“¡Dílo, --dijo--, Dílo: estoy enojada!” La otra no quería aceptarlo. Le costaba entender que su vida estaba llena de enojo. Que desde pequeña estaba enojaba porque las cosas no había salido como ella ‘necesitaba’.
--No, no me enoja… me molesta.
Más artículos del autor
--¡Dílo: estoy enojada! Le insistía la “pinchi” amiga que parecía sólo quería molestarla.
--No, no estay enojada… me da pena.
--¡Dílo: estoy enojada!
--Enojada no, justificaba, me disgusta…
--¡Dílo: estoy enojada!
--Enojada no, arremetía queriendo convencer, me entristece…
--¡Dílo: estoy enojada!, le exigía la “pinchi” amiga retándola con alegres miradas cada vez más como si fuera un juego para saber si se atrevía a aceptar lo que tanto escondía.
--¡Estoy emputada!, gritó por fin asustada y sorprendida por su propia voz que salía como un torrente de sus más íntimas entrañas. ¡No sólo emputada, me caga la madre, me patea el culo! Y empezó a reír a carcajadas.
--¿Ya ves qué fácil es? Si el inconsciente no se equivoca. Has guardado ese enojo, lo has disimulado; lo disfrazaste.., ¡Es enojo y hay que llamarlo por su nombre! Dilo: ¡Estoy emputada!
--¡Estoy requeté-emputada!, gritó en divertidas carcajadas.
--Tú no odias. Tú estás enojada. El enojo y el odio son muy distintos, en nada se parecen. El enojo, el emputamiento y las patadas por el culo, pasan: cuando te emputas, te desemputas; con el odio, no pasa eso. No pasa… ¡Tú no odias, tú estás enojada!, repitió. A las personas que odian no se les pasa; buscan destruir. El enojo busca cambiar algo, de manera equivocada porque lo único que puede cambiar es el enojo y sólo cambia cuando te das cuenta que estás enojada. ¡Grítalo, acéptalo: Estoy emputada!
--¡Estoy emputada, me caga la madre, me repatea el culo!, gritaba muy obediente y reía con gran diversión esmerándose con sus adjetivos y formas verbales.
--Ahora di: Yo no odio, yo estoy enojada. Dilo hasta que lo aceptes.
--Yo no odio, estoy enojada.
--Dilo otra vez: yo no odio, estoy emputada.
--Yo no odio, estoy emputada.
Era una catarsis que sacaba el enojo de muchos años; el enojo de una niña que había sentido que nació en la familia equivocada; que se sintió sola y abandonada; que se sintió perdida.
--Lo mejor de las catarsis es el final: cuando acaban…, dijo la “pinchi” amiga
La catarsis había acabado. Terminó cuando empezó a reír y a divertirse con su propio enojo y sus formas de expresarlo; cuando lo aceptó de manera consciente; cuando lo señaló y lo llamó por su nombre, y cuando se rio de sí misma por estar emputada y se rio de su emputamiento.., porque había pasado.
--Ahora, dijo la “pinchi” amiga, ahora sal al mundo y enójate con alegría.
…Pinchi amiga...
alefonse@hotmail.com