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Martes, 12 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Periodismo de alto riesgo

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Patricia Estrada

Directora de noticias y conductora del noticiero de La Tropical Caliente 102.1 FM

Ex reportera de Ultranoticias, Radio Oro, Radio Tribuna y Momento Diario. Aprendizaje permanente del año 2001 a la fecha; egresada en Ciencias de la Comunicación UPAEP.

Lunes, Agosto 10, 2015

El miedo a vivir el mismo destino de Rubén Espinosa y otros 13 periodistas asesinados es resultado de la política de terror impuesta por el gobierno de Veracruz y el crimen organizado.

Los reporteros respiran zozobra por el trágico deceso de 14 colegas en menos de seis años; les indigna con justa razón que las autoridades locales hayan satanizado la vida de sus compañeros para justificar los homicidios y cerrar los casos sin responsables en la cárcel.

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Una joven reportera preocupada por la situación de inseguridad en su estado platicó a un grupo de personas sobre el ánimo que prevalece entre los comunicadores tras el brutal asesinato de Rubén, a quien recuerdan como un foto periodista trabajador, entusiasta y simpatizante de los jóvenes activistas del #Yosoy132.

En Veracruz sabían que Rubén no fue el mismo después de un desalojo estudiantil que llevó acabo la Secretaría de Seguridad Pública Estatal; un hecho autoritario que documentó con su lente crítico, agudo, oportuno.

Tal como lo revelan los testimonios de las organizaciones que lo apoyaron en su salida forzada del estado, el joven corresponsal de Proceso vivía en el Distrito Federal sintiéndose perseguido, vigilado.

Entre sus compañeros solo existe la hipótesis de que Rubén pagó con su vida la "rebeldía informativa" en una entidad como muchas otras y bien conocidas donde la ley de Herodes es el eje de la política de Comunicación Social.

Información sobre grupos delictivos y corrupción gubernamental son temas que acercan a los periodistas al peligro; los autores de esos crímenes piensan estúpidamente que quitando al mensajero silencian la crítica. Las redes sociales han ayudado a replicar esos acontecimientos que incomodan a los "poderosos".

No es que los periodistas vivan en estado de excepción, no son poseedores de la verdad o seres impolutos, sin embargo cada vez que uno pierde de la vida en circunstancias "poco claras", los antidemócratas y grupos delictivos alimentan miedo a la sociedad en su conjunto; intentan inhibir el derecho a preguntar y encontrar respuestas.

Ejercer el periodismo en los estados más peligrosos del país debe ser altamente estresante; recientemente escuché alterada a una reportera desde Acapulco porque minutos antes de entrar al aire con su nota había presenciado muy cerca de su casa el asesinato de una mujer y pensé ¿Quién puede acostumbrarse a la violencia? Ni siquiera el periodista más experimentado en temas de seguridad.

La compañera de Veracruz me hizo ver que cada entidad tiene sus particularidades pero al final todos tienen un tronco común; gobiernos intolerantes al pensamiento crítico porque a mayor conciencia periodística, ciudadanos mejor informados y libres de acción.

Los periodistas están expuestos no solo al desprestigio institucional o a la autocensura frente a advertencias criminales sino a escenarios cada vez más agresivos para orillarlos a renunciar a sus convicciones personales y profesionales.

Al gremio le toca ser solidario frente a estos penosos acontecimientos, diseñar sus propios protocolos de seguridad y evitar caer en la trampa de la nómina gubernamental; a las autoridades les corresponde gobernar con honestidad y transparencia para evitar callos que puedan pisar los periodistas leales a su ética y a su público.

Una oración para los compañeros que con su trabajo contaron historias con sus plumas y sus cámaras para ofrecer a la sociedad los claroscuros de la información; y los que están bajo la lupa, que salgan adelante y con bien en su labor cotidiana.

Mi cuenta en Twitter @estradapaty

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