“Los poetas tienen deparado un actuar muy importante
en tiempos convulsos”.
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Están equivocados quienes piensan que en tiempos como los actuales es fatuo ocupar la poesía como fulcro. Quienes sostienen esta postura arguyen que son tiempos de acción y no de contemplación, que como “de poetas y locos todos tenemos un poco” cualquiera puede emitir disparates para evadir los asuntos verdaderamente importantes.
Erróneamente hay quienes sostienen que la poesía está divorciada de la realidad y que desde ahí no se pueden ofrecer alternativas ni propuestas a los temas que nos aquejan a todos.
Tal vez la equivocación de quienes sostienen lo anterior se deba a que frecuentemente se limita el universo poético a la rima simplona y cursi de lo romántico. Si esa es nuestra visión es entendible lo constreñido de la evaluación.
La poesía es una forma de conocimiento, de relacionarse con el mundo interior y con el exterior, y no obstante que el propio poeta sostuviese que sus poemas tratan exclusivamente de mundos sutiles, pese a ello, sus poemas inciden en la forma como su audiencia modifica su visión del mundo que le rodea a partir de entrar en contacto con la obra.
Por otra parte ¿no acaso en grandísima medida este mundo físico tan aparentemente alejado de cierto tipo de poesía es producto de los pensamientos e imaginación de las personas? Como es evidente de que esto es así, los asuntos tan mundanos como la política partidista o la macroeconomía encuentran reflejo en la poesía y, a su vez, en la analogía de ésta encontramos elementos para entender algunos de los fieros elementos de la lucha por el poder.
En latitudes como la nuestra, donde la violencia ha afectado absolutamente todo, incluyendo por supuesto el lenguaje, los escritores y en particular los poetas son una especie de guardianes de las palabras que permiten tener presente el sentido violento de las palabras y su contraste con la otrora connotación pacificadora y conciliadora, de tal manera que podemos entender los momentos convulsos de una sociedad sin cegarnos ante la posibilidad de establecer acuerdos y puentes.
Si persiste la duda de la incidencia social de los poetas basta una revisión muy superficial para encontrar muchos ejemplos de quienes fueron perseguidos por los sistemas precisamente por ese motivo: Federico García Lorca, Mario Benedetti, Bertolt Brecht, Reynaldo Arenas, Juan Gelman, Boris Pasternak, Ezra Pound, Raúl Rivero, entre muchos otros.
Por supuesto la lista está construida con un muy particular punto de vista que no necesariamente refleja ni la incidencia, ni los méritos, ni la calidad de los poetas incluidos, pero sí nos dan pauta para pensar en otros que han sido referencia de cambio de su tiempo y del presente.
No cabe duda que los poetas tienen deparado un actuar muy importante en tiempos convulsos porque su lenguaje mueve a la acción y a la conciencia ¿O no?
(@abelpr5)