“¿Entonces para qué tanto?” dijo la chamaca con fuerza y coraje. Su amiga se quedó boquiabierta sin creer lo que escuchaba. La conversación había iniciado con gritos que poco a poco subían de tono y no sabían dónde irían a parar.
Todo comenzó cuando Bea llegó llorando a casa de Gris. Era muy temprano. Gris abrió y la miró con ojos hinchados y ojeras. No quiso preguntar qué había pasado ya que la noche anterior platicaron y se imaginó que nada estaría bien. Bea entró al baño y salió casi inmediatamente. Gris no se contuvo y le preguntó: “¿Qué pasó?” Y Bea se fue como hilo de media: “Todo está mal. Interné a mi hijo en una clínica para que le quiten su cochino vicio. Está bien. El lugar se ve limpio y se siente un ambiente tranquilo. No como en los anexos que luego, luego sientes que hay mala vibra y los internos sienten miedo. Me dijeron que tiene que quedarse cuatro meses, tengo que llevarle todo lo que ocupa. Nos dieron beca completa porque pues no tengo para pagar más lo de sus gastos. Aceptó quedarse, de otra manera no se quedaba”.
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--¿Y entonces?, repreguntó Gris, ¿por qué esa cara?
--Mi familia se enteró que ando con Toño. ¡Hubieras visto cómo me la dejaron caer! Me la armaron bonito. ¡Ahora hasta yo tengo la culpa de que el chamaco se drogue! Y no, es también culpa del padre que ni lo ve ni lo oye, así como Salinas, ni lo ve ni lo oye. Yo comprendo que sí tengo responsabilidad, pero yo trabajo todo el día para pagar todos nuestros gastos. El padre es un huevón que no nos da nada. Vamos a ir a terapia y yo no quiero ir con el papá. ¡Ya tiene muchos años que cada quien hace su vida y ahora quieren que lo intentemos otra vez! Yo no quiero verlo ni en pintura. Eso se acabó y lo único que me importa es sacar a mi hijo adelante.
--¿Y Toño qué te dice?
--El cabrón ya volvió con la mujer. Dice que no es cierto, pero sí es verdad, yo lo vi. También dice que no me va a dejar… que como sea nos vamos a ver. Que si me corren de mi casa pues ahí ve donde me consigue un cuarto para que viva.
--¿Y tú qué dices?
--Yo tampoco lo voy a dejar… hemos pasado tantas cosas juntos, --y fue cuando soltó su frase lapidaria-- ¡¿Entonces para qué tanto?!
--A ver, despacito, dime: Toño volvió con la mujer. No se va a divorciar, ya te lo dijo. También te dice que no te va a dejar ¿y que si te corren de tu casa ve dónde te mete? No dijo que si te corren vería donde se van juntos. ¿Vas a estar donde y cuando él quiera?
--Es que no es cuando él quiera. ¡Ahora va a ser cuando yo quiera!
--¿Y cuál es la diferencia?
--Hemos vivido muchas cosas, tú no entiendes, hemos pasado muchas cosas y no lo voy a dejar ahorita, --dijo confundida.
--¿O sea, como has recorrido ya un buen camino hacia el abismo, no te puedes detener antes de caerte? ¿Prefieres aventarte a detener tu paso desbocado y empezar de nuevo, aunque te duela?
--¡Entonces para qué tanto!, gritó en llanto.
--No sé, pero ese ‘tanto”… es nada...
alefonse@hotmail.com