Las calles y edificaciones de la colonia Condesa propician la remembranza de los tiempos de infancia, acaso de una infancia ajena a la nuestra y correspondiente a personajes de alguna generación pretérita como la que se describe en los relatos de José Emilio Pacheco, difícilmente evocarían el lujo de banquetes en restaurantes de postín que, en otro tiempo, precisamente en ese país peculiar en el que las cosas suceden de otro modo y que es la infancia, habríamos podido identificar en nuestra imaginación con las majestuosas haciendas de la ciudad de México como la “San Angelín” o la de “los Morales” o el que se enmarca en todo un bosque como telón de fondo de los comensales tal y como se apreciaba en “la escondida” ubicado en el camino hacía a la Marquesa y ni qué decir de los maravillosos jardines poblados por alguno que otro pavorreal en el restaurante “Las Mañanitas” de Cuernavaca.
Hoy, sin embargo, la colonia Condesa concentra lugares en la que se da cita lo más granado de nuestra sociedad para degustar de la “nouvelle cuisine”, establecimientos, cuyo antecedente más conspicuo, podría acaso reconocerse en el “C'est Si Bon” cuyas puertas habrían sido abiertas varias décadas atrás en la entonces llamada “zona rosa” de la ciudad de México por un conspicuo agente de la central de inteligencia de los Estados Unidos llamado Richard Kern Lorden, quien se empeñó en hacer las delicias del culto y selecto público de la capital del país; en días recientes; Invitado a disfrutar de los placeres de la mesa, arribé a la calle de Cuernavaca alrededor de las tres y media de la tarde para degustar del “confit de pato”.
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Entre los comensales descubrí la presencia de Claudio Xavier Gonzáles Guajardo y tuve la intención de saludarle en el momento propicio sin que ello le importunara en su estadía, sin embrago, mientras comía repentinamente descubrí que se había retirado del lugar.
Meses atrás me había tocado en suerte sostener una conversación con Fausto Alzati Araiza en su programa de televisión por Internet “entendiendo la economía” y, por lo demás, en días previos había sostenido un encuentro en Cherán con don Luis Benavides Ilizaliturri; personajes ambos, aun cuando de manera por demás distinta, que se caracterizan por tener una amplia actividad curricular en el ámbito de la educación pública del país; ambos, por lo demás, habrían coincido en escudriñar los pronunciamientos que de tiempo atrás ha venido haciendo al respecto la agrupación “Mexicanos Primero”.
Fruto del intercambio de puntos de vista con tan destacados personajes en la vida pública del país, me queda en claro que, fiel a un destino que en Hispanoamérica remontaría sus orígenes al pensamiento de Simón Rodríguez tal y como éste se plasma en la obra de Arturo Uslar Pietri: “La isla de Robinson”, el estado en nuestras latitudes tiene sentido acabado y pleno, sólo en la exacta medida en que el estado es un educador, y ello pese a que el tratado de libre comercio para América del norte le haya dado a la educación el tratamiento de “servicio transfronterizo”; después de todo, la educación es la base de todo e incluso es a partir de ella que podemos dado el caso apreciar el lujo.