“La victoria es por naturaleza
insolente y altanera”
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Cicerón
La unidad no baja del cielo como lluvia que reverdece los campos y no sube como el vapor durante las mañanas en tiempos calurosos.
La unidad es una cualidad de los seres vivos, de los fenómenos micro y macro.
Hay aves hermosas, de distintas especies, que caminan unidas y crean encanto.
La unidad es algo que no admite división, separación o enfrentamiento.
Un modelo de unidad debiera ser la conformación de la familia. Sino esta unida hay separación, división y enfrentamiento.
La unidad tiene que ver con el hogar. Si existe comunidad de ideas y acciones de todos sus integrantes, entonces florece la armonía.
La unidad tiene sus fundamentos de diverso orden, para empezar con la convicción que se tenga de las ideas y de las doctrinas que comulgan entre los integrantes de ese orden.
Entonces, el fundamento de la unidad, lo son: la doctrina, que incluye principios y valores; los comportamientos y las conductas que se basan en esa doctrina y principalmente en los objetivos a alcanzar.
Doctrina, camino y objetivos son los pilares en lo que descansa la unidad. No descansa en buenos deseos, en exhortaciones o en medidas disciplinarias.
La empresa cultiva la unidad si tiene principios, valores y políticas que van en función de lo que sustenta a la empresa.
En la escuela, necesariamente tiene que haber una unidad, que llamamos escolar, en la cual, maestros, padres de familia y niños caminan juntos hacia el logro de su cometido.
Una escuela que se aparta de estos lineamientos cae en el encono, en la división y hasta la destrucción. No todos lucharon por avanzar juntos.
El ejército de cualquier país es una entidad que se sustenta en doctrina, principios, conocimientos, jerarquía, lo que le permite alimentar la unidad.
Si no hay lealtad y vigencia de valores no hay unidad, hay división, reyertas.
El gobierno edifica su propia unidad en la constitución, las leyes, las políticas y los programas, todos para alcanzar su objetivo, que es servir a los electores y a toda la población.
Cuando el gobierno viola las leyes, entonces se acaba la unidad. Si no se ajusta a programas según las necesidades de la gente, entonces hay divorcio entre gobierno y pueblo y no unidad, en cambio sí discordias y pleitos.
El gobierno vive la unidad, no en sí mismo, que es importante sino con el conjunto de la sociedad que lo eligió y a la que sirve.
En las sociedades primitivas, en la esclavista, en la feudal, en la socialista, en la capitalista-monopólica y en la posmoderna-globalizada no hay unidad, cada quien se rasca como puede, por la vía de la explotación y de la exclusión e incluso del sometimiento y de la guerra.
En la iglesia originalmente, no hubo unidad plena por los pensares y pareceres distintos. Entonces, durante el primer siglo para evitar cismas y separaciones y mantener la unidad se hicieron concilios que acordaron “una misma doctrina y una misma disciplina”. Después no faltaron roturas de la unidad, con lo que fue después la iglesia oriental y dentro de la iglesia misma, cuando aparecieron, entre otros, Martín Lutero.
La falta de unidad fue evidente, la cual aún persiste.
La unidad no es unanimidad. La unidad no es la entidad de cuidados intensivos.
La unidad en los partidos políticos es posible y necesaria, indispensable.
La unidad en los partidos sólo se construye con base en una doctrina única como dijimos pero para mantenerla y crecerla es necesario estudiarla, escucharse, ponerse de acuerdo, distribuir las responsabilidades y de manera predominante recibir equitativamente los frutos de ese partido y de su lucha.
La unidad lleva al triunfo. Aquella no se logra por convocatoria, sólo se hace realidad cuando abarca desde la escucha hasta el reparto proporcional de oportunidades.
Desunión con doctrina, ésta no vale nada.
Principios y valores pisoteados son un engaño y alimentan abandono y crisis.
La unidad se aprehende, se hace con uno y uno es testimonio de la unidad.
En las democracias, la unidad es singular. Los partidos agrupan a sus afiliados y militantes para construir “su unidad” y así poseer la fuerza suficiente para vencer a los contendientes.
El partido que está unido, tiene competencia pero grandes posibilidades de éxito.
Que en las democracias ganan los que no deben y pierden los que deberían triunfar. Esto es verdad frecuentemente.
En este caso, construyeron su propia unidad, con los factores endógenos y exógenos. Estos son determinantes.
La unidad de la nación no depende de las buenas palabras o de los magníficos discursos o de la destrucción del otro, sino de la compresión, asunción y compartimiento del total de un ente, lo cual hace una cierta unidad que facilita el desempeño de gobierno y autoridades.
Marchar juntos, en un solo sentido, sin perder la identidad doctrinal en las sociedades democráticas contemporáneas, es un requisito para la unidad nacional.
El universo es uno, por el equilibrio perfecto que regido por las leyes cósmicas no hay alteración.
El cosmos es uno, tiene su propio orden y sus propias leyes.
Hasta ahora, no es posible que los movimientos de rotación y traslación de la tierra y su fuerza centrípeta y centrifuga se alteren. Hay leyes cósmicas, hay orden, que hace al universo magnificente. Si llegara a ocurrir lo contrario, entonces vendría el caos o un nuevo orden. Las guerras no son por la unidad, por la paz y por la justicia; se dan por dinero y por el poder, por la división, por la ambición y por el dominio.
En torno a la unidad es bueno meditar en esta expresión de Cicerón: “La historia es el testigo de los tiempos, la antorcha de la verdad, la vida de la memoria, el maestro de la vida, el mensajero de la antigüedad”
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