En nuestro país la renovación de la clase gobernante ha seguido diferentes directrices, la han integrado militares, civiles con perfiles de cierta preparación académica o bien por tener carisma y popularidad. La picaresca política los ha denominado: “caudillos”, “cachorros de la revolución”, “dinosaurios”, bebesaurios”, “yuppies”, “tecnócratas”, “líderes sociales”, “mesias”, “trapecistas”, “chapulines”, “tránsfugas”, “metrosexuales”, estos últimos se distinguen por ser políticos urbanos con un gusto exacerbado por su imagen o apariencia física, en pocas palabras son “refinados, exquisitos y bonitos”.
En la actualidad las clases políticas se integran mediante las reglas del sistema electoral, las cuales estimulan un proceso controlado de circulación de aspirantes, que les permiten, contar con los medios para orientar la voluntad de los electores y elegir a quienes habrán de encargarse de la compleja tarea de gobernar.
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Determinar cuáles son las características que deben reunir los gobernantes, para tener buenos gobiernos, ocupó una parte significativa en los debates de la antigüedad clásica, pero con el devenir histórico, pareciera que es un asunto que ha sido dejado de lado, pues es suficiente con que los candidatos reúnan los requisitos legales y obtengan la mayoría simple para acceder al cargo de representación por el que se postulan, pero eso no garantiza que la conformación de la clase política será la mejor para tomar decisiones en los asuntos públicos.
Y es que desde la perspectiva teórica elitista, la minoría o élite posee “cualidades superiores y el control de las fuerzas sociales, además de conexiones y parentescos. Su éxito y su poder radican en que es una minoría organizada en contraposición con una mayoría desorganizada” (Bolivar, 1999, p. 388).
En la teoría de las elites la lucha real por el poder se da dentro de la clase gobernante, pero no está exenta la alternativa de que también la sociedad se vea beneficiada de alguna forma. En este sentido, la sociedad prospera cuando la minoría gobernante mejora o es sustituida por otra de mayor calidad y viceversa, si la clase gobernante cae en decadencia sin que otra minoría plantee una solución más apropiada para los problemas de diversa índole, la consecuencia será la inmovilización o la acompasada desintegración.
En procesos electorales la ciudadanía reconoce a los partidos como instancias de poder e influencia; sin embargo, también los percibe alejados de los intereses de la ciudadanía y proclives a la corrupción en muchos ámbitos de su acción política.
En el próximo proceso electoral a celebrarse el 7 de junio de 2015, se renovarán a los 500 integrantes de la cámara de diputados, así como gubernaturas en los estados de Baja California Sur, Campeche, Colima, Guerrero, Michoacán, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí y Sonora.
En el caso de los estados de Guanajuato, Jalisco, Estado de México, Morelos, Tabasco, Yucatán y el Distrito Federal se elegirán diputados locales. En los estados mencionados, también se elegirán autoridades municipales. De este gran ejército de candidatos podríamos cuestionarnos: ¿cuántos tendrán el perfil idóneo para ocupar los cargos por los que aspiran?... no lo sabemos.
Los partidos políticos han postulado candidatos que aseguren captar el mayor número de votos, sin importar la trayectoria política o experiencia de gobierno de quienes postulan.
Durante la campaña nos dirán que son la mejor opción, que son profesionistas, que iniciaron su carrera política por vocación de servicio a los ciudadanos, que no son rateros, que son padres o madres de familia ejemplares, que provienen de las mejores familias con valores éticos y morales, que son ciudadanos igual que todos, que son sensibles a la pobreza e injusticia y más…, ¡y lo mejor! que cambiarán todo lo que no se ha hecho durante décadas, que lo harán en unos cuantos meses y años… en fin… que serán los mesías, salvadores de este infierno terrenal de inseguridad, violencia y pobreza cada vez más generalizada.
Pero lo más divertido es que como en la guerra y el amor todo se vale, los candidatos a través de los medios de comunicación dignificarán su imagen o bien se encargarán de hacer públicos todos los actos de corrupción que han cometido sus competidores, para que los electores lo tomen en consideración para emitir su voto.
Qué lástima que tengamos que pagar con nuestros impuestos las campañas negras de los partidos políticos, pero lo peor, que los corruptos no reciban su castigo y que después del proceso electoral nadie se acuerde de lo denunciado.
Como resultado de este proceso, podremos prever la composición de una clase política bastante endeble, que más allá de cualidades superiores, conocimientos, especialización, capacidades, liderazgo, fuerza social, experiencia de gobierno etc, en su mayoría, reproducirán los vicios que ahora ellos están criticando, por lo que la renovación de la clase política, es impensable que signifique un factor potencial para establecer nuevas propuestas para la conducción de nuestro país con la finalidad de que los mexicanos vivan dignamente como personas humanas.
nish76@hotmail.com