De acuerdo con información del Programa Nacional de Infraestructura 2014-2018, México se encuentra rezagado en materia de competitividad según lo muestra el Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial, a principios de 2013 nuestro país se colocó en el lugar 55 de un total de 148 países evaluados.
Una de las causas que explica la baja competitividad en el país es la dotación y calidad de la infraestructura, la cual es el segundo factor de 12 que integran el Índice Global de Competitividad. En cuanto al rubro de infraestructura, a principios de 2013, México se ubicó en la posición 64 de un total de 148 países, con un valor de 4.1 puntos de un máximo de 7.
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El gobierno federal actual considera que para lograr un “crecimiento económico sólido, incluyente y sostenido es necesario contar con tasas más elevadas de productividad que incrementen la competitividad de la economía mexicana, a través del adecuado desarrollo de infraestructura” (Programa Nacional de Infraestructura 2014-2018, 3).
Con una infraestructura eficiente y bien desarrollada se aumenta la conformación de los diversos mercados regionales al disminuirse los costos de unión entre éstos y el resto del mundo; de ahí que la geografía no es un obstáculo para el desarrollo del país.
Aunado a lo anterior, la infraestructura permite reactivar las economías por los impactos macroeconómicos que produce en su fase de conformación, así como la conexión de las regiones aisladas con los mercados nacionales o internacionales, y ello crea, una baja en los costos de transporte de los bienes y mercancías que se producen o consumen en dicha región. Los efectos de una infraestructura eficiente para los habitantes de un territorio mejor comunicado con el resto del país, es que el lugar en el que viven sea más competitivo económicamente hablando, pudiéndose detonar la generación de empleos e ingresos.
Sin embargo en México, no todas las regiones tienen el mismo nivel de competitividad por distintas razones: sociales, económicas, geográficas, gubernamentales, recursos naturales entre otras más. Y es con los procesos de globalización económica la definición tradicional de competitividad entre economías nacionales, cimentado en el beneficio empresarial, se ha dejado de lado para centrarse en el concepto de competitividad entre los espacios físicos que sirven de columna para la actividad económica y social. Al cambio anterior se han sumado las directrices de sociedades más urbanizadas con respecto al sector rural, de economías apoyadas en el conocimiento y la innovación, además de las tecnologías de información y comunicación.
En este sentido, podría decirse que, entre más construcción de espacios físicos, las regiones se considerarían como más competitivas, pero habría que poner atención en qué tipo, con qué utilidad y la calidad de estos espacios físicos, pues de lo contrario, se vuelve infraestructura poco funcional y sólo para magnificar la imagen de un gobierno.
La Escuela de Graduados en Administración Pública (EGAP) del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey en septiembre de 2012, publicó el Informe sobre “La Competitividad de los Estados Mexicanos 2012, la ruta hacia el desarrollo”, en este informe se muestran los intentos efectuados por los estados de la República Mexicana para conseguir grados de desarrollo sustentable apuntalados en los cuatro factores que constituyen el Índice de Competitividad Global: Desempeño Económico, Eficiencia de Negocios, Eficiencia Gubernamental e Infraestructura.
Con base en estos indicadores, la entidad mejor evaluada fue el Distrito Federal con una calificación de 0.62 puntos de un máximo de 1.0. Otros estados que tienen calificaciones superiores a los 0.55 puntos son: Nuevo León, Querétaro, Nuevo León, Baja California Sur y Colima. Entre los estados con puntuaciones más bajas por debajo de los 0.40 puntos, se encuentran: Oaxaca, Guerrero, Tlaxcala, Veracruz, Chiapas, Zacatecas y Puebla.
De esta forma pese a la gran cantidad de infraestructura que se ha realizado en el estado de Puebla y aun cuando se tendrían que actualizar las cifras utilizadas para calcular el Índice de Competitividad Global, se observa que en nuestro estado, no se han logrado alcanzar niveles de desarrollo sustentables, ni se han incrementado el empleo ni los ingresos de las familias poblanas.
Concretamente en materia de infraestructura, los grandes beneficiarios han sido las empresas a las que han sido concesionadas las obras, a pesar del retraso en los tiempos de entrega y defectos, pero sobre todo, los costos millonarios de las mismas. No olvidemos que todos los que pagamos impuestos, contribuimos en gran parte, para sufragar estos gastos gubernamentales.
Esperemos que los proyectos de los gobiernos federal, estatal y municipal en nuestra entidad, estén encaminados a mejorar el desempeño económico, la eficiencia de negocios, pero sobre todo la eficiencia gubernamental en infraestructura, pues queda la duda si con rutas y descuentos de transporte, ciclovías, puentes, remodelación de espacios de deporte, recreación o entretenimiento, son acciones suficientes que servirán de soporte para reducir el precio de producción y consumo de mercancías, para conectar regiones vecinas con el propósito de elevar la actividad económica del estado, que se refleje en empleos permanentes remunerados decorosamente, que ayuden a que los poblanos tengamos una mejor economía para satisfacer necesidades básicas y mejorar la calidad de vida. Bueno, no todos tienen este problema, hay quienes ganan en el estado más de cien mil pesos al mes y no les afectan los recortes presupuestales, ni los despidos… el problema en nuestro estado ante la falta de desarrollo económico es la distribución inequitativa de la riqueza en su más cruda expresión.
nish76@hotmail.com