atleta olímpica, Ana Gabriela Guevara, fue postulada en 2012,  por el PT como candidata a senadora por el estado de Sonora. Al resultar electa, debido a su evidente ignorancia política, acudió erróneamente a rendir la protesta constitucional a la cámara de Diputados en vez de hacerlo en la de Senadores.  

Luz María Beristain Navarrete, senadora de la República por el PRD, brilla por su ausencia en la tribuna del Senado, pero es especialista en protagonizar escándalos. Armó dos donde hizo alarde de influyentismo.

Uno, ocurrió en 2013, en el aeropuerto de Cancún, cuando amenazó con cesar de su empleo al personal de una línea aérea que le negó el acceso a un avión por presentarse fuera del tiempo programado para abordarlo. Otro sucedió cuando se opuso a que un policía aplicara una infracción, por violar el reglamento de tránsito, a la conductora de un automóvil donde viajaba la violenta legisladora conocida como Lady Senado. 

Los integrantes de los poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo deberían ser ciudadanos ejemplares. De probada y comprobada honorabilidad. De buenas costumbres y conducta intachable. Poseedores de cultura y preparación académica razonables.

Existen y han existido legisladores que no saben expresarse adecuadamente y durante su gestión no se atreven a pararse frente a la tribuna parlamentaria ni para tomarse la fotografía del recuerdo. A otros –o a los mismos– se les dificulta escribir y redactar textos correctamente. La mejor y más contundente prueba de ello, es que abundan las leyes mal redactadas, con grandes deficiencias e insuficiencias, entre éstas se encuentra la mismísima Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Pero todos, sin excepción, son buenísimos para cobrar las dietas, los gastos de atención ciudadana, los apoyos legislativos, los gastos de telefonía celular y gasolina y recibir las pólizas de seguros de vida y gastos médicos mayores, etc.

Tengo presente en mi memoria el caso del ahora gobernador del estado de Chihuahua, César Duarte Jáquez, quien siendo diputado federal por el PRI en la LVIII Legislatura (2000-2003) presentó y cobró a la Cámara de Diputados una factura por más de 250 mil pesos, por concepto de servicios médicos, que según dijo, sin ser cierto, fueron proporcionados a su esposa. La señora Duarte, según la investigación periodística realizada por la reportera Anabel Hernández, negó haber recibido la atención médica facturada. En vez de ir a parar a la cárcel, el PRI lo mandó a gobernar el estado de Chihuahua.

Si eso hizo este individuo siendo un simple diputado priista, que no estará haciendo ahora que es gobernador de Chihuahua.

Durante muchos años antes de obtener, en 2009, el título de Licenciado en Derecho, por la Universidad del Valle de México, César Duarte incurrió en el delito de usurpación de profesión al ostentarse como “licenciado” sin contar con la acreditación legal correspondiente. Ahora se le acusa en Chihuahua de ser accionista de una institución bancaria local. 

Los miembros de la clase política no deben ser abusivos ni prepotentes. Vivir como siempre han vivido y no disponiendo de bienes mal habidos. Sin excesos ni ostentaciones. Desempeñar sus funciones públicas para servir a la sociedad y no servirse de ella, arrogándose fastuosos salarios e ilegítimas prebendas y canonjías.

Debido a la mala forma como han desempeñado –y desempeñan– sus cargos públicos infinidad de miembros de la clase política, ésta es sinónimo de corrupción, lucro, componenda, deshonestidad, engaño, abuso, desfachatez, descaro y cinismo. ¿Hasta cuándo los mexicanos soportaremos a esta nefasta y nociva clase política?

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