Tratando de entender aunque sea de manera superficial la lógica de comunicación del gobierno poblano, que en mi opinión frecuentemente se confronta con la realidad que se vive en el estado, me propuse realizar un ejercicio en el que me pareció pertinente reconocer dos escenarios: El primero es la percepción de eficiencia que el gobierno estatal intenta inducir entre la ciudadanía y el segundo es la percepción real de la población, es decir, mi percepción.
Dos elementos más fueron tomados en cuenta en este somero ejercicio constructivo de razonamiento; uno de ellos está conformado por la estrategia propagandística oficial, y otro estaría integrado por el conjunto de indicadores del desempeño estatal.
Más artículos del autor
Esta inquietud personal nace de la reiterada exposición de mensajes oficiales en los medios locales y nacionales de información, respecto del gasto público poblano y “buenos” resultados en salud, educación, infraestructura y atracción de inversión extranjera. Este insistente mensaje del discurso oficial contrasta con información documentada y actual, cuya interpretación creo que no otorga justificación al festejo oficial.
A ciencia cierta no tengo idea si el gobierno del estado cree que sus logros son auténticos aunque el discurso oficial dice repetidamente que sí. Quizá cayeron en su propia trampa, pues leyendo "Los 11 Principios de la Propaganda" de Joseph Goebbels [1], encontraremos indudables coincidencias con la estrategia estatal de comunicación gubernamental. La diferencia está en que la teoría de Goebbels era propia para otras condiciones sociales, muy distintas a las actuales poblanas, aunque aún existan aquí segmentos de población fácilmente manipulables.
Por ejemplo, el discurso oficial reitera la evidente la presencia de las construcciones multimillonarias en la capital del estado; pero también es indubitable el aumento de la deuda pública que le acompaña. Son decenas de miles de millones de pesos que los poblanos de todos los rincones del territorio poblano tendrán que pagar por más de veinte años, comprometiendo así las posibilidades de su bienestar futuro.
Las “carretadas de millones de dólares de inversión” que ahora “han vuelto” en relación con la instalación de una planta automotriz, no creo que sea un logro del todo, si tomamos en cuenta los cerca de 9 mil millones de pesos del presupuesto público poblano que se llevan gastados en terrenos e infraestructura obsequiada a los “inversionistas”. El monto del sacrificio poblano puede ascender de manera inconmensurable si se conocieran los costos de las externalidades ambientales e improvisaciones de orden territorial de la inversión “extranjera directa”.
En materia de alternativas que conduzcan a los municipios y sus poblaciones a superar las condiciones de rezago en que se encuentran, el gobierno del estado ha sido incapaz de proponer una sola estrategia distinta a la continuidad de la propuesta asistencialista federal. La inmovilidad estatal ha contribuido a que se agraven las condiciones de bienestar en la gran mayoría de las comunidades de la mayor parte de los municipios poblanos. En este espacio hemos reiterado que esas condiciones de pobreza no se habrán de resolver repartiendo techos o pisos de cemento o estufas ahorradoras de leña. Justifican el gasto del presupuesto, pero nada más se puede esperar.
El deterioro ambiental mantiene en constante evolución su quebranto al bienestar de los poblanos a través de escasez de agua, contaminación de suelo, rompimiento de las estructuras y equilibrios urbanos, alteración de cauces hidráulicos, agotamiento de recursos naturales. La corrección de efectos de los rezagos ambientales debe ser pagada con el presupuesto público, pero significa distraer dinero para impulsar el desarrollo y se acrecienta porque inciden en la competitividad y calidad de vida de los ciudadanos. Lo novedoso ahora en esta situación de adversidad es que los mismos directivos de la autoridad ambiental estatal contribuyan a este escenario con señaladas acciones de corrupción que a pesar de estar documentadas, permanecen en situación de impunidad, dado que quienes juzgan son los mismos acusados.
En materia de seguridad pública, cuando menos este columnista de opinión no le ve soporte a la versión estatal que repite que en el territorio poblano hay seguridad. No puede demostrarse esta afirmación. No cuando hay evidencia que los jefes de la policía son improvisados, no tienen la menor idea de lo que significa administrar esos servicios. La improvisación y falta de destreza en sus funciones queda evidenciada en cualquier momento y en cualquier lugar. Recuerde usted respetable lector, para no ir más lejos, el incidente de confrontación entre corporaciones de la semana pasada. Un interesante análisis realizado recientemente por alumnos de la maestría en ciencias policiales del IMIDECIP, exhibe los razonamientos legislativos, de organización y de operación que impiden a Puebla superar el dominio que la delincuencia tiene sobre la capacidad de respuesta de la policía local.
Tenemos pues, que por una parte la propaganda estatal oficial intenta convencer a sus gobernados de logros que desde ya traducen como beneficios visibles al desarrollo poblano, pero por otro, los indicadores del desempeño gubernamental no los respaldan. Coloquialmente diría que unos ven el vaso medio lleno. Yo lo veo medio vacío.
[1] http://www.retoricas.com/2011/05/los-11-principios-de-la-propaganda-j.html