Dogmático, concluyente, sin permitir agregar nada a lo que llama su verdad, el gobierno de Peña Nieto responde al enojo social a través del procurador Murillo Karam.
El presidente urge en su discurso a que se de vuelta a la hoja en el caso de los estudiantes desaparecidos; no podemos quedarnos anclados en ese suceso, habrá que seguir adelante; palabras que son respaldadas inmediatamente por el magnate Lorenzo Servitje, en su papel de representante del alto empresariado, haciendo recordar esas etapas caducas del presidencialismo absolutista y que sin duda hicieron mover el esqueleto de Fidel Velázquez.
Más artículos del autor
Urgido por las presiones castrenses y con el claro objetivo de deslindar a los militares de su participación en esta tragedia, el procurador declara el caso como concluido, pretendiendo, dizque con razones científicas, demostrar que en el basurero de Cocula fueron exterminados los normalistas, sin tomar en cuenta que más tarde los peritos argentinos, contratados por la PGR, echarían por la borda las tesis de la tan “noble y creíble” institución justiciera mexicana.
La mera verdad, es que no existe la tal verdad tan anunciada, ya que quienes la sostienen han hecho de la mentira una pésima costumbre.
Lo preocupante es que al anuncio de la “verdad histórica” decretada por el régimen, le podrán seguir medidas autoritarias represivas, justificadas con el hecho de que no hay más razón de reclamo alguno; tentación que se esboza en el reciente discurso del jefe de las fuerzas armadas en el que refiere la existencia de fuerzas extrañas que pretenden distanciar al pueblo de la milicia.
Con esto se perfila la peligrosa asociación de las cúpulas del poder mexicano compuesta por la alta clase política, el alto empresariado y los altos mandos militares; todo ellos solicitando la intervención de las “fuerzas del orden” para terminar con cualquier indicio de protesta pública.
No cabe duda, el viejo sistema nunca se fue, solo cambio de vestidura.
¡Y cuando desperté, el dinosaurio estaba ahí!