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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Un vistazo en el metro DF

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Patricia Estrada

Directora de noticias y conductora del noticiero de La Tropical Caliente 102.1 FM

Ex reportera de Ultranoticias, Radio Oro, Radio Tribuna y Momento Diario. Aprendizaje permanente del año 2001 a la fecha; egresada en Ciencias de la Comunicación UPAEP.

Lunes, Julio 6, 2015

Mientras una señora obesa regaña a la niña que carga sobre sus hombros se abre paso por uno de los vagones que conecta la ruta Mixcoac - Félix Cuevas; lleva de la mano a otro niño que va cantando y pidiendo dinero pero pocos pasajeros se inmutan ante otro cuadro de pobreza ambulante que ven a diario en la Ciudad de México.

En un transporte masivo también hay tiempo para pedir cooperación en apoyo de un enfermo o comprar a diez pesos un par de limas de uñas a una madre adolescente que lleva a su bebé sobre su espalda; su mirada no refleja más que la necesidad de supervivencia día a día.

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El estrés sube cuando un muchacho veinteañero visiblemente drogado y con el torso desnudo salta sobre una tela con pedazos de vidrio para obtener unos pesos; es sincero al decir que en vez de elegir una pistola prefiere ganarse la vida honestamente.

Los vagoneros son más ingeniosos para evitar el obstáculo policial; guardan entre sus mochilas unas bocinas que reproducen la música de moda a todo volumen; lo mismo cumbia, merengue, tropical, pop e instrumental.

La sincronía entre ellos es casi perfecta; aborda uno y desciende otro; en el metro no importa que sea un disco pirata, oír más de 100 canciones a 10 pesos parece ser una buena compra. Los libros de jugoterapia a 20 pesos son adquiridos como pan caliente mucho más que los chicles, pepitas y otras botanas.

En el metro no hay asientos suficientes ni tampoco caballeros; nadie respeta los lugares reservados a las embarazadas y adultos mayores; aunque es imposible manejar una marea de pasajeros, el aumento de vigilancia en entradas y salidas de cada estación han inhibido los intentos de viajar gratis.

Los teléfonos inteligentes aligeran los trayectos en una ciudad congestionada; sentados o de pie los capitalinos matan el tiempo revisando redes sociales; el Facebook se ha convertido en un compañero de viaje, los libros no abundan en las manos de los más jóvenes.

Las jovencitas más atractivas no escapan de las miradas libidinosas; las parejas de novios se olvidan de los tumultos y se concentran en ellos; los niños viajan agarrados de los tubos paralelos mientras sus madres intentan evitar los apretujones en horas pico.

Los capitalinos están acostumbrados a un ritmo de vida muy distinto a las ciudades del interior; los largos pasillos y los escalones entres estaciones parecen interminables. Todos van ensimismados, no hay cortesías. Subir y bajar, subir y bajar es tan mecánico como el desinterés en el otro.

Un estudio de la UNAM reveló que cuatro de las 12 líneas del metro (1, 2, 3 y B) registran alta afluencia diaria; entre 500 mil o hasta un millón de personas mueve cada una de ellas en un día laborable. La saturación abona a que los pasajeros no tengan ni tiempo ni deseo de intercambiar una sonrisa de amabilidad con el de al lado.

Según datos de la Comisión de Juventud y Deporte de la ALDF, en lo que va del año, suman 14 suicidios en el metro de la Ciudad de México y hay en promedio cuatro casos trágicos o intentos por mes. La depresión y las alteraciones por consumo de alcohol se han convertido en un factor de riesgo de suicidio recurrente y en las vías del metro han quedado esos testimonios mortales.

De enero a la fecha se documentan dos casos de suicidio con arma de fuego, tres por arrojarse al Metro, dos por arrojarse desde un puente peatonal y una vía de alta velocidad; mientras que se dieron a conocer siete intentos, tres de ellos en diversas estaciones del Metro.

Es cierto que el crecimiento de las grandes ciudades implica atención primaria en el sistema de movilidad; con todo y su problemática interna, el metro sigue siendo un transporte económico y ágil en el Distrito Federal.

Aunque la rutina ha hecho común que tantas historias ahí adentro sean menos importantes cada día, éstas resultaron de interés para una turista que en casi 30 minutos de viaje pensó si en Puebla estamos cerca de caer en este modelo de indiferencia interpersonal.

Mi cuenta en Twitter @estradapaty

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