Durante casi todo el siglo XX, la ideología era necesaria para gobernar y, más aun, para sumarse al ritmo de la historia como gran juez supremo del destino humano, de la razón, de la eficacia histórica y de la justicia en cuyos horizontes habría de venir el hombre nuevo, la nueva humanidad, la nueva sociedad, en donde la justicia, la libertad y la igualdad, a fin de cuentas, se harían realidad. Esas convicciones movieron los grandes movimientos sociales y las grandes revoluciones. El partido, el estado y el gobierno, no eran sino sus medios, sus instrumentos y sus armas que dejarían paso a esa sociedad ideal del nuevo ser y de la nueva era.
Ese ideal justificó no sólo las revoluciones sino las nuevas dictaduras, los nuevos totalitarismos y la nueva administración a través del partido, que era sinónimo de patria y lealtad, a la revolución y a la historia misma. Y ya sabemos cómo terminó esa historia: la caída de las ideologías y la muerte de la revolución social. Los partidos políticos mismos, aun en su horizonte democrático, terminaron abdicando de sus ideologías, que no servían más para gobernar, y se tornaron más pragmáticos y calculadores; hoy se puede gobernar perfectamente sin ideología. El síntoma más claro es que el elector de nuestros días ya no distingue, o mejor dicho, no le interesa, la ideología de un partido político o candidato, lo que le interesa, si es que le interesa, es que le resuelvan sus problemas específicos. Por ello, con mayor facilidad, si no se le revuelven, deja de creer en los partidos políticos, en los políticos y en la política misma.
Más artículos del autor
Esa crisis de credibilidad, que mantiene en la lona tanto a la ideología como a sus antiguos usufructuarios, se muestra, sin duda, en esos datos que maneja el Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México que publicó el INE y el Colegio de México (2014): 81% de los ciudadanos no confía en los partidos políticos y el 83% no lo hace en los diputados. Y en el caso de la zona centro del país (DF, Edomex, Hidalgo, Morelos, Puebla y Tlaxcala), el 36.9% considera que las leyes se respetan nada y el 40.6% que se respetan poco; sólo un 20% señalan que se respetan algo y un mínimo 2% dice que se respetan a cabalidad (véase página 43 del mencionado documento).
No es fortuito que la ideología haya caído (el siglo XX es el que más millones de víctimas ha producido), por ello, amable lector, lectora, le propongo la novela Los días terrenales de José Revueltas. En esta novela, como en las otras dos que analizamos las semanas anteriores, el escenario de oscuridad aparece al inicio y al final, donde destaca uno de los personajes principales, si no es que el principal, Gregorio; y la oscuridad vuelve a aparecer también en algunos momentos a lo largo de la historia, cuando Fidel y Julia, miembros del partido comunista, sufren la muerte de su pequeña hija Bandera. Y sobre todo, cuando otros dos militantes, Rosendo y Bautista, en medio de la noche más oscura, tienen que ir a colocar propaganda para que la lean los obreros antes de que entren a su turno de trabajo, a las 5 de la mañana; para lo cual han de atravesar un basurero.
Si bien la historia es más amplia, y supondría una exégesis también más amplia, para esta exposición hemos tomado solamente el tema de la oscuridad. Y como se ha dicho arriba, la historia comienza con la oscuridad, allá en un pueblo llamado Acayucan, en una comunidad donde sus habitantes se alimentan de la pesca inducida por envenenamiento del río.
“Noche, tinieblas, rotundo vacío. Todo igual. Lo negro y lo impermeable, sí, pero distinto” (Revueltas, 2009: 10). Esta expresión intenta explicar la situación, el ambiente en que se encuentran unos pobladores de un pueblo que esperan las indicaciones de su líder para comenzar su faena de recoger los pescados que, por inducción mediante envenenamiento del río (o cierto envenenamiento, ya que arrojan un tipo de ramas al río que provoca que los peces salten fuera), resultan de la pesca.
Las tinieblas, el vacío, la oscuridad no sólo es física, sino también metafísica, ontológica, atraviesa el ser mismo de todo, de toda existencia: “En el principio había sido el Caos, mas de pronto aquel lacerante sortilegio se disipó y la vida se hizo. La atroz vida humana.” (Revueltas, 2009: 9).
