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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Y luego se enojan porque le dicen narco-Estado

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Antonio Betancourt

Periodista e investigador por la UNAM. Miembro fundador del periódico La Crónica de Hoy, trabajó en ese medio de 1997 a 2002, año en el que la Corresponsalía de The New York Times en México lo llamó para enrolarse como reportero investigador. Laboró en ese importante medio hasta 2011 para después fungir como Coordinador Web de Azteca América, en Tv Azteca, a cargo de contenidos para la población hispana en los Estados Unidos. Hoy es columnista en temas de seguridad nacional, narcotráfico y política, además de impartir cátedra universitaria en periodismo de investigación.

Lunes, Mayo 4, 2015

El asombro es la capacidad de impresión en el ánimo que alguien o algo causa a una persona o a muchas, especialmente por alguna cualidad extraordinaria o por ser inesperado.

México es mucho país, repleto de recursos naturales de extraordinaria belleza y de gente de calidad superior que demuestra a diario lo que es capaz de ser y hacer.

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Y aunque somos una raza aguantadora, luchona y siempre echada pa´lante, el narcotráfico y el crimen organizado nos ha rebasado desde hace años y es hora de hacer algo al respecto.

Hemos perdido como sociedad la capacidad de sorpresa y asombro, y hemos hecho de la violencia nuestro modus vivendi.

Ya pasó aquello de que somos rehenes del crimen organizado, seamos honestos, y reconozcamos que los delincuentes han tomado el país; ellos mandan, ellos dictan agenda, y ellos han modificado nuestra manera de vivir y de sentir.

Lo que padecieron el fin de semana algunas entidades por la violencia obliga a la reflexión y a la acción respecto de qué sociedad somos y cuál quisiéramos ser.

Debemos definirnos porque ya no solo están en juego cuestiones políticas o económicas, sino algo más valioso que no nos podemos dar el lujo de perder: nuestra seguridad e integridad.

Un día de furia en Jalisco. Ecos de violencia en Colima, Guanajuato y Michoacán. Guadalajara paralizada por el miedo. Siete muertos, tres militares desaparecidos, algunos civiles heridos, bancos, gasolinerías, vehículos incendiados, bloqueos en carreteras federales.

Y en medio de todo eso, tu familia, la de nosotros y las de todos.

Hay violencia en las escuelas, dentro y fuera, hay asaltos prácticamente en todos lados y a cualquier hora; poco a poco se reducen los espacios donde las familias pueden estar seguras y pronto habrá quien ya prefiera no salir de casa.

Se ha trastocado la vida cotidiana y nuestras actividades deben pasar por el filtro de por dónde sí voy y por dónde no, para no ser vejados.

El transporte público se ha convertido en un latente factor de riesgo para todos, y ni siquiera los automovilistas y peatones están seguros. Es más, la policía ya no inspira confianza en ningún rincón del país. Desde hace años ha sucumbido al poder del narco y al de la necesidad, que la ha corrompido hasta las entrañas.

México ya no es tierra para vivir. No es posible que un pequeño porcentaje de mexicanos esté medianamente seguro, y eso sea porque pueden pagar seguridad personal y empresarial… ¿y los demás?

Urge saber en dónde estamos para precisar a dónde y cómo queremos llegar, porque si no, ¿qué tiene que pasar para que actuemos de forma coordinada, eficiente y continua en esta pendiente de deterioro? ¿hasta dónde encontraremos el punto de quiebre para cambiar?

Y a todo esto, ¿dónde está el Presidente? ¿dónde los Poderes legislativo y Judicial? ¿dónde los gobernadores? Y luego se enojan porque se dice que México es un Narco-Estado.

Sigamos viendo telenovelas y peleas de box, sigamos adormecidos por los poderes fácticos, y a ver a dónde llegamos. Al tiempo.

PARA EL REGISTRO Este puente escolar ha permitido que los ángeles del hogar anden de aquí para allá, contagiando su alegría a diestra y siniestra. Precisamente el día de Código Rojo en Jalisco una de las sobrinas con rostro apesadumbrado se nos acerca y dice: “tío, ¿le podemos cambiar a la tele, es que queremos ver coches persiguiéndose y chocando y eso, cuál es el canal?”... silencio y estupefacción. Ese día no se vio más televisión. Desempolvamos los juegos de mesa y seguramente los adultos se fueron a la cama pensando en qué será de los niños en este país. Triste. Gracias. Hasta mañana.

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