El fenómeno político de Nuevo León debe observarse muy de cerca. El Bronco, Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón, 58 años de edad, ya es un referente que puede marca la historia de este país. Él protagoniza, como candidato independiente, y contra todos los partidos, una competencia que en cierto modo es el caso de todo México.
Harto de los vicios de la partidocracia y con un portazo en la nariz que le da su partido, el PRI, él deja 33 años de militancia tricolor. Militancia afortunada. Fue diputado local, federal y alcalde de García, uno de los municipios más importantes de su estado, todo bajo los colores del PRI.
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Pero, también hay que decirlo, no ha sido un político ni del montón ni timorato. Como alcalde, aplicó reformas y cambios sustanciales en su estilo de gobernar. Y más aún: se enfrentó a la delincuencia organizada y sufrió dos atentados que pudieron costarle la vida.
Su estilo responde con fidelidad a su mote, es bronco, un ingeniero agrónomo de personalidad brusca.
No podría ser de otro modo en un terreno agreste como el norte, y en Nuevo León, un estado de contrastes, con una clase empresarial moderna, poderosa, y trabajadora, que convive con una sociedad con altos índices de pobreza y un clima de inseguridad, eventualmente, terrorífico.
Ese estado, que hoy aspira a gobernar El Bronco y que casi lo tiene a tiro de piedra, creo que no es ni mejor ni peor que otros del país. Una clase política, hoy del PRI, saquea las arcas, hace negocios burdos y pisotea las elementales normas de transparencia y convivencia de los regiomontanos.
Por si fuera poco, el padre del gobernador Rodrigo Medina, es uno de los grandes beneficiarios del poder absolutista de su hijo. Este, como chamaco imberbe sin ética ni respeto para sí, deja pasar y hacer a su progenitor, y el venerable señor, a su sombra ha acumulado una escandalosa fortuna. Los dos bajo el mismo paraguas.
Impunidad, cero rendición de cuentas, moches escandalosos, opacidad en obras e inversiones es lo cotidiano en el sexenio que concluye.
Padre e hijo van de la mano. Ambos comparten alforja y antifaz.
Esto y un voluminoso cuanto escandaloso expediente más, ha colmado la paciencia de la sociedad nuevoleonesa.
En ese marco surge la candidatura independiente de El Bronco que ha puesto de cabeza a Nuevo León y, de paso a todo el país. Todos coinciden que en esta elección del 7 de junio, Nuevo León es la joya de la corona. Él le ha puesto el cascabel al gato y ya aventaja 5 puntos a la, hasta hace poco, candidata puntera del PRI, Ivonne Alvarez.
A esa diferencia a su favor, hay que agregar 4 puntos más de Fernando Elizondo, un prestigioso político estatal que, postulado por Movimiento Ciudadano se ha sumado a don Jaime con todo su capital político. Con un segmento de 15% de indecisos, no es improbable que la cosecha para El Bronco sea mayor.
Hasta hace una semana él tenía 31%, Ivonne 26%, y 20% el panista Felipe de Jesús. ¡Antes del apoyo de Elizondo!
¿Con qué ojos y actitud hay que observar a El Bronco? Yo diría que con dosis iguales de optimismo y reserva. Fox, también frente al hartazgo que provocaba el PRI en el país, llegó con un cargamento como nadie se ha sentado en la silla presidencial. Y resultó un soberano fracaso. Mucho bigote y botas, poco seso y compromiso.
¿Acaso puede ser más repudiable lo que Fox hizo con la esperanza de millones, justo en un momento estelar en la historia de este país, que la montaña de vicios acumulados que quiso eliminar y no lo hizo..? Si, es factible. Así me lo parece.
Concitar ánimos, enarbolar banderas, encender antorchas y erguir una ilusión es maravilloso, es cierto, pero eso es apenas el medio para llegar. El trabajo y la construcción empiezan al día siguiente de la elección, si se gana.
Esa posibilidad tiene en sus manos El Bronco. Ese momento reclama inteligencia, habilidad, carácter, temple, equipo y compromiso. Quién sabe si tenga todo esto. ¿Merece un voto de confianza? Claro que sí, por supuesto que sí.
Puede ser la punta de lanza para los tiempos por venir en el país. Puede convertirse en un ariete, un modelo. Puede abrir el camino.
¡Habría que apostarle al optimismo..!