Aquí está el sentido metafísico del que hablamos, al grado de que Revueltas califica de antecedente, la oscuridad, que tomamos como el Caos, de la vida humana y enfatiza: atroz vida humana.
Ahora bien, del Caos de la existencia, si la oscuridad de ésta está reflejada en la imagen de la noche, Revueltas pasa a lo negro del actuar humano, es decir, a lo negro del ser humano, puesto que su existencia, como la noche, es tiniebla y oscuridad, para hacer al actuar humano negro también, oscuro igualmente. Y en efecto, lo que narra Revueltas en la novela es un actuar de una comunidad que, para sacar el alimento, la pesca, tiene que envenenar un río. Más aun, esa acción termina y/o culmina con el hallazgo de un muerto, de un cadáver que ha de ser exorcizado para que no eche a perder la pesca.
Así, la existencia además de noche y tiniebla, oscuridad y caos, se vuelve río envenenado y muerte. Como si dijera, en el principio era el caos y luego, con la existencia humana, todo se volvió veneno y muerte. En efecto, Fidel, otro de los protagonistas principales, miembro del comité central del partido, tiene envenenada el alma, la mente, incluso el corazón; es un fariseo del comunismo, es un sacerdote de la ortodoxia comunista; es quien recibe el informe de Gregorio respecto del hallazgo de un muerto que resultó ser un antagonista en el pueblo donde se encuentra Gregorio; y Fidel juzga a Gregorio de haber provocado, con esa muerte, una falta a la misión encomendada por el partido.
Y mientras su hija muere, y Julia, su compañera y madre de la niña sufre, Fidel no hace otra cosa que pensar en “un informe al partido”, pormenorizado, justo, sobre el asunto de Gregorio. Esa falta de sentimientos humanos y razonables es lo que terminará suscitando la separación de Julia. Y lo que cautivará a Rosendo, un joven que recién se ha incorporado al partido: porque muestra que todo, incluso lo más preciado, como pueden ser los sentimientos más profundos, lo ofrenda a la causa del partido. Pero es lo que le acusará Bautista, otro militante del partido: Fidel es una máquina que termina actuando contra la misma razón, mediante esa lógica mecanizada que es la ideologización de la causa.
Todo eso lo van reflexionando Rosendo y Bautista mientras caminan a lo largo del basurero para llegar al lugar donde tienen que pegar la propaganda del partido a efecto de que la lean los obreros antes de entrar a su turno de trabajo. Así, Revueltas introduce en la novela, y juega con ello, las imágenes de camino (la existencia humana como vía, como íter, como camino), noche, basurero, existencia.
El escenario es la noche, en medio del basurero, y mientras caminan, Rosendo va viendo las estrellas, fascinado con la actitud de Fidel (ha sacrificado todo, incluso lo más querido, como es el querer estar junto a su hija muerta y su mujer desconsolada, a causa del partido); pero Bautista, en cambio, va convenciéndose de que la actitud de Fidel lejos de ser un acto heroico, es del todo inhumana: en vez de enterrar a la niña y de acompañar el dolor de Julia, la madre, ha usado ese dinero para enviar el periódico del partido al interior del país.
“La que puede esperar es ella, porque está muerta.” Bautista no se podía quitar de la cabeza, con todo, estas palabras, como tampoco se podía quitar de la cabeza la candorosa frase de Rosendo sobre aquella actitud de Fidel con respecto a su hija: “Para mí es una de las más bellas lecciones.” Sonrió. La más bella de las lecciones, sí, una lección de desprendimiento y sacrificio. “La que puede esperar es ella, porque está muerta.” Naturalmente, un cadáver siempre puede esperar, porque ya no tiene nada que esperar. La más bella de las lecciones, pero no sólo eso, sino, asimismo, algo aturdidoramente lógico, lógico hasta carecer de sentido como todas las cosas en exceso razonables. (Revueltas, 2009: 123).
Así pues, la noche, la oscuridad, permite ver las estrellas y, como en el caso de Bautista, penetrar en lo más hondo del alma, sobre todo, ver cómo se envenena, cómo muere, cómo se hiela en el sinsentido, en la lógica del sinsentido.
