Ante el inicio de este nuevo ciclo escolar 2015-2016, les invito a situarse en el contexto de las necesidades y emociones de los profesores y alumnos para provocar sinergias en los procesos educativos, es decir, mover las emociones correctas para lograr lo mejor.
Sin estar de acuerdo con los actos de protesta no pacíficos y la posible suspensión del inicio del ciclo escolar, creo necesario cuestionar aquello que se ha observado falta a esta “reforma educativa”, que sin duda tiene mucho de laboral y que está basada en la evaluación.
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Después de realizar diversos análisis de resultados de investigaciones educativas se torna necesario reflexionar ante los desafíos que plantea esta reforma, que se ha instaurado después de la promulgación de las leyes relacionadas.
Necesario es diversificar la mirada ante los diversos planteamientos que se han venido realizando y centrar nuestros esfuerzos para que la evaluación que se plantea sirva realmente para mejorar.
Se han aplicado en México y en el mundo diversos instrumentos de evaluación, donde se muestra un país fracasando en educación. Casi cada seis años se replantea el escenario para realizar una nueva reforma. La vigente es una de las más ambiciosas, pero no por su enfoque pedagógico sino por el centralismo de poder y el desplazamiento del gremio permanente que compartía el poder con escaso manejo de procesos pedagógicos.
Hay una crisis en la toma de decisiones en la actual política educativa y aunque en el discurso se maneja lo relacionado en la calidad educativa, no se concreta en lo cotidiano: en las aulas, las escuelas, los maestros y la comunidad educativa, porque se basa en una única manera de educar y una única manera de evaluar.
Además, pareciera que esta reforma es refractaria a la innovación, lo cual es muy grave, ya que no se aprovechan las diversas miradas, los diversos modelos, no hay inclusión ni se atiende a la diversidad y prevalece también la ausencia de un verdadero debate de la ideas, por lo que aquellos cambios necesarios, no encuentran el camino adecuado para avanzar.
Evaluar para mejorar es la apuesta, ¿pero qué y para qué?
Existen pocos espacios para reflexionar y pensar esta reforma, casi todos, especialmente los profesores y las profesoras están preocupados y ocupados elaborando las evidencias que se les han pedido y preparándose para los exámenes que se presentarán.
Los equívocos políticos que se han dado son suficientes para pensar que existe una escasa o nula proximidad de los pocos que han participado en los procesos que requieren un sistema educativo que si necesita evaluarse, sin embargo el cuestionamiento central es que si esta evaluación tendrá un impacto significativo en los aprendizajes de los alumnos y en la modificación de las prácticas docentes de los profesores y profesoras en las aulas y en las escuelas.
Por lo anterior, es indispensable buscar alternativas que tengan que ver con la evaluación en situación de aula y con valor agregado, donde los maestros continúen aprendiendo, donde se puedan vincular con expertos después de haber sido observados en su salón de clase aplicando estrategias didácticas en sus prácticas cotidianas, es decir, modelos basados en la propia experiencia de los maestros que motive y estimule sus habilidades profesionales a través de trabajo colaborativo, comunidades de docentes que busquen mejorar la calidad de los aprendizajes de sus alumnos con acompañamiento académico, seguimiento y monitoreo ejerciendo su docencia con profesionalismo, pasión y amor a su trabajo.
La investigación educativa también aporta que el desarrollo de las habilidades socio afectivas en los individuos, estimula el deseo de aprender.
Hay varios ejemplos de los modelos que pueden realizarse para una evaluación que si tenga impacto, no solo en los aprendizajes de los alumnos y alumnas, también en el desarrollo permanente de las competencias de los y las docentes.
Un ejemplo de este tipo de modelo es el de Lesson Study ( Japón), disponible en la liga: Maestros aprendiendo juntos sistema de capacitación docente en Japón https://www.youtube.com/watch?v=cVY3c0GEoR0
Es una muestra de una formación docente permanente basada en trabajo colaborativo de comunidades docentes que buscan mejorar la calidad de sus prácticas instruccionales para elevar el aprendizajes de los alumnos. En México también hay experiencias muy importantes para realizarlo, que incluyen el trabajo comunal y productivo.
Hay que puntualizar que si la evaluación se presenta como mecanismo de control se torna irrelevante, solo sirve para seleccionar y no produce mejora evidente de los procesos educativos. Una sola manera de indagación da excesiva importancia mediática a la forma en que se presentan los resultados, lo cual no favorece los procesos y menos los resultados educativos.
Hay que atender la diversidad en este país, de grupos, personas, recursos etc. mientras más formas de representación se tengan, las posibilidades de los aprendizajes son mayores, además los instrumentos y criterios de evaluación deberían estar vinculados a estándares de docencia.
Hay que observar, pensar, decir, escribir, sistematizar, criticar y proponer que le falta a todo este sistema que ya se aplica para lograr lo sustantivo: mejores prácticas.
La evaluación en otros países puede ser un camino a seguir, pero también las practicas exitosas de muchas escuelas mexicanas que lo han hecho y lo han hecho bien.