Dos personajes, en el flanco del PRI, se reunieron en días recientes con periodistas para hablar sobre sus aspiraciones a la gubernatura. Me invitaron a dos comidas, una con Lucero Saldaña y otra con Alberto Jiménez Merino.
Lucero es una mujer marcada por la fortuna. Sus pasos fueron guiados por la estrella de Belén, qué duda cabe!. Ser suplente de otros políticos y estar en el lugar adecuado en el momento oportuno la llevó a los cuernos de la luna. Pero nada más. Hoy, en vísperas de la lucha por la gubernatura ha procedido con la ortodoxia tricolor.
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Esto es: de acuerdo con el artículo 22 fracción III del Manual del Buen Priista, que a la letra dice: “frente a cada nueva elección, levanta la mano, que el saber poco te importe”. Y así lo hizo. Comentó su aspiración, legítimamente. Esperábamos un bosquejo del Estado que imagina, la proyección de ideas reformistas, novedosas, avanzadas, correctoras para un nuevo sexenio, pero nada de eso hubo.
Se dirá que no es tiempo, que son etapas, que hay formas. Tal vez. Pero hoy, pienso, las formas de la competencia demandan otras cosas. La sociedad es más severa, analítica y exigente. La argumentación y sustento de una pretensión deben advertirse, sentirse. Sea para motivar, convencer o, mejor aún, seducir. Y por supuesto, para competir con los de enfrente.
Alberto vino de la periferia al centro. Es producto del esfuerzo. Del campo a la ciudad. Pero…creo que ahí se quedó. Sí, ha tenido una trayectoria exitosa, ha escrito varios libros sobre el campo, maneja espléndidamente los temas del campo, es fiel al campo, el campo es su campo, y…?
Igualmente, nos dejó a los comensales en espera de una visión de estado. Su aspiración es monotemática y casi también monocorde. Con más tablas que Lucero, su impacto en los concurrentes no fue muy distinto, y eso debiera preocupar. Naturalmente, no estamos en tiempo de campaña abierta. Pero…
Pero ¡qué importante es cubrir las expectativas! En la comunicación política, quien no impacta en los primeros minutos perdió la oportunidad.
¿Por qué proyectar el techo tan corto que se pueda alcanzar estirando la mano? , ¿por qué no elevar la vista en el horizonte?, ¿por qué no romper esquemas?, ¿por qué no más lecturas, estudio, audacia, si hay materia prima?
Andar por el mundo permite observar, aprender, abrevar otras experiencias. La relación humana enriquece si se mantiene una actitud abierta, sensible. Y luego lo otro: la osadía inteligente, el atrevimiento preparado, la sana ambición sin límites. ¿Entonces…?
Salvo que sea lo de siempre: juegos domésticos de poder para pepenar lo que caiga.
Hay políticos poblanos que nos dan la impresión que su mundo empieza y termina en el marco de la cartografía del estado. Aquí se sienten doctores en ciencia política. Son como de casimir inglés pero con ideas porfirianas. Pienso en Marín, por ejemplo. Se salen del territorio y siguen pensando que fuera de Puebla todo es Cuautitlán.
Y siempre que se trata sobre esto invariablemente la memoria lleva a Juárez. Uno de sus grandes valores fue no temer al talento ajeno. Y tuvo talento superlativo a su derredor. Y escuchaba la crítica (no sólo la oía), y sabía perfectamente a dónde iba. Pero además tuvo otras cosas, claro…
Me parece que en política ganan los que se atreven. Pero primero se nutren, se blindan.
Desde luego, los resultados no caen del cielo, ni son producto de un milagro, ni resultado de un ensalmo. Alfaro en Jalisco y “El Bronco” en Nuevo León, sin duda tuvieron trabajo, trabajo y más trabajo.
Lo dicho, haciendo lo mismo no obtendremos resultados diferentes.