En los últimos años hemos oído hablar sobre las dietas de desintoxicación, también denominadas dietas detox. En realidad, estos planes de alimentación estuvieron de moda hace unos 50 años, y ahora han regresado con gran fuerza al mercado de las dietas. Implican una nueva tendencia en lo que a alimentación se refiere, además de que refuerza algunos conceptos paralelos al veganismo, dietas a base de productos orgánicos y el naturismo.
La información sobre estas dietas la podemos encontrar prácticamente en cualquier parte: ya sea en revistas, medios electrónicos, libros completos sobre esta “nueva ciencia” e incluso en redes sociales. Los resultados que se promocionan son prácticamente milagrosos debido a que, gracias a los alimentos consumidos en las proporciones justas, nuestro organismo “se limpia y se libera de cualquier toxina o sustancia que lo pudiera estar perjudicando crónicamente”. Obviamente estas toxinas provienen de alimentos insanos, chatarra o industrializados, causantes de una serie de enfermedades fatales.
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Pero realmente ¿en qué consisten las dietas detox? Quienes las recomiendan promueven el consumo de abundantes frutas y verduras, muchas de ellas prescritas en forma de jugos, batidos, licuados o “shoots”, agregando algunos tés, leches vegetales, hierbas y especias curativas. Las desintoxicaciones pueden ir en versiones de los 5 ó 10 días, o una adaptación muy socorrida de 21 días, aunque incluso en algunos libros las recomendaciones llegan a extenderse en programas de hasta 6 meses. Durante el seguimiento de este régimen se prefiere evitar a toda costa el consumo de cereales e incluso no debe incluirse ninguna fuente de proteína de origen animal; obviamente es imprescindible evitar cualquier alimento industrializado. Los resultados, bajo estas circunstancias son abrumadores ya que en poco tiempo la pérdida de peso y de centímetros en la cintura y el abdomen son incomparables, además de que a estos indicadores se agrega una gran sensación de bienestar y de salud que la persona en cuestión manifiesta.
Sin embargo, debemos recordar que, nuestro organismo posee en sí mismo, sus propios “mecanismos de limpieza”, los cuales además de ser sumamente efectivos, son capaces de mantenernos en equilibrio con el medio; estamos hablando principalmente del aparato gastrointestinal, del sistema urinario y del sistema hepático. Gracias a ellos, en fusión con el resto de nuestros órganos y sistemas, se llevan a cabo todas las funciones metabólicas que nos ayudan a asimilar los nutrimentos provenientes de los alimentos de manera adecuada, y a desechar lo que el cuerpo no requiere. Sin embargo, en occidente nuestros patrones de alimentación, y en general nuestro estilo de vida, nos han orillado a buscar medidas emergentes tal como son las dietas detox. Es así, que exploramos sobre alguna fórmula mágica para “resetear nuestro metabolismo” (término muy usado por quienes prescriben y/o recomiendan este tipo de dietas) y empezar de cero.
Como consecuencia, estas tendencias en el área de la salud y la alimentación, traen consigo un buen número de mitos, por ejemplo: la alta toxicidad de las todas las proteínas de origen animal; el consumo de frutas y verduras como única fuente de los nutrimentos necesarios para nuestro organismo; o el grado de inflamación desmesurado que los productos lácteos nos provocan, etc., afectando a largo plazo la calidad de la dieta de las personas y poniendo en riesgo su salud.
Si bien un plan de alimentación equilibrado, completo y variado, propone como principal fuente de alimentos frutas y verduras de diversos colores y en diferentes presentaciones y platillos, clínicamente también se fundamenta la necesidad de consumir otro tipo de fuentes de nutrimentos, que por obvias razones, sean de calidad. A lo largo y ancho del mundo existen planes de alimentación muy saludables – como lo son la dieta mediterránea o la dieta DASH - que recomiendan el consumo frecuente y moderado de cereales integrales, leguminosas (como frijoles, lentejas o garbanzos), carnes magras (incluidas las de pollo y pescado), oleaginosas (nueces, almendras, cacahuates), leche y quesos descremados, grasas vegetales como el aceite de olivo o canola, agua natural como principal fuente de líquidos, e incluso porciones moderadas de vino; al mismo tiempo pretenden restringir al máximo alimentos industrializados y/o procesados, lácteos enteros, conservadores, productos globales, y aquellos con un contenido alto en grasas saturadas y azúcares refinados.
Finalmente, lo que necesitamos para mantener saludable nuestro cuerpo no es una fórmula mágica que nos ayude a resetear el metabolismo; más bien requerimos ser consumidores inteligentes, con la responsabilidad suficiente para saber elegir el tipo de alimentos que pueden ayudarnos a mantener el equilibrio en nuestro organismo; debemos ser personas que por convicción (y no por enfermedad) sepamos consumir las porciones de alimentos saludables que requerimos y que además tengamos conocimientos sobre una selección correcta de aquello que nos llevaremos a la boca; pero sobre todo debemos convertirnos en poblaciones dispuestas a adoptar regímenes de alimentación saludables a lo largo de toda una vida, y no solo por un corto tiempo, mientras otra dieta se pone de moda.
La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
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