Esa actitud es la que lleva a Julia a separarse de Fidel: “He resuelto que nos separemos para siempre. Creo –su voz pareció vacilar-, creo que he dejado de quererte“(Revueltas, 2009: 118). Y después del abandono, cuando Fidel le comunica a Gregorio la determinación del partido y la sanción que se le impone por haber arriesgado las tareas que se le encomendaron, le pide que si la ve, a Julia, interceda por él: “A lo mejor tú puedes hacer algo cuando hables con ella –imploró-, algo para que vuelva…” (Revueltas, 2009: 193).
Gregorio tiene que organizar una marcha del hambre, de Puebla a la ciudad de México, esa es la tarea que le ha encomendado el partido. Hace la marcha y ésta es disuelta por la policía; entonces, termina encerrado en las mazmorras de la prisión, en la oscuridad. De nuevo, Revueltas cierra la novela con el tema de la oscuridad.
En el principio fue el Caos, no el desorden, el Caos, simplemente una etapa anterior a la experiencia, en donde nada ni nadie se había comprobado a sí mismo. (Revueltas, 2009: 218).
En la oscuridad de la celda, Gregorio palpa y siente en la piel la oscuridad misma para volver a experimentarse en el origen, en el vientre materno; y descubre que en el origen de la vida se encuentra ya el sentimiento (o presentimiento) de la muerte. Vida y muerte están imbricadas. Y también el placer está conectado con la muerte. En la oscuridad de la celda recuerda a Epifania, la prostituta que lo salvó de la muerte, a quien ha poseído y en ese hacerla suya se ha contagiado de una enfermedad. Ahora camina a su destino y, como los personajes de El luto humano, también espera la muerte.
La muerte somos nosotros, dentro de nuestros padres, y nuestros hijos dentro de nosotros, que expresamos –hijos y padres a su turno- por medio de ese deleite con el que nuestros padres mueren un segundo y con el que todos morimos en el bárbaro y oscuro ayuntamiento, la voluntad, el anhelo de nacer. (Revueltas, 2009: 221).
Y así camina hacia su destino; cuando se abra la puerta de su celda, que puede ser en cualquier momento, ahí estará ella (la muerte) esperando. Cuando menos a esa verdad hay que estar dispuestos a aceptar. “Soportar la verdad –se le ocurrió de pronto- pero también la carencia de cualquier verdad.” (Revueltas, 2009: 232).
A modo de conclusión
Por tanto, como en las otras dos novelas que se han mencionado, en Los días terrenales, la oscuridad es un tema recurrente, una noción que muestra el trasfondo humano que no es otra cosa que lo expresado en el sentimiento de toda la época moderna, esa trilogía de noche, angustia y lágrimas.
Este enfoque sobre la condición humana, a nuestro modo de ver, coloca a Revueltas como un escritor de la misma proyección que Albert Camus o Samuel Beckett. Para muestra un botón; en Eleutheria, Beckett hace hablar al Dr. Piouk sobre el ser humano y manifiesta: “¡Venga! El gran rechazo, no el pequeño, el grande, lo que sólo el hombre puede, lo más glorioso que puede. ¡el rechazo del ser!” (Beckett, 2006: 117).
Desde luego, se podría hacer una comparación entre Revueltas y los escritores más relevantes del siglo XX sobre la condición humana, pero eso escapa a los propósitos de este artículo. Nuestro propósito ha sido, y esperamos haberlo mostrado, destacar la noción de oscuridad en el planteamiento de José Revueltas. Las novelas de nuestro autor nos llevan a un horizonte desolador donde se vuelve necesario plantear una pregunta: ¿se puede tener esperanza en esas condiciones, en esas circunstancias? Revueltas no responde pero nos conduce a ese escenario de formular esa cuestión. Vaya este breve texto como un pequeño homenaje en el centenario de su nacimiento.
Bibliografía
Beckett, Samuel (2006): Teatro reunido. Eleutheria. Esperando a Godot. Fin de partida. Pavesas. Film, trad. José Sanchis Sinisterra, Ana Ma. Moix y Jenaro Talens, Tusquets (Marginales, 237), México, 1a. ed. junio 2006, 573pp.
Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México (2014), Instituto Nacional Electoral/El Colegio de México, 277pp.
Revueltas, José (2009): Los días terrenales, edición original 1949 (Stylo), José Revueltas. Obras completas, Obra literaria, 3, Era, 1a. ed. México 1979, 12a. reimpresión, 232pp.