Uno da los pasos, pero una mano invisible lo conduce a lugares impensados y maravillosos.
Una tarde se disfruta la tranquilidad y belleza de una casa provinciana. Es apenas a unas tres calles del zócalo de Huejotzingo. Ahí mora don Eduardo Morales, el cronista del lugar. Un hombre de 80 años, sí, casi un siglo de aprender y aprehender la historia. Es depositario de valiosos legajos de la vida pasada de esa bella ciudad.
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Un hombre de una curiosidad productiva, amante fervoroso de su pueblo, vigía de su pasado. Es sencillo, afable, sabio. No oculta lo que sabe, lo narra, lo cuenta sabrosamente, pronto lo compartirá impreso. Su casa misma es un museo de mil facetas. La historia se hace ostensible ahí en paredes, anaqueles, mesas, marcos.
Y él disfruta de su pasión, de su tesoro. Y de su casa, un hogar cálido de varios patios, con árboles frutales, rincones provincianos, salas de lectura y disfrute.
Gracias por su hospitalidad don Eduardo.
Otro día nos encontramos en Cantona, junto a Tepeyahualco de Hidalgo, en el centro oriente del estado. A poco más de hora y media de viaje de Puebla( sobre la nueva carretera a Teziutlán) están los vestigios de lo que fue un imponente centro de población.
Cantona fue un asentamiento de quizá cerca de 80 mil almas. Surge 900 años antes de Cristo y desaparece mil años d. de C. Durante los últimos 20 años, los arqueólogos del INAH han hecho un rescate y reconstrucción de aquél centro de población, notable.
Hoy la orografía del lugar es la llamada malpaís, semidesértica, rocosa, llena de ixotes, iguanas y víboras de cascabel.
En el centro, un museo que recrea con múltiples y admirables piezas el esplendor que tuvo aquella comunidad hace veinte siglos. La reconstrucción fiel permite ver y recorrer parte de los 5 kilómetros de corredores empedrados, áreas amuralladas, juegos de pelota, pirámides y cimientos de las casas de sus antiguos pobladores que un día de pronto desaparecieron.
Ocupó mil 450 hectáreas en su época de esplendor y actualmente, cada año, los estudiosos nos revelan nuevos y sensacionales testimonios arquitectónicos de esa grandeza que borró el tiempo. Pocos poblanos conocen Cantona, lamentablemente. Llegan más turistas de otros lugares, y extranjeros desde luego.
Y de ahí nos vamos a Tepeyahualco, junto, a unos minutos de la zona arqueológica. Disfrutamos la regia hacienda “Tepetlcalli”. Como la mayoría de las haciendas porfirianas, dejó en su ayer esa forma de producción basada en la esclavitud apenas disfrazada. Hoy es un hotel de gran categoría. Encantadora por todos lados.
Sus servicios, el decorado de la habitaciones, su museo histórico, sus patios con plantas y frutales, todo seduce. Comemos en su comedor señorial atendido por la diligente Lucha, y sorprende el extraordinario banquete con sabor de alta cocina provinciana, mexicana hasta las habas, ¡a un precio francamente módico..!
Y nos vamos a Zacatlán, ese lindo pueblo mágico que cada vez ofrece una sorpresa. Ahora llegamos a las cascadas de Tulimán, a unos cuatro kilómetros de la ciudad. Ahí la naturaleza se condensa y ofrece al visitante un placer para todos los sentidos. Agua, bosque, paisajes, río, rocas, paseos y comida. El costo, nada del otro mundo.
Desde luego, la cascada de tres caídas con sus más de 300 metros de altura es lo impresionante. Pero lo más asombroso de todo es que esta increíble belleza natural, bajo responsabilidad de una cooperativa, es un modelo de organización y limpieza. Esto, que parece una obviedad, se subraya porque no es lo que caracteriza a los centros turísticos del país.
(No puedo dejar de lado sus sanitarios: funcionan a la perfección, están bien aseados, tienen todo, nada le piden a un lugar del primer mundo…¡estando casi en la selva..!).
Hay ahí cabañas ¡sin energía eléctrica ni televisión!, como acertadísimo atractivo; puentes colgantes, tirolesa, zonas de aventura y campamento, y deliciosa comida campesina. Y llama la atención que el visitante, en términos generales, se suma responsablemente al orden que ahí se respira.
Este lugar es un verdadero orgullo para Puebla.
Total, con un espíritu de pata de perro, y sin grandes pretensiones, la vida suele dar más de lo que uno le da a ella. Esto es la vida, lo demás es música de acompañamiento.
(Saludos al Presidente Municipal de Huejotzingo, Carlos Morales; al doctor Darío Maldonado; y a la familia García Roldán).
(El libro “IDEAS PARA LA VIDA”, de mi autoría, está en el puesto de periódicos del portal, frente al Salón de Protocolos, y en las librerías de la BUAP)