“La vida es guerra, y la estancia
de un extraño en tierra es extraña”
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Marco Aurelio
Todas las naciones tienen hoy ejército. Éste nació con sus particularidades y sus generalidades y circunstancias.
Los ejércitos surgieron en los tiempos remotos para defender su territorio y sus triunfos sobre tribus o grupos ya asentados.
La historia de oriente y occidente está llena de datos que constan para testimoniar la participación del ejército de cada pueblo.
El ejército defendía sus intereses, empezando por cuidar y defender su territorio, custodiar al jefe político y por qué no, hacer conquistas de otros territorios para ampliar sus dominios.
En México la historia del ejército es prolija. El actual ejército –hace unos días se cumplieron cien años– nació en la revolución mexicana.
Las diversas facciones políticas se sujetaron a un ejército constitucionalista que sustituyó al ejército de la Colonia.
Hoy la población en general tiene alta estima por los militares. Estos prestan importantes servicios, los propios, de custodiar la nación y las calamidades que se han presentado.
El ejército es respetado por sus acciones pero también, hay que decirlo, nadie se va a oponer a soldados con armas y medios suficientes para aplacar cualquier rebelión.
En la revolución surgieron, por sus triunfos y una que otra derrota, los jefes del ejército, que llegaron a ser presidentes de la república: Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Manuel Ávila Camacho, entre otros.
Los secretarios de la defensa siempre han sido militares, no ocurre como en otros países que un civil esté al frente del ejército.
El ejército no ha estado exento de actos contrarios a la ley pero han sido eventos contados que surgieron de las circunstancias adversas, al sujetar a grupos y a personas que atentaban contra la república.
Debemos sentirnos orgullosos del ejército que tenemos, como lo hizo el presidente Enrique Peña Nieto en su discurso reciente.
Tengo que corregir, hay uno o dos países que no tienen ejército como Costa Rica.
En México el número de miembros del ejército es de 250 mil elementos para más de 120 millones de habitantes en un extenso territorio.
La paga al ejército no sale de la nada, el pueblo con sus impuestos otorga sus emolumentos como cualquier servidor público que también recibe su sueldo de los impuestos que aportan los contribuyentes.
Con ese motivo del centenario, inscribo algunos datos de un general de la revolución y político significado: General Donato Bravo Izquierdo.
Éste nació en Coxcatlán Puebla, el 5 de noviembre de 1890. Su papá fue José María Bravo Olmos y su mamá Aurelia Izquierdo.
Estudió la primaria en su pueblo y los estudios superiores en Tehuacán.
En esas primeras decenas del siglo XX, los altos jefes también andaban en la política.
Donato fue diputado constituyente en 1917, diputado al Congreso de la Unión entre 1918 y 1919; también fue senador por su lealtad a la república.
Fue gobernador sustituto de Puebla, de 1927 a 1929 para pacificar la entidad y superar la etapa crítica que se dio entre 1910 y 1927 con más de diez gobernadores.
En esos años fue implacable con los cristeros, clausuró el Seminario Conciliar Palafoxiano, el Colegio del Sagrado Corazón, apresando a los sacerdotes insurrectos, como también lo fue con los militares y generales que enfrentados luchaban por hacerse de la gubernatura.
Durante su gobierno hizo muchas cosas, como otorgar la categoría de municipios a los pueblos de Esperanza, Saltillo Lafragua, Francisco Altepexi.
En esta etapa de su vida como militar escribió dos libros: “Un Soldado del Pueblo” y “Lealtad Militar”.
Por su importancia, transcribo parte del prólogo del Gral. Heriberto Jara a su primer libro. “Bravo Izquierdo no ha olvidado que surgió de las masas populares para defender los legítimos derechos de estas, ya fuese en actos civiles o en los campos de batalla…”
“Tenía plena conciencia de que los sinceros revolucionarios, no se lanzaron a la lucha armada para formar un ejército de casa, para adquirir riquezas, ni altos puestos ni laureles; sino para que el pueblo mexicano oprimido y explotado por décadas, bajo el yugo de la dictadura porfiriana, en una implacable esclavitud, entrara a una nueva vida digna de ese hombre.”
“Bravo Izquierdo, obrero de origen, había sufrido en carne propia, al lado de sus hermanos de clase, explotaciones, despotismo, atentados, y conocía cuantos esfuerzos había que hacer y cuanto sudor derramar por largas horas, para que se le pagaran unos míseros centavos.” “Fiel a su ideal, Bravo Izquierdo desafió todo y sufrió prisiones, persecuciones y destierro pero de cada golpe se levantó para seguir la ruta que por convicción se había trazado.”
“En el libro se ve cuantos se lanzan a las armas para salvar derechos humanos, y cuantos van para hacer fortuna; cuantos a ver qué provecho personal sacan y no a ver qué provecho social dejan.”
“Ahí despiertan las bestias salvajes para saciar los apetitos más groseros, hasta llegar a la comisión del crimen, nada más que por deporte”.
Heriberto Jara afirma que Donato Bravo supo apreciar el valor de los hombres y darle su merecido lugar.
“En sus diversos actos de armas, descubrió héroes hasta entonces ignorados, y también inventores; como en el caso del ciudadano Coronel Julio Gutiérrez, que en el taller de los ferrocarriles en Rincón Antonio, construyó con herramientas deficientes, un cañón de anima rayada y cierre percutor muy prácticos.”
Jara afirma que fueron compañeros en el Congreso Constituyente de Querétaro.
En fin, el poblano Donato Bravo Izquierdo es un hombre de la historia de esta entidad y ejemplo de un soldado disciplinado y leal.
Concluyó estas líneas escritas por H.D. Thoreau: “Todos los hombres reconocen el derecho a la revolución, es decir, el derecho de rehusar obediencia y sublevarse contra el gobierno cuando su tiranía o incompetencia son grandes e intolerables.”
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