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OPINIÓN

Los lamentos del presidente Peña

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Raúl Espejel Pérez

Ha colaborado como articulista en la revista Jueves de Excélsior, El Universal de México, El Universal Gráfico, El Universal de Puebla, El Día, Nueva Era de Puebla y la revista Momento de Puebla (versión impresa y digital).

Martes, Septiembre 15, 2015

Existen elementos de juicio para pensar que el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, psicológicamente presenta un agudo cuadro clínico de ambivalencia, que al desempeñar sus funciones públicas lo hace experimentar simultáneamente dos sensaciones o sentimientos contradictorios.

Viene a colación esta apreciación, porque aunque suele decir que desempeña sus funciones desinteresadamente, sin esperar que alguien le cuelgue “medallitas” en el pecho, lo cierto es que se molesta sino se las cuelgan, porque en su fuero interno le agradaría que alguien lo hiciera en reconocimiento a lo que él considera haber hecho bien su cotidiano trabajo.

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Aunque el presidente ha declarado a los medios informativos que no trabaja para que le cuelguen “medallitas”, como aseguró, el 26 de marzo, al poner en servicio un libramiento carretero en Tlaxcala, lo cierto es que, tiene hambre de reconocimiento, o sufre amnesia.

Poco antes de esta declaración mediática, es decir, el 3 de febrero, Peña Nieto, al sacar del sarcófago en que él mismo metió a la secretaría de la Función Pública y anunciar la designación de su encubridor Virgilio Andrade, como titular de esa dependencia del gobierno federal, se lamentó que los reporteros que cubren la fuente de la presidencia no le “aplaudan”.

El viernes 11 de septiembre, al inaugurar dos puentes viales en el estado de México, el presidente dirigió su discurso a todos “los pesimistas que no reconocen los avances logrados” y a lamentar que en vez de colocarle las consabidas “medallitas”, su gobierno sea objeto de expresiones recriminatorias, por parte de quienes se niegan a reconocer los logros que –según Peña– se han obtenido durante su administración gubernamental.

Dijo que su gobierno “ha querido darle (sic) impulso y paso a cambios estructurales que permitan que nuestro país tenga un mayor desarrollo y genere condiciones de bienestar. Hay quienes en este escenario o, más bien, este objetivo a veces lo llegan a poner en duda, las expresiones un tanto pesimistas de cómo estamos. Pareciera  que no quisieran reconocer los avances, los logros que se han tenido y cómo estamos en la ruta, realmente, que nos va permitir llevar a México a mejores condiciones.”

A quienes con su actitud pesimista dudan que estamos avanzando -continuó lamentándose- Peña, les espetó: “Aquí está la voz del Presidente de la República que les quiere mostrar y acreditar que vamos por la ruta correcta y que hay cifras alentadoras que el país está creciendo y alcanzando niveles de desarrollo.” 

Dentro de los supuestos avances, Peña resaltó que en lo que va de su administración “se han creado un millón 500 mil empleos formales”, según cifras reportadas por el Instituto Mexicano del Seguro Social. Pero tuvo buen cuidado de no explicar cómo fue que se logró la generación de esa cantidad de empleos, si la economía de México no ha crecido más allá de 2%, no obstante durante su campaña electoral se comprometió a conducir al país hacia mayores niveles de crecimiento económico, justicia y bienestar social.

¿Acaso se trata de un milagro de la Divina Providencia?

Porque que los empleos productivos se crean cuando la economía de un país se mueve hacia adelante, es decir, cuando crece, y no hacia atrás como está ocurriendo en México.

Esta afirmación del presidente Peña tiene más dudas que certeza. Porque para crear empleos la economía del país debería tener un crecimiento sostenido de 3% y lo cierto es que ha sufrido un decremento.

En caso que no fuere mentira –como es factible que lo sea–, sino verdad, la creación del millón 500 mil empleos en los casi tres años de gobierno del titular del poder Ejecutivo federal, no existe razón de ninguna índole para ufanarse porque el país requiere de un millón 300 mil empleos anuales para que los jóvenes –mujeres y hombres– que se incorporan en ese lapso a la Población Económicamente Activa (PEA), obtengan una fuente permanente de ingresos, bien o medianamente remunerada.

El presidente Peña en vez lamentarse porque la mayoría de mexicanos no aplaude sus actos de gobierno ni le cuelga “medallitas” en el pecho, debe hacer un ejercicio de autocrítica para que logre entender que millón y medio de empleos son insuficientes para cubrir la demanda nacional.

Ni Vicente Fox, ni Felipe Calderón, ni él en sus tres primeros años de gobierno, han hecho lo necesario para atemperar efectivamente el problema del desempleo en México. ¡Así que no es válido ética, moral y políticamente asumir actitudes triunfalistas en esta materia, como la de Peña Nieto!

En otra parte de su discurso, el presidente enfatizó que “hoy hay beneficios tangibles, como la disminución en tarifas eléctricas, cancelación de cobro de tarifas de larga distancia nacional, además del fin de los “gasolinazos.”

Peña presume que con la reforma energética bajarían las tarifas eléctricas, pero la realidad es otra muy diferente a lo que pregona el Presidente de la República.

La tarifa industrial se elevó en el mes de septiembre de este año, en relación al mes de agosto, entre el 5.6% y 9.4%. La tarifa aplicable al sector comercial se incrementó entre 3.9% y 6.3% y la tarifa para usuarios domésticos de alto consumo el alza fue de 3.9% por kilowatt-hora consumido (Periódico Reforma, 2 de septiembre 2015).

El cobro de las llamadas telefónicas de larga distancia como si se tratara de llamadas locales es  irrelevante, en materia de incidencia en el mejoramiento del poder adquisitivo de los mexicanos, porque el uso doméstico del servicio de larga distancia involucra a una significativa minoría de la población.

La cancelación de los “gasolinazos” tampoco incide en la mejoría del nivel de vida de los mexicanos porque no todos cuentan con automóvil propio.

En cuanto a que la carestía de la vida va a la baja, como afirmó el presidente Peña en su discurso del 11 de septiembre, en el estado de México, es un razonamiento falso. La devaluación del peso mexicano y el consiguiente encarecimiento del dólar estadounidense se reflejan en los precios de todos los artículos elaborados y materias primas de importación que se consumen en el país.     

Además al elevarse el precio del dólar, automáticamente se incrementa el monto de la deuda externa –en término de pesos mexicanos– y también sube el costo de su financiamiento.

Asegurar que el país va por la “ruta correcta” es otra baladronada del titular del poder Ejecutivo federal cuando la deuda externa de la nación se ha elevado exponencialmente durante su administración gubernamental, al grado que México es uno de los países más endeudados del mundo. Y cuando se recortarán 286 millones 400 mil pesos  en el gasto en medicinas para el ISSSTE.

Por último, resulta otra tomada de pelo de Peña Nieto afirmar, en lo referente al gasto público, que “Hemos decidido apretarnos el cinturón (y) generar ahorros”, cuando la Presidencia de la República elevará, en 2016, 36 millones 727 mil pesos sus gastos de publicidad.

¡Vaya forma de “apretarse el cinturón (y) generar ahorros” del presidente Peña! ¡Sería mejor para el país que no se lo apriete y tampoco genere ahorros!

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