“…Yo seguiré adelante
atravesando miedos
sabe Dios que nunca es tarde
para volver a empezar
Volver a empezar
que aun no termina el juego.
Volver a empezar
que no se apague el fuego.
Queda mucho por andar
y que mañana sera un día
nuevo bajo el sol
volver a empezar…”
Alejandro Lerner. Volver a empezar.
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Hoy escribo para ti, profesor o profesora que regresas a clases después de un breve receso para encontrarte con un nuevo grupo de alumnos a los que intentarás formar seguramente con toda tu capacidad, energía y compromiso, no solamente en los distintos saberes que les hacen falta para conocer el mundo sino también en las diferentes dimensiones humanas que requieren desarrollar para conocerse a sí mismos y ubicarse de manera consciente y comprometida como ciudadanos del mundo.
Todo inicio de ciclo escolar es simultáneamente un regreso a lo de siempre y una aventura nueva, porque por una parte el inicio de un ciclo escolar implica el reinicio de un proceso que se repite una y otra vez, año con año, generación tras generación, pero por otro lado empezar un año académico implica conocer nuevos alumnos y un nuevo grupo que no son nunca iguales a los anteriores y enfrentar nuevos retos y vivencias que pueden ser siempre novedosas siempre y cuando estemos abiertos a dejarnos sorprender.
De manera que hoy, profesor, profesora, estás de regreso a tu aula y dispuesto a volver a empezar.
Volver a empezar “atravesando miedos” por las crecientes exigencias y demandas de la sociedad, el Estado y las instituciones hacia la labor docente: planes de mejora, evaluaciones, planeaciones didácticas, capacitación y actualización, expectativas sociales de que la escuela y el docente son los responsables de resolver todos los complejos campos problemáticos que nos presenta la vida en este mundo global y salvajemente competitivo.
Volver a empezar con la convicción renovada –a pesar de todos los signos de desmoralización de la sociedad mexicana en crisis- de que “aún no termina el juego” y que es posible todavía vencer al México de la corrupción, la impunidad y la violencia a través de la formación de los futuros ciudadanos con una nueva mentalidad capaz de renovar las instituciones, que es posible contribuir a la renovación de la institución escolar para volverla un espacio que genere nuevas mentalidades.
Volver a empezar asumiendo el papel de conservadores de la cultura, de una cultura viva que es la raíz en la que se puede cimentar y alimentar la libertad para volar hacia horizontes distintos y mejores para todos. Empezar nuevamente desempeñando con eficacia el rol de revolucionantes de la cultura, de facilitadores de procesos de innovación y transformación de la sociedad hacia la justicia y la democracia auténticas.
Volver a empezar pensando y actuando como profesionales de la esperanza, conscientes de la enorme responsabilidad que implica cuidar “que no se apague el fuego” del deseo de vivir humanamente, del impulso a conocer la realidad con verdad, del dinamismo de búsqueda de lo que vale la pena para ser mejores personas y construir mejores comunidades, sociedades con calidad de vida y un planeta al que todos podamos llamar “Tierra-patria” porque es realmente una casa común donde no se excluye a nadie de la humanidad.
Volver a empezar con la consciencia de que “queda mucho por andar” y que no podemos renunciar a seguir caminando, trabajando, luchando, creyendo y confiando en el poder transformador de la educación entendida como el proceso misterioso en que la humanidad se regenera a sí misma a través del diálogo y la colaboración.
Volver a empezar con la persistente determinación de quien sueña con otro mundo posible, con otra educación posible, con otra ciudadanía posible, con otra humanidad posible.
Hoy escribo para ti, profesor o profesora que regresas a clase para volver a empezar y te exhorto a que este nuevo comienzo sea la puerta hacia un nuevo camino lleno de misterio y posibilidades y no la simple reactivación de una rutina mecánica y enajenante. Porque tu alumno lo necesita, porque México lo pide con urgencia, porque el mundo lo pide a gritos, porque “nunca es tarde para volver a empezar”.