Con una felicitación sincera al equipo que hace posible e-consulta y un fraternal abrazo a su director Rodolfo Ruiz en el treceavo aniversario de su ya indispensable proyecto, agradeciendo su generosa oportunidad de participar de él.
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Nadie ignora que --en más de un sentido-- los actuales son tiempos nada fáciles para la actividad periodística (especialmente en ciertos países y ciudades), no solamente por la complejidad de las sociedades contemporáneas, sino por el contexto de crispación social y de descomposición de los cánones de la convivencia comunitaria en el cual se desarrolla el ejercicio periodístico. De hecho, quizá deba reconocerse que ni en esta ni en ninguna otra época ni latitud, el periodismo se haya ejercido nunca en un ambiente que garantice irrestrictamente el respeto, la tolerancia y la seguridad de sus profesionales.
Al respecto, conviene reflexionar la afirmación del connotado especialista en Ciencias de la Comunicación, Carlos Oliva; en el sentido de que “…el periodismo es una clase de comunicación colectiva, de índole informativa, que responde a una clara función social: la necesidad que todo hombre tiene de estar informado y de saber cuanto ocurre en el mundo. En las sociedades modernas y democráticas, ha quedado establecido que el Derecho a la Información es un derecho natural y personal que incide directamente en el perfeccionamiento del hombre y es exigencia de su dignidad como persona.” Dicha afirmación es relevante toda vez que, al quedar establecido que la información es un derecho que incide en la conformación de la persona y su dignidad; se aprecia más claramente su trascendencia como actividad profesional así como sus implicaciones en la vida democrática de las sociedades que aspiran a ser modernas, o bien, sociedades modernas que aspiran a ser democráticas.
Si bien los respectivos discursos sobre “democracia”, “modernidad”, y “derechos humanos” son factores que delimitan hoy día el ámbito en que se práctica el periodismo, no puede pensarse que su ejercicio esté exento de los desafíos “tradicionales” (su relación con el poder político y los poderes fácticos, su búsqueda de objetividad, su viabilidad económica, etcétera), a los cuales habría que sumar al menos dos más: uno superviniente y el otro consustancial a la actividad periodística. El primero atiende a la cuestión del desarrollo tecnológico y suscita entusiastas discusiones; el segundo es la misma monserga de siempre, aunque últimamente adolece de un inquietante silencio en torno suyo: la ética profesional con que se ejerce la actividad periodística
Hablar hoy de “periodismo digital” pareciera redundante, pues el avance en las llamadas TIC’s (Tecnologías de la Información y la Comunicación) ha vuelto anacrónica cualquier plataforma periodística que no permita una ágil y transparente retroalimentación con esa nueva audiencia de “ciber-lectores” conformada por ciudadanos de un nuevo cuño: al mismo tiempo más enterados pero más escépticos, más críticos pero menos participativos, más conectados pero menos vinculados a la vida comunitaria; ciudadanos mejor informados pero --quizá por lo mismo-- más cínicos.
Si el periodista y los medios se asumen como algo más que “informadores” que trasmiten las eventualidades cotidianas a esa audiencia que se supone las requiere y consume; y adoptan la función de ser sujetos que se ocupan de contextualizar, armonizar y dar sentido a dicha información, es claro entonces que ambos enfrentan el reto de estar en aptitud de aprovechar todas las ventajas tecnológicas para captar a un conglomerado con nuevos hábitos de consumo y de lectura. Hoy el acceso a la red y la interactividad permite a casi cualquiera ser emisor y receptor de informaciones varias; pero así como “el hábito no hace al monje”, incluso en la actual época digital, la sola acción de trasmitir información no hace al periodista.
Por su relevancia y la actual coyuntura en que se encuentran los medios y el ejercicio periodístico en nuestro país, el concepto enunciado por Carlos Oliva da paso a una discusión que no debiera posponerse por parte de los propios periodistas y otros interesados en discutir el futuro y el presente del periodismo desde una perspectiva global. A quienes sin ser periodistas participamos como emisores de opiniones, nos corresponde animar esa discusión y estar atentos a sus avances, en tanto que como lectores y usuarios de los medios digitales de información debemos evaluar no solamente la calidad y las capacidades profesionales de dichos medios y de los periodistas que ahí se expresan, sino además la cabal asunción y el compromiso con los cánones éticos y deontológicos de una profesión que, como dijera Kapuscinski, no admite cínicos ……, aunque la revisión somera de algunos medios y de ciertas plumas en ocasiones pareciera desmentirlo.
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