Grito que identificó a la falange española y que llevó a la practica en su forma más radical, el gobierno de Francisco Franco en su dictador gobierno ejercido durante treinta años en España, mucho menos que el PRI mexicano; y por cierto de trasfondo ideológico parecido al del panista Vicente Fox cuando respondió a un joven reclamante de sus promesas no cumplidas: “hubiese sido mejor no haber aprendido a leer”
Así es como la clase política gobernante, de cualquier signo partidista, nos quisiera ver.
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Silenciados, aprobando sus decisiones, respaldando en todo sus acciones, sin disentir, ni siquiera razonar acerca de lo “bien” que gobiernan: ellos están para mandar, nosotros para obedecer.
Lo mismo se trate de un gobernador o de un presidente municipal, de un regidor o de un funcionario de gobierno, cuanto más de un representante de la justicia, ya sea un policía de banqueta o un procurador cansado, ellos jamás estarán dispuestos a recibir critica o propuesta alguna, ya que han sido ungidos por el poder divino emanado del compadrazgo o de la familiaridad con el mandante en turno.
Lamentablemente esta forma de pensar de la clase gobernante ha sido llevada al extremo de lo peligroso, ya que ahora no solo les es suficiente el desdén y la amenaza, sino que han pasado a la violencia criminal sanguinaria para mandar el mensaje claro de que quienes se atrevan a ponerlos en evidencia deberán enfrentar, en el menor de los casos, la cárcel o llegar hasta la perdida de la vida misma.
Y para ejemplo de esto bastan los casos de Iguala y Veracruz, sin olvidar Michoacán y las autodefensas, y otros estados de la república, donde defensores de derechos humanos, líderes sociales, académicos, ambientalistas han sido encarcelados, violentados en sus derechos, desparecidos y hasta muertos solo por el hecho de disentir de las acciones de gobernantes con mentalidad de selváticos primates.
A estos no les gustan los cuestionamientos, ni las preguntas incomodas, por eso cada día es más ostentoso su aislamiento de los ciudadanos a través de la colocación de vallas metálicas en los lugares donde se reúnen, sus grotescos guaruras, sus perros guardianes, y cientos de policías que son distraídos de la función de otorgar seguridad a sus gobernados, todo con el objeto de evitar cualquier forma de manifestación pública de las ideas.
¡Muera el racionamiento! Empieza a ser el hilo conductor de la forma de gobernar de personajes impuestos por el solo voto favorecedor de sus benefactores… ¿qué más podemos esperar?