Si la mejor manera de incrementar la productividad es mediante la inversión en el capital intelectual y si las grandes empresas dedican el 10% de su presupuesto a la capacitación, ¿por qué los pequeños empresarios no identifican la importancia de la formación? ¿Se trata de desinterés o falta de recursos? Está comprobado que los beneficios de la capacitación se reflejan por un lado en la motivación del trabajador y mejor clima laboral y, por otro, en el nivel de competitividad de la organización.
En mi participación anterior en este medio comentaba algunos de los resultados que estamos obteniendo, un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma de Quintana Roo y la Universidad de las Américas Puebla, al analizar los factores que determinan las utilidades de los micronegocios mexicanos desde una perspectiva de género. Sin embargo, en esta ocasión dejaremos momentáneamente a un lado el enfoque de género para centrarnos en ciertos datos interesantes cuando se estudian factores vinculados con la capacitación y que podría ser una de las causas de las bajas utilidades en los micronegocios. En promedio, aquellas personas que han tomado la iniciativa de trabajar por su propia cuenta y emprender un micronegocio apenas superan los $ 4,500 pesos de ingresos mensuales.
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Sabemos que las empresas, requieren de personas competentes que contribuyan satisfactoriamente al logro de metas y objetivos, y por ende a su rentabilidad. En todo proceso de administración de recursos humanos, la actualización de los empleados en cuanto a conocimientos y habilidades se vuelve fundamental para tener mejores resultados. Sin embargo, no siempre existe la posibilidad de contar con programas de capacitación debido a diversos factores tales como tiempo, indiferencia, presupuesto u otras prioridades. De hecho, en épocas de crisis económicas, las empresas suelen enfocarse en el pago a proveedores, salarios y gastos fijos, dejando como última opción los programas de capacitación. Si este escenario lo podemos identificar en las pequeñas y medianas empresas, en los micronegocios se observa una importante ausencia de capacitación. Según los datos Encuesta Nacional de las Micronegocios (ENAMIN), el 88.6% de sus propietarios o trabajadores no recibieron cursos de capacitación durante el 2012. Las respuestas relativas a las causas por las que no asistieron a cursos de capacitación se debió a que no lo consideraron necesario (70.1%), no tuvieron tiempo (10.8%), no sabían a dónde acudir (10.7%), no tuvieron recursos (6.4%) y por otras causas (2.0%).
Como se observa, la mayoría de los encuestados no ven la utilidad y el beneficio que podría generarles el hecho de participar en cursos de capacitación. Los directivos de personal y los que nos formamos y enseñamos en el área de recursos humanos sabemos que este pensamiento es un error. Los programas de capacitación pueden contribuir de forma importante al fortalecimiento de talentos desarrollando dos tipos de habilidades: duras y suaves o también conocidas, por su traducción al inglés, como hard skills y soft skills, respectivamente. En el primer caso, la capacitación se enfoca en el desarrollo de habilidades técnicas, mediante el aprendizaje y perfeccionamiento de métodos, procedimientos y técnicas para realizar actividades especializadas, o bien para utilizar herramientas o equipos específicos de una actividad. En segundo lugar, el objetivo de la formación radica en fortalecer habilidades sociales, tales como la comunicación, la persuasión, el trabajo en equipo y el liderazgo, entre otras.
Ahora bien, veamos cómo está repartido el 13.2% de los micronegocios que afirmaron haberse capacitado. Las respuestas más recurrentes se concentraron en otros cursos (4.6%); seguidas de seguridad e higiene (2.0%); mercadotecnia, comercialización y ventas (1.5%); computación (1.5%); control de calidad en producción y servicio (1.4%); aspectos administrativos, contables o fiscales (1.0%); reparación de herramientas, equipo o maquinaria (0.6%) y manejo de materiales, herramientas, equipo o maquinaria (0.4%). De acuerdo a la ENAMIN, los micronegocios pueden optar por los cursos de capacitación claramente puntualizados en la encuestas, sin embargo, no considera la formación en otro tipo de habilidades que son complementarias y necesarias para que un negocio funcione, como lo es la formación de valores, la toma de decisiones, la comunicación efectiva, habilidades para relacionarse y de liderazgo para dirigir equipos.
Evidentemente un micronegocio no es nada comparable con las grandes empresas como Coca-cola, VW, o Grupo Posadas, quienes apuestan por la formación de su personal y entre sus principales indicadores de medición consideran el número de horas de capacitación y el total del personal que asistió a cursos. Este tipo de empresas promueven la capacitación buscando que sus colaboradores se desarrollen y agreguen valor a sus marcas, lo cual como consecuencia se ve reflejado en ingresos crecientes. Si el dueño de un micronegocio quiere obtener mejores resultados tendrá que cambiar el chip y pensar en la capacitación como una inversión necesaria para potenciar sus propias capacidades y las de sus trabajadores. ¡Ese debe ser uno de sus mayores retos!