Por muchos años, una de las habilidades de los líderes que requieren de mayor atención, son las habilidades relacionales. Habilidades para lograr la colaboración y buscar la motivación y autodeterminación en la participación comprometida de los colaboradores. Pero, ¿Qué tanto sabemos, en teoría pero principalmente en acción, sobre el comportamiento humano?
El comportamiento humano en las organizaciones ha sido un tema que se ofrece en los programas de administración, de psicología y en muchos casos de ingeniería en las universidades. A mediados del siglo pasado el Desarrollo Organizacional (DO), promueve en la teoría y en la práctica empresarial, conocer y aplicar las ciencias de la conducta. Muchos años de investigación y de esfuerzo para la aplicación, que desafortunadamente, en muchos casos no lograron producir los resultados esperados.
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Mucho habría para conversar sobre ello, pero uno de los puntos más relevantes en esta reflexión, es la falta de conocimiento profundo de los practicantes del DO acerca del comportamiento humano individual y colectivo. Muchos líderes de aquellas épocas y aún de las actuales, conocemos poco sobre los fundamentos biológicos-sociales del comportamiento humano.
No es algo perverso, pero tampoco para tomarse a la ligera. No es perverso porque las investigaciones sobre estos temas han avanzado de manera importante en las últimas décadas. La teoría disponible en los programas universitarios y en los técnicos no tenía una facilidad de comprensión suficiente para transferirla a la práctica organizacional.
Pero tampoco puede ser ligera porque estamos tratando con seres humanos a los que podríamos ver como objetos aún que les llamamos “los seres humanos”. Insisto en que en la mayoría de las ocasiones, tal vez no hay perversidad, pero nuestros diseños y el ejercicio del liderazgo pueden ser muy distintos. Comprendernos como seres humanos o no hacerlo, cambia las condiciones de respeto y responsabilidad social.
Temas académicos de indispensable aplicación y de gran impacto en el desempeño de una organización como la motivación, el diseño del trabajo, las recompensas, la autodeterminación el compromiso, la confianza y la felicidad, entre otros, son aprendidos y aplicados desde la apariencia del comportamiento, mas no desde una comprensión suficientemente clara de los procesos individuales (neurológicos) y sociales en que ocurren.
Menciono “suficientemente clara” porque tampoco tendríamos que ser neurólogos expertos para comprender cada movimientos de nuestro actuar o reflexionar, pero si suficientes para comprendernos a nosotros mismos y a los demás como legítimos seres humanos.
Actualmente ya se puede encontrar información muy sustentada sobre la neurología del conocimiento, de la consciencia, de la confianza, de la toma de decisiones, de las emociones y de la felicidad, por ejemplo, que al comprenderlas nos ayudan a tomar consciencia de nuestro comportamiento como humanos que somos y de los demás también. Esta comprensión, aún limitada por nuestras distintas formaciones académicas anteriores, es útil para entender la actividad individual que observada desde la influencia de lo social, determina la actividad organizacional. No es solamente una forma de comprenderlo, sino una herramienta poderosa para diseñar la acción y creación del conocimiento hacia un mejor desempeño de nuestras empresas.
Hago una invitación a quienes en su responsabilidad tienen la de ser líderes, para buscar formación y profesionalización de sus quehacer soportada por conocimientos sobre estos temas, pero también invito a la reflexión sobre los resultados que pueden generarse cuando nuestros directivos no son expertos en comportamiento humano y tienen a su cargo personas que invierten gran parte de su vida consciente en nuestras organizaciones.