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OPINIÓN

La Tolerancia

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José Alarcón Hernández

Lic. en economía, con mención honorífica. Diputado Local dos veces y diputado federal dos ocasiones. Subsecretario de Educación Superior de la Entidad y Subsecretario de gobernación del Estado. Autor de 8 libros publicados por la Editorial Porrúa. Delegado de la SEP Federal en el Estado. Actualmente Presidente del Colegio de Puebla. A.C.

Martes, Febrero 3, 2015

La virtud nunca se queda sola:

aquel que la posee tendrá vecinos

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Confucio

Todos o casi todos entendemos lo que es la tolerancia, igual que su opuesta la intolerancia.

Este concepto es entendible por muchos pero practicable por pocos, muy pocos.

La tolerancia es indispensable en las familias, en las comunidades y entre las naciones.

La tolerancia lo comprende todo, lo bueno para compartirlo, lo malo para comprenderlo.

La palabra tolerancia proviene del latín tolero, toleras, tolerare, que traducido al castellano significa soportar, sufrir, comprender.

Esta palabra proviene del griego tallo.

Si en las familias se tuviera presente el concepto y la práctica de la tolerancia, entonces pocos serían los conflictos y la paz y la alegría serían factores dominantes de la convivencia familiar.

Con mayor razón los grupos y las sociedades requieren tener presente y aplicar la cualidad de la tolerancia; entonces, se evitarían conflictos entre los pueblos y muchos casos como el de Ayotzinapa y el de Tlatlaya.

La tolerancia  es indispensable, es una guía común, ayer, hoy y siempre entre las personas y las comunidades, entre las naciones.

Desde hace muchos siglos hasta hoy no hay tolerancia, lo que domina son los intereses, por cierto no legítimos sino incluso ilegítimos que han dado al traste con las culturas y las civilizaciones.

La tolerancia es un valor consustancial para la convivencia humana. Es una cualidad en las personas y es un mandato entre grupos y naciones.

Por cierto, escribo estas líneas nacidas de la lectura de la “Carta sobre la tolerancia” por John Locke (Wrington, 1632-Excess, 1704).

Este connotado autor consagró su vida a la enseñanza y al debate filosófico del gobierno político y el pensamiento empirista  para la época y también para hoy. Fue un libro notable en el que se sugiere o se plantea la necesidad de la tolerancia entre clases sociales, particularmente por la intolerancia surgidas por las luchas religiosas.

En fin, John Locke también estudió medicina  e influyó en los diversos grupos religiosos-políticos, originarios por la reforma protestante y por la contrarreforma.

Según Voltaire, “quizá no haya existido jamás un espíritu más  sabio, metódico, un lógico más exacto que Locke”.

Este con su pensamiento, su filosofía, su experiencia como maestro estudió a la naturaleza y al entendimiento igual que al Estado.

La tolerancia abarca varios mundos, por eso se dice tal o cual persona tiene tolerancia a los medicamentos “X”.

La tolerancia es el reconocimiento de las diferencias inherentes a la naturaleza humana.

El intolerante no entiende, no comprende; grita, destruye, se enoja.

El intolerante se siente indispensable, piensa que es inmune e inmortal.

Hace que olvida, ignora, desprecia.

El intolerante considera que su planificación y funcionamiento es lo mejor.

Estima que la falta de coordinación y comunicación acaba con su equipo.

El intolerante alimenta la rivalidad y siempre quiere vencer al otro.

El intolerante padece cierta esquizofrenia existencial, que lo saca del mundo ordinario.

El intolerante cae en la sacralización de sus jefes.

La intolerancia de las personas las lleva a la indiferencia y al chisme.

El intolerante con su intolerancia carga con el mal de la cara larga.

Los intolerantes, por este pequeño defecto construyen sus círculos cerrados impidiendo la participación de la comunidad.

Los intolerantes fácilmente caen en el exhibicionismo y el interés perseverante de  acumular.

Volvamos a la tesis central.

La tolerancia es un concepto que las personas deben transformar en virtud no en defecto.

La tolerancia entre los gobernantes y entre los grupos evita las guerras y los conflictos.

La tolerancia es un mandato personal y colectivo que construye sociedades más amables.

La tolerancia conlleva a las buenas relaciones, incluso a la amistad.

No hay que ser intolerante, para no serlo se requiere ejercitarse y practicar la tolerancia, que es compresión, pasión de ser y de servir      

Aristóteles escribió: “que la virtud como el arte, se consagra constantemente a lo que es difícil de hacer y cuanto más dura, es la tarea más brillante es el éxito”.

La tolerancia es una virtud, engendra tolerantes, personas amables.

La intolerancia es la vía al repudio individual o colectivo.

La intolerancia al final es el sepulcro de los soberbios.

A los intolerantes se les finge respeto y afecto.

Hay que ser comprensivo con los intolerantes.

Así se entiende mejor lo que es la tolerancia.

Esta cuesta transformarla en hábito y por lo tanto convertirse en modelo.

Bueno, este concepto es tan difícil que hasta los santificables luchan permanentemente por hacer de la tolerancia una cualidad y luego una virtud.

“Un hombre es juzgado según sus amigos, pues el sabio y el necio nunca han coincidido”: Baltasar Gracián.

vivereparvo45@yahoo.com.mx / vivereparvo45@hotmail.com

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