Su esposo perdió a un compañero de generación en el helicóptero militar que fue derribado por integrantes del cártel Jalisco Nueva Generación, el 1 de mayo. Un soldado de casi 30 años acompañado de 17 elementos más (cinco de tripulación, 11 militares y dos policías) iba a bordo de ese Cougar EC725 de la Fuerza Aérea Mexicana que fue impactado por un lanzacohetes de origen soviético.
Un hecho inédito por el tipo de arma utilizada y la agresión directa a las fuerzas militares, es motivo de preocupación para "Daniela", una teniente enfermera graduada del Heroico Colegio Militar que aceptó platicarme cómo viven desde el seno familiar los peligros que acechan a la milicia mexicana.
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Por obvias razones me pidió utilizar un seudónimo; su marido y hermano están actualmente en la línea de fuego; hace unos meses fueron asignados a Tamaulipas y Chihuahua donde los grupos criminales dominan tráfico de droga y nóminas gubernamentales.
Daniela definió lo sucedido en Jalisco como 'una cacería'; la aeronave militar realizaba un recorrido de reconocimiento entre los municipios de Casimiro Castillo a Villa de Purificación, a 300 kilómetros de Guadalajara; y los narcotraficantes activaron su capacidad de fuego.
Ese viernes negro el cártel hizo una demostración de fuerza sembrando el temor en 25 municipios de Jalisco, incendiando vehículos, bloqueando carreteras y quemando bancos y gasolineras.
"Fue una situación muy fuerte, fallecieron varios de nosotros de una manera terrible, mi esposo estudió con uno de ellos y estaba realmente conmocionado", explicó.
Aunque entiende las obligaciones militares, vive en 'estrés latente' porque su marido de 28 años de edad ha sido asignado a tareas de alto riesgo; un día podrían enviarlo a cortar los sembradíos de amapola en la sierra de Guerrero y al siguiente formar parte del plan DNIII en alguna zona damnificada.
Difícilmente los militares tienen la oportunidad de convivir con su familia más de 30 días; están acostumbrados a dormir 3 ó 4 meses fuera de casa sin la certeza de que regresarán con bien.
Los 10 mil pesos quincenales que su esposo recibe por sus servicios a la patria (más becas y prestaciones) nunca serán suficientes frente a los nuevos retos que implica una intervención más activa y decidida del Ejército Mexicano en la lucha contra los criminales.
Daniela lleva sangre militar en las venas, su abuelo formó parte del primer círculo de un polémico Secretario de la Defensa Nacional (sospechoso de desapariciones forzadas en México). Sus tíos sirvieron al Ejército y ella decidió emprender una carrera profesional en el Colegio Militar; pocas horas de sueño, mucho estudio, fuertes obligaciones pero grandes satisfacciones.
No cualquiera tiene madera para aguantar la disciplina militar. En su generación entraron más de 100 aspirantes y a penas 60 concluyeron sus estudios de enfermería. En su trinchera profesional no hay armas pero sí muchas vidas que salvar todos los días.
Daniela define la participación de las fuerzas armadas en las acciones contra el crimen organizado como una guerra, donde los militares han sido estigmatizados por hechos lamentables como la masacre de civiles en Tlatlaya, Estado de México.
"Las opiniones de la sociedad están divididas, algunos consideran que todos los soldados son malos y no es así. No conocen al estrés ni los riesgos que enfrentamos por defender a la población; somos universales, hacemos muchas cosas y a veces ni siquiera somos reconocidos", me dijo con la voz entrecortada.
Con dos años de matrimonio están conscientes de que nada está escrito; una estrategia mal planeada, un ataque inesperado y hasta un vuelo de reconocimiento (como sucedió en Jalisco) podría significar el fin de sus días.
Un reporte de la Secretaría de la Defensa Nacional sobre las bajas que ha registrado la lucha contra el narcotráfico del 1 de diciembre del 2006 al 1 de mayo del 2015 contabiliza 452 elementos caídos.
Datos de la Presidencia de la República revelan que en lo que va del sexenio de Peña Nieto han fallecido 95 elementos en el cumplimiento de su deber: un jefe, 11 oficiales y 83 miembros de tropa.
A pesar de las cifras luctuosas me señaló convencida: "Para nosotros, la milicia es nuestra vida, nuestra esencia. Nos hace sentir vivos saber que podemos ayudar a mucha gente, esa es nuestra misión, proteger y salvaguardar la integridad de México".
Al final de la conversación Daniela me pidió enfatizar que los buenos militares también tienen familia que los espera en casa; solo que antes de su vida privada tienen la obligación moral de defender a su nación de quienes intentan hundirlo en la ilegalidad.
Mi cuenta en Twitter @estradapaty