¿Quién se acuerda del bosque de Manzanilla, de la zona arbolada de La Ciénega o, incluso la gran área verde que fue el Cerro de Loreto y Guadalupe? Hoy sólo son recuerdos vagos de algunos habitantes. En su lugar han aparecido amontonamientos de casas seriadas, idénticas, unas de otras. Incluso, típico de los promotores urbanos, zonas residenciales de viviendas medias o populares carentes de zonas verdes o áreas públicas arboladas y adicionalmente emergen como hongos en tiempos de lluvia las tiendas comerciales. El progreso o modernidad de una ciudad, en México, se mide por la expansión en hectáreas de viviendas construidas sin considerar el entorno que favorece también el bienestar de los habitantes. Por ello los “barones de la construcción” se dedican a crear con grandiosidad esperpentos grises en lugares donde había áreas verdes.
Hace 30 años la demanda de construcciones y servicios ante el crecimiento de la ciudad capital trajo consigo que se comenzaran a observar en el paisaje urbano la aparición de grandes tiendas asentadas en lugares estratégicos y con disponibilidad de espacio para estacionar automóviles. Era el inicio de las tiendas de autoservicio que venían a sustituir a las tiendas clásicas de abarrotes que se conocían hasta el momento, así como las tradicionales tienditas de barrio y al mercado al que usualmente asistían para realizar compras cotidianas.
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Este tipo de tiendas, cuyo origen se ubica en los Estados Unidos y que se popularizaron a fines de los años 50 del siglo pasado fueron poco a poco ganando espacios e inclinación de los consumidores ante la modernización y estandarización de los bienes y servicios que se estaban ofreciendo. La sencillez y la posibilidad de seleccionar los bienes que se exhibían en los estantes, así como el pago a crédito se expandieron en el resto de los países.
En los Estados Unidos surgieron una gran cantidad de cadenas de tiendas de autoservicio. Wal Mart es una de las más conocidas fuera de esta nación ya que se ha popularizado en el resto de los países. La ventaja de estas tiendas para los productores y para los consumidores es el manejo de lo que los economistas denominan economías de escala y economías de aglomeración. Una ventaja más que evidente para reducir precios y hacer más competitiva la diversidad de bienes ofrecidos hasta el momento. Son tiendas que ponen al consumidor y a los productores frente a frente en función de un bien, el precio y alrededor de éstos opciones factibles de compra adicionales.
En México aparecieron tiendas similares, las más conocidas Aurrera, Gigante, Comercial Mexicana y más recientemente Chedrahui, Soriana, Wal Mart y otras más.
Las tiendas de autoservicio han sido también consideradas tiendas ancla en la aparición de las Plazas Comerciales, es decir, en torno a éstas se conjuntaron otras tiendas departamentales o especializadas como las boutiques que aprovechan la concentración de los consumidores, los cuales arriban en sus automóviles, se estacionan y prácticamente se pasean en estos lugares de culto al consumo, incluso la perspectiva es que poco a poco irán sustituyendo la funcionalidad de los centros tradicionales. Ejemplo inmediato es Angelopólis versus centro de la ciudad. La mayoría de los adeptos al centro comercial son los jóvenes que optan por este lugar que asistir al centro de la ciudad. Es un riesgo que supone para las ciudades la pérdida de vitalidad de sus centros originales.
En Puebla se conoció la primera tienda de autoservicio en la 17 y 19 poniente entre la 7 y 5 sur, la segunda fue Aurrera de San Manuel. Eran los años 70. Después aparecería Plaza Dorada y aun ahora es continua la aparición de este tipo de comercios en áreas de alta concentración poblacional.
La primera expectativa que se dio al momento en que surgieron estas tiendas de autoservicio en el paisaje de la ciudades era que destruirían drásticamente a la tiendas de barrio. Al contrario, muchas de éstas se abastecieron en los centros comerciales para poder sostener a su clientela, generalmente proclive al crédito y pago semanal al dueño de la tienda de barrio.
La tendencia que se sigue en los años recientes es la concentración y aprovechamiento de las economías de escala, ver en las esquinas las tiendas OXXO y de nombres comunes es ya un hábito por el abastecimiento inmediato que éstas proporcionan a los consumidores.
La mayoría de estas tiendas combinan capital extranjero y nacional. Es una tendencia mundial que en países como México, al carecer de fortaleza las tiendas al detalle, tiendas de barrio, se ven muy limitadas en la competencia que por precio operan las grandes tiendas.
Tehuacán, San Martin Texmelucan, Atlixco y otras cabeceras municipales viven la presencia vertiginosa de estas tiendas, por su forma de operar y atraer a la clientela que busca ofertas, precios que permitan ahorros en sus consumos. La expectativa es que este tipo de tiendas conducen paulatinamente al cierre de pequeñas tiendas detallistas. Sin embargo, de otra parte generan empleo, con salarios de baja calidad, pero a fin de cuentas generan empleo. Sus ganancias se fundan entre otros factores, reducir costos pagando ínfimos salarios.
Es el proceso de modernización lo que está conduciendo a que estas tiendas aparezcan con insistencia en lugares donde existe potencial expectativa de consumo, paralelo a ello es ya común en el suroriente, como en el sur, norte y poniente de la ciudad de Puebla, ver zonas áridas plenas de caseríos que dan una visión de ciudad de país subdesarrollado en el que pululan vehículos de todo tipo emitiendo humos contaminantes. Una contradicción por demás surrealista, cerros poblados de caseríos, no solo de pobres sino de nuevos ricos y una total carencia de arboles que formen el pulmón de la ciudad.
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