Al estar vinculada la competitividad de un país al establecimiento de un ambiente propicio para la inversión y los negocios que generen empleos, los empresarios debemos analizar alternativas de salvamento ante la crisis económica que persiste en México y mantiene en jaque el crecimiento económico.
Tan sólo hay que recordar que el último estudio del Instituto Internacional para el Desarrollo Administrativo (IMD, por sus siglas en inglés), situó a México en el lugar 41 de 60 países considerados por el instituto en Suiza.
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Si de entrada, el estar a 19 lugares de la última posición en materia de competitividad, más alarmante es que esa posición del 2014 con referencia al 2013 descendió 9 posiciones a nivel mundial.
México perdió lugares en tan solo 12 meses lo que implica la preocupación por analizar el entorno en que vivimos y también la imperiosa necesidad de concretar herramientas que nos permitan –como Nación- mejorar dichas condiciones.
El estudio al que hago referencia, hace alusión también al desempeño económico donde nuestro país registra otro descenso de 4 posiciones al pasar del 14 al lugar número 18; mientras que en Eficiencia de Negocios pasó del lugar número 33 al 41.
Leve mejoría se registró en el rango de Infraestructura al pasar del sitio 51 al 49 de un año a otro; sin duda un panorama que incide en la radiografía que muestra el crecimiento del México y del Producto Interno Bruto (PIB) así como de otras cifras de impacto macroeconómico.
Alarmante espectro que nos habla de un descenso económico que tiene que ver con factores indirectos como el panorama de recuperación de los mercados internacionales en medio de una crisis financiera que nos respetó condiciones en las grandes potencias mundiales, lo que trajo consecuencias de impacto colateral en las economías más pequeñas.
En ese contexto de los vaivenes por los que atraviesan los niveles de competitividad, llama la atención la nueva Ley Federal de Competencia Económica propuesta por el Ejecutivo de la Nación ante un panorama donde el desarrollo económico, la productividad y la competitividad del país están sujeto a restricciones de libre concurrencia y a prácticas monopólicas y barreras que inciden negativamente en la competencia económica.
Una referencia más que incide en el diagnóstico del crecimiento económico nacional es el Reporte del Foro Económico Mundial sobre Competitividad 2013-2014 donde México se ubica en el lugar 114 de 148 países en efectividad política de competencia económica.
Una ley que pretende la implementación de un sistema de competencia económica en el país para generar un mercado interno competitivo y dinámico.
El reto, entonces se focaliza en la generación den procesos económicos más eficientes, mejor tecnología, más infraestructura e insumos más baratos. Esas condiciones pudieran sentar las bases financieras para que las personas y empresas aprovechemos mejor los recursos que nos auxilien a generar riqueza y ser más productivos.
Sin duda, la Reforma en materia de Competencia Económica –si se desdobla en acciones reales, inmediatas y concretas- redundará en un entorno competitivo más abierto y más justo que permita incrementar el bienestar de los mexicanos.
Requerimos como sociedad e iniciativa privada generar mayor innovación y crecimiento económico con actividades comerciales en mercados transparentes y eficientes para lograr una mayor oferta de productos y servicios a precios más bajos.
Es una necesidad contar con una Nación más competitivo donde el talento y la innovación se impulsen en un esquema de coordinación entre la iniciativa privada, los órdenes de gobierno y la sociedad civil.